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Cómo aprovechar un local cerrado para impulsar el ‘e-commerce’

Mon Aug 31 14:21:43 CEST 2020

La crisis sanitaria ha llevado a muchos locales a bajar la persiana. Sin embargo, pese a la delicadeza de la situación, este cierre puede suponer una oportunidad para optimizar la digitalización del negocio

Las consecuencias de la COVID-19 han forzado el cierre de muchos locales. Según Brickbro, el porcentaje de locales comerciales vacíos crecerá hasta un 40% debido a la crisis. Ante un establecimiento sin clientes, una de las opciones es aprovecharlo para impulsar el comercio online

Cierre de locales y auge de ‘e-commerce’

La clausura de muchos locales durante el estado de alarma sumado a la reticencia de los ciudadanos a acudir a determinados espacios por temor al contagio ha provocado que muchas empresas ‘echen la persiana’ o se planteen hacerlo. 

Todas las crisis amenazan ciertos negocios, pero también impulsan otros. Algunos de los sectores más afectados por la del coronavirus han sido el del turismo y el de la hostelería, con caídas de hasta el 90% respecto al 2019, según datos de Pulso, la herramienta de Banco Sabadell para analizar la evolución económica. 

En cambio, en los últimos meses se ha observado cómo las compras online han aumentado de forma notable hasta situar España entre los países con mayor crecimiento del e-commerce, especialmente en ámbitos como el de material escolar (+641%), alimentación (+254%), vestuario laboral (+187%) y electrónica (+123%). 

Cómo convertir un local en un hub

Los locales urbanos van a jugar un papel importante en la distribución por la ciudad, y en la actualidad hay muchos para los que no parece haber salida comercial. Convertirlos en un hub o en una dark store (punto de venta que atiende exclusivamente las compras en línea) es una forma de salvarlos. 

Antonio Gálvez Ferrer, director del Master in Management: Empresas Logísticas de la Universidad Loyola (Sevilla) y director regional de Operaciones Zona Sur de Seur, comenta que lo primero que se necesita es que “la ubicación [de estos centros] sea próxima a áreas de alta densidad de entregas de mercancía business-to-consumer (B2C) y disponer de accesos cómodos a las vías urbanas y de las infraestructuras necesarias para alimentar los vehículos ecológicos que salen desde dichos centros (cargadores eléctricos, parking de bicicletas…)”, ya que estos son el futuro (e incluso presente) de los envíos de última milla.

“Últimamente nos están preguntando cómo afrontar todos los cambios del e-commerce, partiendo de un almacén tradicional”, afirma Jaime Cerezo, fundador de SCM Logística. El primer punto es la instalación de estanterías que permitan la ubicación de productos

Y, si el local es lo suficientemente amplio, se puede pensar en la automatización. “La primera opción es incluir software de gestión de almacén (SGA)”, que actúa como el “cerebro” del almacén, señala Cerezo. A partir de ahí, se pueden agregar pequeños vehículos de guiado automático (AGV, por sus siglas en inglés), que se encargan de transportar las mercancías a donde el usuario indique. 

“Los hubs de distribución urbana o hubs de última milla son una solución para dar respuesta a las necesidades del reparto de mercancía en las grandes ciudades”, cuenta Gálvez. La mayoría requieren de cierto espacio, “a partir de los 1.000 m²”, explica Cerezo.

Pero hay excepciones, como la logística del frío y el e-commerce. “No se necesita mucho espacio porque se mueven unidades, no palés, y hay una alta rotación de producto”, prosigue Cerezo.

En opinión de Gálvez, se puede reducir bastante el área mínima, hasta 90 o 150 m². Aunque en este caso se habla de hubs muy optimizados con una rotación altísima, prácticamente con un vaciado diario. Por ejemplo, un hub que sirva de centro de distribución de comida local, en el que solo se realiza el empaquetado y envío el mismo día en cuestión de horas.

A la hora de hablar de la inversión, Cerezo comenta que “puede variar mucho” basándose en factores como el tipo de almacén, el tipo de producto que se mueve o la distribución, pero que se puede considerar “a partir de 10.000 €”, y para almacenes más automatizados y grandes, “entre 100.000 y 200.000 €”.

Esta cifra baja en consideración si se opta por almacenes urbanos más pequeños usados como hubs. Es imprescindible realizar un estudio sobre si conviene automatizar o seguir trabajando sobre papel’, e incluso trabajar con SGA pero no robotizar. El software facilita la gestión de objetos, su ubicación, el etiquetado y la gestión de procesos.

Dark store y dark kitchen para locales activos

Para locales amplios que aún cuenten con actividad, otra posibilidad es la transformación de la parte pública del establecimiento para dar lugar a un almacén. Es decir, transformar la actividad presencial en envíos a domicilio (delivery) o recogidas en local (take away), una tendencia que se inició hace años con las cocinas ciegas (dark kitchens).

Este cambio consiste en reconvertir parte del espacio en un almacén hub que puede también incluir ítems de otros negocios locales. Lejos de tratarse de una opción solo para restauración, las dark stores pueden ser una salida a la caída de la movilidad de los clientes.

Así, al igual que un restaurante puede convertir su local en un pequeño centro de distribución que priorice la cocina frente a la estancia, un comercio puede convertir parte de su interior en un escaparate (sumado al escaparate virtual del e-commerce) y usar el espacio restante como almacén de productos.

La COVID-19 ha cambiado la forma en que se orientan los negocios y los almacenes. Pese a las dificultades y retos, existen oportunidades de reconversión de sectores enteros y también la posibilidad de aprovechar los locales vacíos que han resultado de la crisis. 

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