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Sostenibilidad
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¿Cómo debe ser una inversión para cumplir con los criterios ESG?

08/01/2021

Estos criterios ayudan a identificar a las compañías que gestionan un negocio con buenas prácticas en el ámbito medioambiental, social y de buen gobierno

La apuesta por la sostenibilidad es imparable. Entre otros objetivos, para 2050, la Unión Europea (UE) debe ser neutra en carbono. Para lograr esta transición ecológica se están desarrollando diversas medidas y también destinando ayudas, como las del Fondo de Recuperación Europeo, que destina el 37% de los recursos a la transición ecológica

En este sentido, la Inversión Socialmente Responsable (ISR), aquella que tiene en cuenta los criterios ESG, basados en la sostenibilidad medioambiental, social y de buen gobierno corporativo (Environmental, Social, y Governance, por sus siglas en inglés), puede ser una buena herramienta. Esta se ha convertido en una de las grandes prioridades de las firmas de inversión para lograr adecuar las rentabilidades financieras de sus carteras a las sociales, que cada vez son más demandadas por los inversores. Integrar estas consideraciones en todos los procesos permite identificar nuevas oportunidades, gestionar los riesgos emergentes y lograr un rendimiento sostenible a largo plazo. Además, la ISR es rentable y así lo demuestran los datos. Desde 2015 en Europa, el índice global de MSCI Europe ESG Leaders ha mostrado un retorno de +3,3% superior cada año respecto a su homólogo no- ESG MSCI Europe. El confinamiento también ha reforzado esta idea, ya que, aunque ambos índices hayan caído durante ese periodo, la recuperación ha sido más rápida en el caso del primero y, hoy en día, ya lleva cerca de un 10% de ventaja respecto al segundo.

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La industria de la gestión de inversiones europeas ya está experimentando un cambio hacia los fondos que cumplen con los criterios ESG. Entre las fuerzas impulsoras de esta transformación se encuentran un sistema financiero que facilita la inversión en productos con mejores ratios ESG, una nueva regulación nacional y europea que prima a este tipo de empresas y una sociedad cada vez más concienciada con el destino y el uso que hacen las compañías de los recursos, tal y como señala Federico Servetto, Director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, en el documento formativo ‘Invertir de forma sostenible y rentable’. 

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En este sentido, España es un buen ejemplo de inversión sostenible, ya que es el tercer mayor emisor de bonos verdes de la UE, por detrás de Francia y Países Bajos. Solo en el primer semestre de este año, se emitieron en nuestro país 9.000 millones de euros en bonos sostenibles, un 97% más que en el mismo periodo del año anterior, llegando a representar el 12,6% de la financiación sostenible en Europa.

¿Cómo se califica a las compañías?

Los criterios ESG suponen una herramienta análoga a los ratings de calificación crediticia y ayudan a identificar a las compañías que llevan adelante y gestionan un negocio con buenas prácticas en cuanto a tres factores fundamentales:

  • Ambiental: en este sentido, se valoran aspectos como el uso de la energía, la generación de desechos, el nivel de contaminación producida, etc.
  • Social: este factor considera, principalmente, las relaciones de la entidad hacia aspectos como la diversidad, los derechos humanos, la igualdad, etc.
  • Buen gobierno: esta tercera rama la componen normas que regulan la estructura del órgano de gobierno de la empresa y sus relaciones con los empleados o los accionistas.

Hay varias compañías que estudian las empresas con el objetivo de verificar si una empresa cumple con los requisitos ESG. De esta manera, de la misma forma que se otorga una calificación crediticia, se les otorga una calificación ESG de acuerdo con sus actividades. Pero, ¿qué se tiene en cuenta a la hora de otorgar una calificación concreta? MSCI es una de estas organizaciones y realiza su análisis teniendo en cuenta los riesgos no financieros que puede tener una empresa, como los costes de operación o litigios y que, llegado el momento, podrían afectar a los resultados financieros. Esto se hace en base a sus actividades comerciales, el tamaño de sus operaciones y el lugar en el que opera. De esta manera, establecen tres tipos de calificaciones:

  • Líder: se corresponde con las calificaciones AA y AAA y son aquellas empresas que destacan en su sector en la gestión de los riesgos y de las oportunidades ESG.
  • Promedio: en este caso, son las calificaciones intermedias, A, BBB y BB. Son empresas con historiales no excepcionales en relación con sus homólogas de la industria en la que opera.
  • Rezagado: en este tramo se encuentran las compañías con peores calificaciones, B y CCC, debido a su alta exposición y su incapacidad para gestionar los riesgos relacionados con la sostenibilidad.

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La importancia de una buena calificación ESG

Las clasificaciones ESG ayudan a los inversores a identificar a las empresas que están a la cabeza o a la zaga dentro de su industria, es decir, aquellas que pueden presentar oportunidades o riesgos y que no son captados por el análisis financiero convencional. Según el informe ‘Future of Sustainability in Investment Management: From Ideas to Reality’, elaborado por el CFA Institute, el 85% de los encuestados tiene en cuenta estos factores en sus inversiones y, además, el 63% de los profesionales los incorporan como parte de su análisis de datos. Por tanto, con esta calificación se puede hacer un estudio fundamental o cuantitativo, para la construcción de carteras y la gestión del riesgo, para realizar una evaluación comparativa y para los productos basados en índices, apunta MSCI.

Las compañías que cumplen con los criterios ESG cotizan con un múltiplo de valoración algo superior al de otras del sector que no cuentan con un rating de este tipo. De esta manera, aquellas que tienen una alta calificación suelen estar mejor gestionadas, con más foco en un crecimiento sostenible y de largo plazo, son más transparentes y tienen un impacto social positivo elevado. Al igual que aquellas compañías con calidad crediticia elevada (AAA), cotizan con una valoración mayor que las que presentan peores métricas de crédito (BBB). Por ello, aquellas compañías con un rating ESG superior también cotizan con una valoración superior. Además, el 73% de los encuestados por CFA Institute espera que la influencia de las calificaciones en el coste de capital de las empresas sea mayor en los próximos cinco años. 

Sin embargo, aquellas que no manejan los criterios ESG han experimentado históricamente mayores costos de capital, más volatilidad e irregularidades contables. Por ejemplo, una empresa minera que no puede gestionar estos criterios puede administrar mal los recursos hídricos, los desechos y las emisiones, puede demostrar graves fallos de seguridad e, incluso, tener casos de corrupción en su junta directiva, según MSCI. Por lo que, en definitiva, los ESG son una herramienta útil para lograr que las inversiones tengan un impacto, pero sin renunciar a la rentabilidad. La inversión sostenible es rentable y, además, tiene un impacto social y medioambiental positivo.

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Fotografía de Lacey Williams en Unsplash
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