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Q-commerce: qué es y qué retos supone para las empresas

12/12/2020

La comodidad y la rapidez son dos imprescindibles para los usuarios cuando se habla de comercio electrónico. Así nace el Quick Commerce o comercio rápido: pedidos pequeños, adaptados a los nuevos hábitos de vida y a los hogares unifamiliares en las ciudades que se entregan en menos de media hora.

La primera compra online la efectuó una mujer británica de 72 años en el año 1984 al pedir margarina, huevos y Corn Flakes a un supermercado Tesco a través del videotex, un sistema de e-commerce que creaba un listado básico de artículos a través del televisor. Desde entonces, el comercio electrónico no ha parado de crecer. En los años 90, aparecieron eBay y Amazon, marketplaces con los que el e-commerce se convirtió en un canal de venta masivo y con el que también se popularizó el pago a través de tarjetas de crédito.

En España, para cuando Jeff Bezos, fundador y director ejecutivo de Amazon, estrenó su proyecto en el país (2010), El Corte Inglés ya era líder de e-commerce interior con más de 5,5 millones de usuarios únicos y una facturación en Internet de más de 310 millones de euros. A partir de ese momento, se despejaron las dudas: el comercio electrónico estaba lejos de ser algo pasajero.

La COVID-19 y los nuevos hábitos de vida: el impulso definitivo al Q-commerce

Con el paso de los años, la compra online se consolida, se actualiza y se sofistica. Cada vez son más las empresas y los negocios que ven la necesidad de estar presentes en el entorno digital y de contar con una tienda online. Y, por el lado del usuario, la comodidad y la rapidez se vuelven prioritarias y la compra en Internet va ganando adeptos. Pero no es hasta la llegada de la COVID-19 cuando lo que hasta entonces era una vía más para conseguir clientes se convierte en una necesidad.

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En los últimos meses, la compra online se ha intensificado y ha madurado y, según las previsiones de Prodware, esta tendencia se mantendrá en el futuro. Concretamente, en los tres últimos meses, casi 19 millones de personas han comprado por Internet por motivos particulares, lo que supone el 53,8% de la población de entre 16 y 74 años, frente al 46,9% que lo hizo en el mismo periodo de 2019, según datos de la encuesta de Equipamiento y uso de TIC publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE). Además, en el último año, el porcentaje de los compradores online ha alcanzado el 62,6%, frente al 58,0% del año anterior, y el gasto medio estimado por comprador alcanza ya los 273,80 euros, con un aumento de 9,10 euros respecto a 2019.

Así, el e-commerce no podía hacer otra cosa que evolucionar, lo que ha dado paso a una nueva generación de esta forma de compra: el Q-commerce (abreviatura de Quick Commerce, en inglés) o comercio rápido. Se trata de la próxima generación de comercio electrónico y, como sugiere el nombre, se caracteriza por la velocidad.

El usuario busca pedidos pequeños y rapidez en las entregas  

Si bien el comercio electrónico tradicional revolucionó el panorama de la entrega a través de pedidos online, la rapidez en los envíos se ha vuelto cada vez más importante. Los usuarios no están dispuestos a esperar más de tres o cinco días hábiles a recibir su compra y se fomentan pedidos más grandes (por ejemplo, a través de incentivos de entrega gratuita).

Así, el Q-commerce trae pequeñas cantidades de productos a los clientes casi al instante, cuando y donde lo necesiten. Ya existen compañías como Delivery Hero, pionera en este tipo de comercio, que entrega artículos en menos de media hora y, en muchos casos, incluso con más rapidez. 

Y es que, con el aumento de la urbanización, el número de hogares pequeños o unipersonales está creciendo rápidamente (en España, casi 4,8 millones de personas vivían solas en 2019, según los datos del INE publicados el pasado mes de octubre). Esto ha llevado a una creciente demanda de entrega de productos en pequeñas cantidades, en lugar de comprar muchos artículos a un precio más barato (que es como funciona el comercio tradicional y el comercio electrónico).

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Por todo ello, el Q-commerce es el resultado de la evolución natural del comercio electrónico. En todo el mundo, los estilos de vida están cambiando y, en consecuencia, también el comportamiento de los clientes: la velocidad y la comodidad se han vuelto más importantes que nunca y han pasado de ser un ‘lujo’ a convertirse en una necesidad a la que los usuarios no están dispuestos a renunciar.

La importancia de la logística

Para llevar a cabo este tipo de entregas de pocos paquetes en un periodo de tiempo tan corto, la logística se convierte en un elemento clave y aquí los locales urbanos jugarán un papel importante. Las empresas disponen de centros logísticos o dark stores (almacenes destinados en exclusiva a las compras online) ubicados en el centro de las ciudades con el fin de cumplir con los objetivos del Q-commerce. Y la COVID-19 ha dejado un amplio número de locales comerciales vacíos cuyos usos hoy se pueden modificar de acuerdo con las nuevas necesidades y hábitos de los consumidores. 

Además, las características propias de este tipo de comercio electrónico hacen que la rotación de los productos sea muy alta, con lo que no será estrictamente necesario contar con un espacio físico de almacenaje muy amplio. 

No obstante, se trata de un comercio electrónico de fácil y de amplia implantación en grandes ciudades como Barcelona o Madrid, pero que supone auténticos retos para la distribución en ciudades más pequeñas o en zonas rurales. 

Fotografía de Maliha Mannan en Unsplash
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