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El comercio local, un sector estratégico de la recuperación económica

29/10/2020

Los negocios locales defienden su papel como revitalizadores de la ciudad mientras miran con temor las previsiones que apuntan a que una cuarta parte de las tiendas se plantea cerrar

La crisis económica derivada del coronavirus está afectando a cientos de comercios de proximidad, una situación que a muchos ya les ha obligado a echar el cierre. Pese a que algunos de estos establecimientos aseguran que han notado un aumento de clientes durante estos meses, los expertos informan de que los datos generales son muy negativos.

La Confederación Española de Comercio (CEC) propone algunas medidas concretas para evitar, según sus estimaciones, una “cascada” de cierres masivos. “Las cifras que manejamos son que, si no se hace nada, el 25% de estos negocios habrán desaparecido para fin de año”, explica Pedro Campo, su presidente. El primer paso que Campo propone es simple: la sociedad tiene que entender que comprar en el comercio minorista es una garantía para que la situación financiera provocada por la COVID-19 no acabe por asfixiarnos a todos.

El primer peligro que percibe la CEC es el “miedo” a gastar que tiene la ciudadanía. De hecho, el Banco Central Europeo (BCE) apuntó a comienzos de mes que el ahorro en los hogares españoles había alcanzado “niveles sin precedentes”. El Banco de España estima que este ha crecido un 7,5% más que en 2019. “Ahora, la gente con trabajo estable solo compra lo imprescindible. Y eso es un auténtico drama que se puede llevar por delante miles de puestos de trabajo”, apunta Campo.

En España operan más de 450.000 negocios minoristas que dan empleo a más de 1,3 millones de trabajadores y que representan el 13% del Producto Interior Bruto (PIB). Si se siguen las estimaciones de la CEC, a final de 2020 cerrarán 110.000 de estas pequeñas empresas y unas 325.000 personas se quedarán sin su puesto de trabajo.

Ayudas de las Administraciones

Comprar en estos negocios también puede reducir el fatídico efecto dominó que previsiblemente alcanzará a otros sectores económicos de manera indirecta, como los de la logística o de la producción. Además de por las campañas de concienciación ciudadana, la CEC también apuesta por llevar a cabo iniciativas municipales que fomenten los bonos de compra, como la medida que se estudia implementar en Bilbao los próximos meses para subvencionar parte del importe de la compra. “Es una buena opción para que los pequeños empresarios tengan liquidez para pagar a los proveedores, hacer frente a los gastos (ahora más elevados por las medidas sanitarias que deben aplicar) y devolver préstamos”, explica Campo.

Muchos ciudadanos confesaron en una encuesta de la consultora británica Kantar que durante los primeros meses del confinamiento descubrieron que las tiendas de sus barrios fueron un salvavidas para abastecerse en medio del estado de alarma. Ramón García, director de innovación y proyectos del Centro Español de Logística (CEL), señala que gracias al tejido de empresas minoristas que hay en España y a su logística se consiguió evitar las carencias de mercancías esenciales, hecho que sí sufrieron otros países europeos como Alemania o Bélgica. “La red de estos negocios permitió una mayor efectividad para que la sociedad tuviera un acceso rápido y seguro a productos de primera necesidad”, analiza García.

De los centros comerciales al comercio de barrio

La preocupación por la salud ha llevado a los consumidores a locales con menos afluencia de gente, más cercanos a sus domicilios y de confianza.

Para entender cómo han cambiado los patrones de consumo en la ciudadanía, se puede observar la evolución del consumo en un sector que se ha mantenido abierto durante toda la crisis: el de la alimentación. ¿Los españoles hacen la compra igual que antes del coronavirus? La respuesta es “no”. Desde abril, los habitantes de grandes ciudades como Barcelona o Madrid compran más en pequeños comercios que en grandes supermercados.

Lo demuestran los datos de Pulso, la herramienta de Banco Sabadell que, a través de las interacciones con Terminales de Punto de Venta (TPV) del banco, permite analizar en tiempo real la evolución económica. Los datos obtenidos reflejan una evolución favorable en la actividad comercial de los comercios pequeños de alimentación en los últimos seis meses, comparado con el mismo periodo del año 2019.

 

 

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Un sector estratégico

Los expertos señalan que mantener activos estos negocios a través del incremento del consumo es una forma de protegerse ante los efectos negativos de nuevas limitaciones de movilidad. Por ello, el presidente de la CEC estima necesario que la Administración considere al comercio minorista como un “sector estratégico”, especialmente de cara a los nuevos rebrotes para que funcione como un escudo contra el desabastecimiento.

Otra de las tendencias que más ha despegado durante la pandemia ha sido el e-commerce (con un crecimiento acumulado del 86%, según los últimos datos de la consultora Nielsen), un canal de venta al que también se han sumado muchos comercios de proximidad para vender sus productos más allá de sus barrios.

No obstante, puntualiza Campo, las mayores ventas se realizan en grandes plataformas que operan en todo el mundo. “El consumidor también tiene que ser consciente de dónde compra y, especialmente, de dónde van los impuestos. A veces, el cliente piensa: “¡Qué barata es esta web!”. Y en realidad no es que el producto en sí sea económico, sino que la plataforma que lo comercializa no está pagando impuestos en España. Eso genera un impacto indirecto muy grave en la sanidad, la educación, las pensiones, etc.”, subraya el presidente de la CEC.

Para solventar esta situación, los comerciantes piden a las Administraciones que garanticen las mismas normas de funcionamiento para todos los operadores de comercio con independencia del canal de venta.

En los últimos meses, cientos de expertos han elogiado algunos de los atributos del comercio de proximidad durante la pandemia. Entre ellos, su sostenibilidad. Una tienda online requiere el doble de embalaje que una tienda física local y, además, esta última funciona como dinamizador social en los barrios, ya que fomenta las relaciones sociales entre vecinos. Un punto positivo en un periodo de crisis como el actual, en el que se han agudizado los problemas de aislamiento.

 

 

 

 

 


 

 

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