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Consecuencias del resultado electoral de EE.UU. para una cartera de inversión

Thu Nov 12 13:29:14 CET 2020

La incertidumbre nunca suele ser una buena noticia para los mercados bursátiles, y más en un contexto en el que Washington debe tomar posición acerca de temas cruciales para el futuro del país. Para el inversor, la cautela parece la estrategia más adecuada.

Con independencia de lo que ocurra finalmente, en un proceso en el que, en apariencia, parece haber obtenido la victoria Joe Biden, pero que se puede dilatar durante meses si se continúa con la andadura judicial que, previsiblemente, llevará a cabo Donald Trump, las elecciones en Estados Unidos (EE.UU.) se han saldado con un resultado muy ajustado, reflejando la polarización del país entre los partidarios demócratas y los republicanos. En cualquier caso, la falta de concreción, al menos, a corto plazo, sobre si será Trump o Biden el que ocupe la Casa Blanca durante los próximos cuatro años, no es una buena noticia para los mercados, ya que, con mucha probabilidad significará una mayor volatilidad.

De hecho, el 5 de noviembre, es decir, pocas horas más tarde de conocerse los primeros resultados de la noche electoral estadounidense, las bolsas europeas abrieron con fuertes retrocesos, mientras que, paradójicamente, el rendimiento de los bonos del Tesoro de EE.UU. a diez años cayó alrededor de diez puntos básicos y el precio del dólar comenzó a subir, lo que significaba que los inversores buscaban seguridad y cobertura para sus carteras. Por su parte, el selectivo tecnológico NASDAQ-100 logró una apreciación que rondaba el 4%, aunque los analistas explicaron que la razón a este hecho había que buscarla en que un gran volumen de inversores ya había descontado los días previos a las elecciones presidenciales prediciendo que habría una resolución compleja y, por ello, habían llevado a cabo una sobreexposición al riesgo.

Para encontrar el último precedente de incertidumbre acerca de quién será el nuevo presidente del país norteamericano hay que remontarse al año 2000, cuando las dudas sobre el resultado final llevaron el recuento de votos a los tribunales. En los cuatro días inmediatamente siguientes a que se tomara esa decisión, el índice Standard & Poor’s cayó casi un 6% y así se mantuvo en un rally bajista (que rondó, de media, el 8%) hasta que, finalmente, el demócrata Al Gore confirmó su derrota a manos del republicano George W. Bush.

La anterior experiencia sobre un resultado electoral incierto en EE.UU., en el año 2000, provocó una incertidumbre en los mercados que se unió a la crisis de las ‘puntocom

De todas maneras, hay dos elementos que inducen a pensar que, en esta ocasión, los descensos bursátiles podrían ser más pronunciados que entonces, lo que invita, por lo tanto, a apostar por la cautela desde el punto de vista inversor. Por un lado, antes del día de las elecciones del 2000 ya se anticipó que el resultado iba a estar muy ajustado y los especialistas políticos estuvieron divididos entre anticipar la victoria de uno u otro; por otro lado, ese mismo año los mercados ya estaban sumidos en la crisis global derivada del estallido de la burbuja de las puntocom, por lo que no cabe atribuir todo el peso de la corrección únicamente a las dudas sobre las elecciones.

Necesidad de liderazgo

A pocos días de las elecciones, las predicciones de diferentes expertos auguraban una victoria clara para el partido demócrata y para Joe Biden que, de haberse concretado, muy probablemente hubiera servido de catalizador para un repunte alcista en los mercados, ya que se hubiera considerado un adelanto del posible final del conflicto comercial entre Washington y Pekín. El hecho de no confirmarse esta previsión, junto a la falta de un ganador claro, alimentó durante los primeros días aún más el miedo de unos inversores ya atenazados por las consecuencias que está teniendo para las Bolsas de todo el mundo la pandemia global del coronavirus.

Además, a estas cuestiones hay que sumar una más y es que, salga quien salga finalmente vencedor en los comicios, tiene que impulsar un nuevo paquete de ayudas fiscales para reactivar y dinamizar aún más la economía de EE.UU.. Sin embargo, la incertidumbre acerca de si va a haber en el corto plazo alguien a los timones de la locomotora económica mundial para poder tomar esta y otras decisiones parece que ha provocado una situación de cierto desasosiego entre muchos inversores. Por si fuera poco, la división en el Congreso hace que el futuro presidente, sea Trump o Biden, no vaya a disponer de un control fuerte por parte de su partido, lo que significa retrasos en la ejecución de las políticas, algo que, de nuevo, añade más dudas entre la industria financiera.

Y es que, junto a la implementación del tan esperado paquete de estímulo fiscal, la nueva Administración del país tiene que acometer una revisión de la estrategia nacional sobre energías renovables y sostenibilidad. En este sentido, una posible victoria de Biden parece que estimularía políticas más respetuosas con el medioambiente, lo que, por el contrario, podría significar un debilitamiento en el sector petrolífero, uno de los tradicionalmente más importantes de la economía estadounidense, lo que añadiría más incertidumbre al sector de la automoción, sumido en una gran crisis por la caída en las ventas como consecuencia de la pandemia de la COVID-19.

La nueva Administración deberá, entre otras medidas, lanzar un paquete de estímulo fiscal y revisar la estrategia nacional sobre energías renovables y sostenibilidad

También, queda por saber cómo se lidiará a partir de ahora con el coronavirus desde Washington, al menos hasta que se confirmen las noticias esperanzadoras que llegan sobre las potenciales vacunas. Trump es más partidario de mantener abierta la economía, algo que podría traer consigo un mayor riesgo para los mercados debido a las dudas sobre el crecimiento en el número de casos de contagios en el país. Sin embargo, sectores como el de la restauración, el del turismo o el del ocio probablemente mejorarían su cotización bursátil debido a que podrían mantener su nivel de actividad. Por el contrario, el sentimiento demócrata parece más encaminado a garantizar, como prioridad, un control sobre la extensión del virus, algo que, si bien aumentaría la confianza sobre el futuro de la economía de la nación a largo plazo, en el corto es posible que conduzca a caídas en la bolsa debido a la parálisis en el consumo y en el comercio local.

Qué hacer como inversor

Lo único positivo de haberse producido esta incertidumbre sobre el resultado electoral a la presidencia de EE.UU., en estos momentos, es que a los inversores no les pilla con el pie cambiado el tener que lidiar con más nivel de incertidumbre y de volatilidad en los mercados. Desde que, a comienzos de primavera, la pandemia de la COVID-19 se extendiera por el planeta, las bolsas han encadenado caídas súbitas con periodos más leves, eso sí, de recuperación. De este modo, puede decirse, que los ahorradores tienen hoy más experiencia en sobrellevar este tipo de impactos que hace unos meses.

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Eso no quiere decir que los sentimientos de miedo e, incluso, de pánico puedan aparecer si acontecen correcciones severas, fruto de lo que las finanzas conductuales llaman la irracionalidad de los agentes económicos que participan en los mercados, pero, ante esta tesitura, los inversores deben intentar huir del ruido del corto plazo y centrarse en el reto de construir y mantener una cartera para el largo plazo, que les ayude a conseguir alcanzar sus objetivos vitales, como, por ejemplo, obtener una rentabilidad suficiente como para complementar en un futuro sus pensiones de jubilación y disfrutar de una vejez tranquila y sin sobresaltos.

En este sentido, el soporte que les puede brindar un asesor financiero es fundamental, ya que la experiencia histórica demuestra tanto que el efecto en el largo plazo de las elecciones en EE.UU. es insignificante como que apenas hay alguna vinculación entre la rentabilidad de las bolsas y quién ocupe la Casa Blanca. De hecho, en horizontes temporales largos, de cinco a siete años de duración, una cartera diversificada no debería verse afectada de modo relevante si hay una victoria demócrata o republicana, aunque exista un peso significativo en activos (de renta fija o de renta variable) que tengan su origen en el país americano.

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Fotografía de Element5 Digital en Unsplash
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