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Sostenibilidad
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Cómo ha influido la COVID-19 en el debate sobre las finanzas sostenibles

17/02/2021

A pesar de la crudeza de la crisis económica como consecuencia de la pandemia, las finanzas sostenibles han tenido un buen comportamiento en los mercados, lo que ha impulsado que ganen más peso en muchas carteras.

La Conference of the Parties (COP) es la reunión de los países firmantes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC). En su edición número 25, celebrada en diciembre de 2019 en Madrid, todos los Estados presentes ratificaron la situación de emergencia climática global, subrayando la importancia de iniciativas como la que, por ejemplo, había impulsado la Unión Europea para descarbonizar por completo el continente, bajo el nombre de ‘European Green Deal’, el Pacto Verde Europeo.

Apenas 10 meses después, la agencia Reuters daba a conocer un demoledor informe con el título ‘The Plastic Pandemic’, en el que se subrayaba la creciente dependencia en el mundo respecto al plástico para garantizar el suministro del material sanitario de un solo uso con el que protegerse del coronavirus. Una situación que, desde WWF, arroja datos preocupantes: cada mes, alrededor de 10 millones de mascarillas acaban tiradas en algún paraje natural del planeta, mientras que, en algunos países, como China, en apenas un trimestre, su producción se ha incrementado un 450%, pasando de fabricar 20 millones de unidades mensuales a más de 110 millones.

Por aportar un dato más, a pesar de la recesión global y del frenazo a la actividad de muchas industrias, la cotización tanto del barril Brent como del West Texas Intermediate (WTI), las dos principales referencias del precio del ‘oro negro’ en los mercados, se mantiene prácticamente igual a lo que marcaba en febrero de 2020, es decir, poco antes del estallido internacional de la pandemia.

Así las cosas, la pregunta para muchos inversores parece clara: ¿seguirá siendo rentable, pensando en el largo plazo, apostar por las inversiones sostenibles?

Un futuro prometedor

Según el informe de Deloitte ‘2020 Global Impact Report’, en el año 2024 más de la mitad de los activos gestionados en Estados Unidos (EE.UU.) estarán relacionados con la sostenibilidad, una tendencia acelerada por la crisis de la COVID-19. De acuerdo a este documento, las inversiones ESG (acrónimo de environmental, social and governance; factores medioambientales, sociales y de buen gobierno, en español) han demostrado, a lo largo de los últimos meses, haber alcanzado un notable grado de madurez, resistiendo, en muchas ocasiones, mejor los envites de la volatilidad en las bolsas que otros tipos de activos, y cosechando, incluso, mejores márgenes de rentabilidad. En el continente europeo, por ejemplo, en 2020, el índice MSCI Europe ESG ha mejorado en casi cuatro puntos el desempeño de su hermano mayor, el MSCI Europe, mientras que, según Morningstar, el promedio de rentabilidad de los fondos de temática sostenible ha sido del 15%.

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Mientras muchos fondos de inversión perdían dinero en 2020, el promedio de rentabilidad de los vehículos de temática sostenible llegaba al 15%

La explicación, en base a los resultados de la encuesta de KPMG ‘2020 KPMG Survey of Sustainability Reporting’, hay que buscarla en varios frentes. Uno de ellos es que muchos de los fondos que invierten estrictamente bajo criterios ESG ya evitaban antes de la pandemia ciertos sectores e industrias que se han visto muy afectados por la recesión. Desde el lado de los ahorradores, señala el documento, muchos de los que apuestan por las finanzas sostenibles lo hacen por una fuerte convicción personal y con una vocación a largo plazo, por lo que no decidieron deshacer sus carteras a pesar de las caídas en los mercados.

Centrándose en la renta fija, un informe del Multidisciplinary Digital Publishing Institute (MDPI) con el nombre ‘What future of Green Bond Market’ afirma que, solo en Europa, el mercado de bonos verdes soberanos se duplicará en 2021, superando los 52.000 millones de euros. Países como Suecia, Alemania o Hungría ya los han emitido durante 2020, mientras que España, Austria o Italia tienen previsto hacerlo en los próximos meses. De acuerdo a las estimaciones de Dealogic, en el último lustro se han emitido más de 970.000 millones de euros en bonos verdes y sostenibles, tanto por diferentes Estados como por parte de entidades privadas.

El papel de la inversión pública

Debido a la recesión económica de 2020, muchos gobiernos han promovido fuertes iniciativas de inversión pública o políticas de estímulo fiscal para favorecer la recuperación. En la mayoría de ellas, las finanzas sostenibles se han erigido como un pilar clave, favoreciendo la colaboración público- privada y apostando por incentivar el uso de las tecnologías digitales. Tal y como señala el informe ‘Sustainable Investment Report’, elaborado por la consultora de riesgos Willis Towers Watson, la sostenibilidad será, posiblemente, la gran tendencia de inversión en 2021, con oportunidades en áreas como la movilidad, la economía circular, la telemedicina, las tecnologías emergentes y la transición energética.

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En el caso de Europa, el Fondo de Recuperación Europeo (Next Generation EU), contará con fondos que superan los 750.000 millones de euros, y que, en el caso de España, traerá consigo 144.000 millones de euros, de los que alrededor de 26.600 millones de euros corresponden al programa para acelerar la transición hacia una economía baja en carbono y a la transición ecológica. De hecho, a nivel local, existen ya otras ambiciosas iniciativas, como el proyecto de Ley de Cambio Climático, que destinará en torno a 200.000 millones de euros para inversiones relacionadas con el clima, o el Plan Nacional Integrado de Energía y Clima (PNIEC), que movilizará más de 240.000 millones de euros, y que favorecerá iniciativas públicas y privadas en favor de la innovación en energías renovables.

Lo que está por venir

El futuro de las finanzas sostenibles parece, incluso, más prometedor que su presente. El nuevo presidente de EE.UU., Joe Biden, ha anunciado la próxima inversión de dos billones de dólares para, por un lado, integrar al país dentro de los protocolos del Acuerdo de París y, por el otro, estimular la inversión en energías limpias. Uno de los objetivos de su mandato, ha afirmado, será convertir al gigante norteamericano en líder mundial en fabricación de vehículos eléctricos. Su máximo rival comercial, China, no se queda atrás, y en su Plan Quinquenal hasta 2025, promete abordar el cambio climático reduciendo un 20% el uso de combustibles fósiles por parte de las industrias del país.

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A nivel del mercado, en Europa están a punto de ver la luz nuevas regulaciones que obligarán a que todos los productos financieros incorporen su grado de sostenibilidad. En el caso de los fondos de inversión, aquellos que no recojan indicadores sobre sostenibilidad es muy probable, según se ha adelantado desde la Comisión Europea, que lleguen a no poder comercializarse en el Viejo Continente. También está pendiente la aprobación definitiva de los estándares técnicos (RTS) de la taxonomía sobre sostenibilidad. La normativa que sí está ya en vigor es aquella que obliga a las entidades financieras a comunicar y a divulgar entre sus clientes todo lo que hacen en relación a temas de sostenibilidad. En cuanto a las empresas, desde el 1 de enero de 2021 es obligatoria la publicación de información no financiera, que tiene como premisa fundamental la mejora del rendimiento de los criterios ESG dentro del sector productivo, algo que, de nuevo, generará oportunidades para el futuro.

Fotografía de Annabelle Tipper en Unsplash
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