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Consecuencias para una cartera de que el dólar cotice barato

08/10/2020

La caída en la cotización del dólar puede generar oportunidades para los inversores, si bien hay que sopesar los riesgos de implementar cambios en las carteras en entornos como el actual, donde la volatilidad y la necesidad de liquidez son más elevadas.

Pocos meses antes de finalizar la II Guerra Mundial, en el verano de 1944, cuarenta y cuatro naciones se reunieron en el complejo hotelero de Bretton Woods, en EE.UU. Fruto del encuentro, se acordó la sustitución del patrón- oro por el patrón- dólar como nueva referencia para el comercio internacional. Hasta ese momento, las monedas de cada país contaban con el aval de las propias reservas de oro de cada nación, pero los enormes costes de llevar cinco años en guerra habían agotado las finanzas mundiales, obligando a establecer un cambio fijo entre oro y dólar, elevando a este último como divisa de referencia a nivel internacional. Hoy, casi ocho décadas después, el dólar mantiene este estatus, lo que significa, entre otras cosas, que los vaivenes en su cotización tienen un impacto relevante en la economía del planeta.

Los estados financieros y la globalización

La salud económica de una empresa se mide, por regla general, a través de sus estados financieros, que son documentos que analizan, en base a distintos parámetros, la realidad contable de una entidad en un periodo de tiempo determinado. Para una compañía que opera y tiene su domicilio fiscal en EE.UU., toda su actividad se realiza siempre en dólares, pero, por ejemplo, si tiene una filial en otro lugar, por ejemplo, en Europa, los resultados de esta última se expresan en euros, por lo que, al traducirlos a la realidad operativa del grupo, hay que usar el tipo de cambio entre dólar y euro. En entornos de caída y depreciación de la divisa estadounidense, como ocurrió durante el periodo anterior a la crisis sanitaria derivada de la COVID-19, el dólar bajo significó una ventaja competitiva para la empresa subsidiaria, puesto que al convertir los euros, los ingresos netos en dólares eran más elevados.

 Un dólar bajo puede contribuir a que las empresas de EE.UU. mejoren la competitividad de sus exportaciones, aunque encarece las importaciones del país

De este modo, y sin tener que hacer nada más, sus resultados mejoraban, lo que, habitualmente, se traducía en una mayor confianza de los inversores y hasta en una potencial revalorización bursátil, en el caso de cotizar en los mercados. Tal y como afirma Glen Spencer Chapman, Director de la Dirección de Análisis de Banco Sabadell, “un movimiento de apreciación del euro supone una oportunidad para aquellos clientes importadores y compradores de divisa que todavía no se han cubierto, dado que pueden cerrar coberturas a unos cambios mucho más atractivos, y un problema para aquellos exportadores, vendedores de divisa, dado que reciben menos euros por sus ventas en el extranjero”.

El mismo efecto positivo en los beneficios empresariales, pero con un escenario totalmente opuesto, es decir, el de un dólar que cotice caro, se dio también a lo largo de la última década gracias al proceso progresivo de globalización que, en el caso de muchas multinacionales, se tradujo en la deslocalización de sus industrias a países en desarrollo, donde los costes laborales y de fabricación por unidad de producto eran sensiblemente inferiores. En los momentos en los que el dólar se revalorizaba, invirtiendo menos dinero desde la empresa matriz se cosechaban los mismos resultados, lo que, a largo plazo, permitía incrementar los márgenes de negocio.

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El único problema, en este sentido, es que existen algunos países, principalmente proveedores de bajo coste, que vinculan su propia divisa al dólar, por lo que, cuando esta fluctúa, la suya lo hace en el mismo sentido y en igual proporción. En cualquier caso, por regla general, gracias a este proceso, muchas compañías, en especial las de origen estadounidense, pueden seguir ofreciendo a los inversores perspectivas interesantes de revalorización que las convierte en atractivas a ojos del ahorrador.

La estela de la rentabilidad

A medida que el dólar pierde cotización, el efecto inmediato para las empresas que operan en esta divisa es muy positivo: las exportaciones a otros mercados son más competitivas, ya que el coste económico de producirlas disminuye. Esto ocurrió, por ejemplo, durante los tres últimos ejercicios previos a la recesión global de 2008, lo que permitió, a nivel macro, que el déficit por cuenta corriente en EE.UU. se redujera sensiblemente, mientras que, en el tejido productivo, muchas empresas del país lograron mejorar sus beneficios, captando una mayor atención por parte de los inversores. Desde la óptica de una cartera, una buena estrategia para capitalizar estas dos tendencias podría ser, por un lado, incrementar el peso de la deuda (letras, bonos u obligaciones) del país norteamericano, dado que su solvencia monetaria es mayor; mientras que, por el otro lado, la compra de acciones de compañías exportadoras haría factible aprovecharse tanto de un potencial rally alcista de la Bolsa de Wall Street como del posible incremento en el reparto de dividendo de las entidades que están mejorando sus resultados.

 Los inversores disponen de varias alternativas para aprovechar la fluctuación del dólar, aunque convendría disponer de un asesoramiento profesional previo

Más a corto plazo, una estrategia simple pero efectiva para aprovechar la caída en la cotización del dólar puede ser la de invertir directamente en esta divisa o hacerlo en un fondo cotizado en Bolsa, como un ETF, que es un vehículo que, siguiendo los preceptos de la gestión pasiva, opera en el mercado y funciona de la misma forma que las acciones, replicando un índice de forma física o a través de derivados. Si, por el contrario, lo que se desea es ser paciente y apostar por una estrategia más dilatada en el tiempo, podría ser oportuno invertir en aquellos índices bursátiles pertenecientes a divisas que se cree que pueden revalorizarse frente al dólar, o, si se tiene un perfil más conservador, se puede adquirir una participación en un fondo soberano, que es un vehículo financiero a través del cual un Gobierno comercializa con divisas. Otra opción factible es identificar empresas que obtengan la mayoría de sus ingresos fuera de EE.UU., y, por lo tanto, no estén vinculadas al dólar, y que puedan disponer de unas perspectivas de crecimiento en su sector relevantes para el futuro.

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Una última posibilidad, destinada principalmente a inversores expertos y con una especialización en el sector inmobiliario, es capitalizar la depreciación del dólar adquiriendo inmuebles y bienes raíces en EE.UU., aprovechándose de que su moneda está más fuerte y, por lo tanto, la compra de activos será más económica. Sin embargo, el problema en este sentido es que no resulta inmediato ni sencillo, en términos burocráticos o impositivos, participar en esta industria si no se está físicamente en el país o si no se dispone de algún vehículo financiero para operar, por lo que, más si cabe todavía que en las opciones anteriores, conviene rodearse del mayor asesoramiento financiero profesional posible para evitar cometer ningún error.

En cualquier caso, la actual situación general de volatilidad en los mercados financieros también está afectando a la cotización de las divisas, y tanto el dólar, como las monedas de otras economías desarrolladas, como el yen, el euro o la libra, están moviéndose en unas horquillas mayores que lo que ocurría antes de la crisis sanitaria. En este contexto, la tentación para cualquier inversor de adquirir dólares, simplemente como valor refugio, está ahí como posibilidad, pero, también es cierto, disponer de mayor liquidez de lo habitual es también una potencial buena estrategia pensando en capitalizar posibles oportunidades que se suelen producir en entornos de mercado como el actual. Tal y como afirma Héctor Sanchís, Director de Distribución Empresas Madrid de Banco Sabadell, “la depreciación del dólar en los últimos meses ha sido muy rápida, por lo que sería razonable ver una consolidación de niveles en un rango lateral más o menos amplio durante unas semanas o meses, pero el sesgo a largo plazo es a una mayor depreciación”.

En relación al euro, tanto Sanchís como Spencer Chapman han afirmado recientemente que, “a pesar de la volatilidad de los mercados, que ha supuesto que las cotizaciones de las divisas tengan más fluctuaciones y movimientos intradía”, desde Banco Sabadell manejan estimaciones para la moneda comunitaria de 1,20 para finales de 2020 y de 1,24 para el cierre de 2021. En todo caso, ambos advirtieron recientemente, durante el webinar organizado por HUB Empresa de Banco Sabadell titulado ‘Perspectivas del mercado de divisas y soluciones de cobertura’, sobre la incertidumbre de la coyuntura actual, que obliga a los inversores a ser más cautelosos “a la hora de cubrirse en coberturas a plazo”.

Fotografía de NeONBRAND en Unsplash
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