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China retoma el liderazgo del crecimiento económico mundial

Fri Dec 11 08:42:22 CET 2020

Gracias a unas estrictas medidas de confinamiento y a una ambiciosa estrategia estatal de apoyo económico, el gigante asiático sale muy reforzado de la pandemia, incrementando su rol como principal exportador mundial.

A mediados del mes de abril, China confirmó que su economía había sufrido una contracción interanual del -6,8% durante el primer trimestre del año. Se trataba de la primera vez en tres décadas que caía el Producto Interior Bruto (PIB) del gigante asiático. El desempleo, por su parte, marcaba una cifra récord del 6,2%, espoleado por el estado de cuarentena y por las medidas de confinamiento que se ponían en marcha en algunas de las principales ciudades del país. Seis meses después, el Gobierno de Pekín confirmaba un crecimiento interanual de su economía durante el tercer trimestre del 4,9%, lo que la convertía en líder mundial de la recuperación. Además, el presidente Xi Jinping aseguraba que Wuhan -el epicentro de la pandemia del coronavirus- no tenía ningún nuevo contagio diario por la COVID-19, mientras que la Comisión Nacional de Sanidad de China informaba el 19 de noviembre de que los únicos 12 nuevos casos detectados en el país eran todos importados.

Cerca de finalizar el año, algunos de los principales organismos internacionales han tenido que revisar al alza sus estimaciones económicas para China. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), por ejemplo, ha señalado que la locomotora asiática avanzará un 1,8% en 2020, mientras que el PIB mundial se contraerá un -4,5%. El Fondo Monetario Internacional (FMI) es algo menos optimista y pronostica un crecimiento del 1,2% para China en este ejercicio, en tanto que el Banco Mundial estima que llegará al 2%. Por su parte, el Instituto de Finanzas Internacionales (IIF por sus siglas en inglés) eleva su previsión hasta el 2,2%. Unas cifras que cobran mayor relevancia, incluso, cuando se comparan con los augurios del FMI en relación a Estados Unidos (EE.UU.), para el que pronostica un descenso del -6,6%, mientras que la Comisión Europea vaticina una contracción de la Eurozona en este año del -8,7%.

Se prevé que China crezca entre un 1,2% y un 2,2% en 2020, mientras que EE.UU. podría caer un -6,6%

El porqué del milagro chino

Pekín ha logrado cumplir con el sueño que hoy es una quimera para la mayoría de países del planeta: conseguir vencer a las consecuencias económicas que trajo consigo la pandemia del coronavirus con una salida de la crisis en forma de V. Gracias a la imposición, desde el comienzo, de unas medidas de confinamiento y de restricción de la movilidad muy exigentes (por ejemplo, cerrando perimetralmente Wuhan, prohibiendo todo movimiento de los ciudadanos y obligando a la clausura casi total de la actividad comercial), la economía se vio paralizada durante menos tiempo, consiguiendo, además, que, proporcionalmente, se produjeran menos contagios por la COVID-19 y un menor número de víctimas mortales que en el caso de otras naciones.

De este modo, y de una manera súbita, en cuanto la economía se reabrió, tanto el consumo como la demanda interna se dispararon de manera vertiginosa (según datos de su Ministerio de Cultura y Turismo, en octubre hubo un movimiento de 637 millones de chinos que viajaron a algún punto del país, y que generaron una facturación conjunta de alrededor de los 69.600 millones de dólares). Tal y como señala Javier Rúa, experto del área de Dirección de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, “China ha demostrado gestionar excelentemente la pandemia, consiguiendo que el primer gran brote fuese también el último. Sus industrias, comercios, oficinas y, en general, toda la actividad económica han destacado por un mayor dinamismo respecto a Occidente, hecho que ha ayudado al gigante asiático a consolidarse como líder económico mundial”.

La eficiente gestión de la pandemia por parte de China ha permitido su recuperación en forma de V y su consolidación como líder económico mundial

En paralelo a las medidas sanitarias, el Gobierno trabajó en dos líneas estratégicas para reactivar la actividad de los sectores productivos: por un lado, implementó una línea de créditos y subsidios a las empresas, de modo que pudieran obtener la liquidez suficiente como para seguir atendiendo a los pagos, lo que impidió que se incrementaran las quiebras por falta de circulante. Por otro lado, se dio el pistoletazo de salida a un gran plan de inversiones públicas en áreas definidas como “críticas” por el Ejecutivo (como las de las infraestructuras o las de las telecomunicaciones, que, en conjunto, recibieron inyecciones de capital que superaron los 561.000 millones de dólares), lo que promovió que, incluso durante el punto álgido de la pandemia, se fomentase la creación de puestos de trabajo.

Los exitosos resultados de ambas políticas se dejaron sentir poco tiempo después de reabrir su economía en verano, ya que sus exportaciones lograron crecer en agosto casi siete puntos por encima de lo cosechado en el mismo periodo de 2019, lo cual les permitió marcar una cifra récord que superó los 200.000 millones de euros. La contundente recuperación de las exportaciones se mantuvo en septiembre (+9,9%), mientras que las importaciones aumentaron un 13,2% respecto al mismo mes del año anterior. Hoy, China, según los datos de la Organización Mundial de Comercio (OMC), es responsable de casi el 20% del total de las exportaciones que se producen en el planeta.

Desafíos en el horizonte

De cara a los próximos meses, el país debe afrontar algunos retos para afianzar su crecimiento, tal y como se recoge en el informe de McKinsey ‘China: Still the world’s growth engine after COVID-19’. Quizá el principal de ellos es conseguir el apaciguamiento definitivo del conflicto comercial que mantiene abierto con EE.UU. y que se basa tanto en la imposición de aranceles como en la competencia tecnológica, sobre todo en la conectividad 5G. El cambio presidencial en la Casa Blanca, con la llegada del demócrata Joe Biden, es muy probable que contribuya a la distensión, pero, en todo caso, es crítico para la nación asiática implementar medidas para hacer de su divisa, el yuan, una moneda más fuerte, que la haga menos vulnerable a las fluctuaciones del dólar.

El final de la guerra comercial con EE.UU., la tecnología 5G o el impulso al yuan marcarán la política exterior de China durante los próximos meses

A nivel interno, el país debe seguir fomentando el crecimiento de su clase media, verdadero motor de la economía local, pero, también, tiene que impulsar políticas para favorecer la entrada de bienes y de servicios extranjeros, de manera que se incremente la competitividad en las distintas industrias. De este modo, se podría potenciar la productividad de algunos sectores que, a día de hoy, apenas tienen estímulos para apostar por la innovación dado que obtienen importantes plusvalías simplemente compitiendo en el mercado nacional.

Desde la óptica institucional, China tiene un desafío importante en el desarrollo de la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por sus siglas en inglés), el mayor tratado de libre comercio del mundo, y que integra tanto a los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por sus siglas en inglés) como a otros actores relevantes de la región, incluyendo a China, a Japón y a Corea del Sur. En total, suman el 28% del comercio mundial y a más de 2.200 millones de consumidores, con una riqueza conjunta de 22 billones de euros, o, lo que es lo mismo, el 30% del PIB mundial. Si todo marcha correctamente, se eliminarán, en los próximos años, el 90% de las barreras arancelarias entre estos países, fomentando el intercambio de tecnología y de materias primas.

Fotografía de 郑 无忌 en Unplash
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