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El mercado pos-COVID-19 del terreno rústico

04/12/2020

La crisis sanitaria y económica derivada del coronavirus ha impulsado el interés por las casas y las fincas de campo

Se está hablando mucho del interés que la crisis sanitaria de la COVID-19 ha despertado por las parcelas de terreno rural alejadas de la ciudad y del mundanal ruido. La gran beneficiada de esta mirada al campo puede ser la llamada 'España vacía', un conjunto de aldeas despobladas y propiedades abandonadas. 

Desde una perspectiva formal, la pandemia del coronavirus ha impulsado el regreso a los cánones clásicos de la vivienda: la luminosidad, las zonas exteriores y la disponibilidad de un despacho han ganado terreno sobre otros criterios, como la cercanía a los principales medios de transporte y al centro urbano.

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La vuelta al campo

Así lo certifica el registro de búsquedas del portal inmobiliario Fotocasa, que recogió un importante incremento del 46% en las búsquedas de fincas rústicas el pasado mes de abril, frente a una caída del 14% en los pisos, que hasta entonces reinaban de forma absoluta en las preferencias de los españoles.

Los aumentos en las búsquedas de chalés (en un 36%) y de casas adosadas (en un 24%) también apuntan en el mismo sentido: la vivienda entendida como un fin en sí mismo y no como un medio, como un lugar de destino y no de parada, con más comodidades y espacio y situada en un entorno agradable. 

Otro informe, en esta ocasión del portal Idealista, revela un sensible aumento de las búsquedas de viviendas en municipios de menos de 5.000 habitantes. Si en enero las búsquedas de ese perfil eran el 10,1% del total, en julio, con la pandemia ya instalada en la cotidianidad, rondan el 13,2%. La eclosión del teletrabajo, el miedo al contagio y la incertidumbre que reina en las ciudades intensifican el siempre latente deseo de paz y aire puro, lo que se traduce en un acercamiento al medio rural.

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Ferrán Font, director de estudios de Pisos.com, suma su voz para confirmar la tendencia de la población a cambiar a un entorno más natural: asegura que durante la presente crisis las búsquedas de este tipo en la web del grupo se han disparado. "Se ha llegado a superar en un 50% la audiencia prepandemia", comenta.

Un mercado con sus propias reglas

Sin embargo, todavía es pronto para decir que ha comenzado un éxodo al campo. Y es que, si bien es innegable que la COVID-19 ha catalizado un interés por los inmuebles residenciales rústicos, la realidad del mercado de tierras rurales es muy diferente y, sobre todo, muy específica. 

"Hay un cambio de tendencia, pero no tan acusado como se pensaba", afirma Javier Cabrera, gerente de Inmocampo, inmobiliaria especializada en terrenos rurales. Y las cifras así lo confirman: según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en agosto del presente año se realizaron 10.170 compraventas de fincas rústicas, frente a las 12.655 de enero. De hecho, en mayo la cantidad de operaciones tocó fondo, con 4.097.

Hay poco espacio estadístico, pues, para hablar de un retorno masivo a la vida agraria. "Sí, se ha hecho alguna operación motivada por la COVID-19, pero la materialización del interés no tiene el tamaño que se esperaba", relata Cabrera. "No ha habido un crecimiento significativo de nuestro volumen de negocio".

Los inmuebles rústicos como inversión

Al ser cuestionados sobre el potencial de los terrenos rústicos como inversión, la respuesta de los expertos consultados es tímida. Font alude al mercado inmobiliario en general y lo califica como un "buen nicho para invertir con seguridad y con más rentabilidad que los productos financieros o la bolsa", pero al hablar de las fincas rurales matiza: "La adquisición necesita de una inversión inicial importante, así que la rentabilidad actual es baja".

"Invertir en el sector rústico es muy diferente a hacerlo en un terreno agrícola", explica Cabrera. "En el campo hay muy poco espacio para la compra y venta masiva porque los gastos son muy elevados, como los de intermediación y notaría. La gente invierte en el campo con miras al disfrute personal o a la explotación agrícola o ganadera, no para esperar a que suba el valor del suelo".

El gerente de Inmocampo es tajante a la hora de explicar qué se necesita para hacer rentable un terreno rústico: “Proyectos agrícolas con técnicas de cultivo muy novedosas que puedan acumular altos márgenes de beneficios", sentencia.

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Antes de negociar

Todo lo anteriormente dicho lanza un mensaje notorio: antes de decidir sobre la adquisición de un terreno rústico, hay que tener muy claro cómo se va a enfocar su aprovechamiento. Y tanto si se quiere arriesgar en un negocio de cultivo o ganado como si la intención es simplemente ganar en calidad de vida, es conveniente tomar algunas precauciones:

  • Solicitar una nota simple al Registro de la Propiedad para verificar la identidad del propietario y las posibles cargas sobre la finca.
  • Comprobar que todos los datos de la finca (superficie, referencia catastral, arras y tributos que paga cada parte, entre otros) están especificados en el contrato.
  • En el caso de que se trate de una finca de regadío, confirmar que cuenta con concesión de riego y los límites de la misma. Asimismo, no está de más comprobar si tiene alguna deuda de riego, lo que se puede hacer fácilmente a través de la Comunidad de Regantes.
  • Comprobar si el Impuesto de Bienes Inmuebles (IBI) ha sido pagado de forma regular.

Una vez hechas estas comprobaciones, se podrá dar el siguiente paso en la negociación, siempre con una hoja de ruta muy clara para poder explotar la rentabilidad de los terrenos rústicos con acierto.  

Fotografía de Derek Torsani en Unsplash
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