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Cuáles son las inversiones con más potencial en la 'nueva normalidad'

03/09/2020

La digitalización, la robótica, el sector biotecnológico, la sostenibilidad... Invertir en megatendencias es hacerlo en un horizonte de largo plazo

La expansión y el alcance de la COVID-19 ha cogido a todo el mundo por sorpresa. Más allá de la crisis sanitaria, en términos de mercado, nadie podía prever la debacle que ha supuesto la pandemia. A lo largo de estos meses los inversores, los gestores y los actores del mercado han operado en un entorno marcado por la incertidumbre. Gestionar el riesgo y la volatilidad se ha convertido en un auténtico ejercicio a largo plazo que requiere de calma y mente fría, sobre todo para aquellos que apuestan por soluciones de inversión con rentabilidades atractivas.

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Una de estas opciones que cada vez tiene más popularidad son las megatendencias. Y es que la actual crisis sanitaria no ha cambiado muchas de las tendencias de fondo de la sociedad que se venían dando, como el envejecimiento de la población, el cambio climático o la escasez de recursos. Es más, las ha acelerado. Acercarse a este mundo es sinónimo de largo plazo ya que estamos hablando de fuerzas transformadoras que provocan cambios estructurales en la sociedad y en la economía, y esto requiere años, lo que, por otro lado, pone de manifiesto que no es tarde para invertir en ellas.

Hay diversas temáticas disponibles como la inteligencia artificial (IA), la robótica, la ciberseguridad o el Internet de las Cosas (IoT) si hablamos de tecnología. En campos como la sociodemografía se encuentran ramas como la salud, el e-commerce o el envejecimiento de la población, mientras que en el ámbito medioambiental se puede invertir, por ejemplo, en energías verdes.

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"Los cambios culturales y de patrones de consumo se han acelerado y se seguirán llevando a cabo por compañías disruptivas provenientes de sectores tradicionales, que apuestan por la revolución tecnológica y la sostenibilidad. En este sentido, la digitalización, la robótica, el sector biotecnológico o la sostenibilidad pueden ser algunas de las opciones de inversión que saldrán reforzadas de esta crisis", señala Javier Rúa, experto del área de Dirección de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell.

De hecho, índices como el tecnológico NASDAQ-100 acumulan este año 2020 una subida de más del 35%, mientras que en Europa ninguno de los principales selectivos se anota cifras positivas. Compañías como la de videollamadas Zoom o la biotecnológica Moderna se sitúan entre las que han aumentado su rentabilidad a raíz de la pandemia con repuntes en bolsa que superan el 200% desde enero.

"Esta gama de inversiones ofrece una mayor versatilidad de cara a la selección de activos, facultando al inversor con la posibilidad de invertir directamente en temáticas concretas. Además, éstas se pueden alinear con su forma de pensar y valores y, por lo tanto, ofrecer algo más que no sólo rentabilidad, sino la posibilidad de contribuir con financiación a estas causas en las que uno mismo cree. Por este conjunto de razones, las inversiones temáticas ofrecen un potencial altamente atractivo", explica Javier Rúa.

Salud y biotecnología

Precisamente, el sector de la salud ya era uno de los llamados a cambiar el mundo antes de la COVID-19 por los cambios demográficos que se producen constantemente, como el aumento de la clase media en los países emergentes, el incremento de la longevidad, los cambios de hábitos o el progresivo envejecimiento de la población. Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), entre 2015 y 2050, la proporción de la población mundial con más de 60 años de edad pasará de 900 millones hasta 2.000 millones, lo que representa un aumento del 12% al 22%. Por su parte, instituciones públicas y privadas se encuentran inmersas en una carrera para conseguir una vacuna contra el coronavirus, mientras que el uso de servicios como la telemedicina se ha disparado y ha mostrado su eficacia. Uno de los factores más positivos que presenta este sector es que su demanda es inelástica, es decir, no cae pese a la situación macroeconómica.

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Como le ocurre al sector de la salud, la biotecnología se ve impactada por tendencias como el crecimiento de la población, el surgimiento de nuevas enfermedades o el envejecimiento de los seres humanos, pero también por la escasez de recursos, la mejora de los alimentos o el cambio climático. Se trata de utilizar organismos vivos para la creación o la modificación de productos para diversos fines. Por ello, su aplicación a diversas y dispares disciplinas la convierten en una de las megatendencias más prometedoras a largo plazo.

Así, más allá de sus aplicaciones sanitarias, otros segmentos en los que destaca la biotecnología son, por ejemplo, la creación de alimentos que puedan soportar grandes periodos de sequía o resistir mejor las plagas, la búsqueda de nuevas fuentes de energía (biocombustibles) basándose en algas y otros organismos marinos o, incluso, la clonación de seres vivos con el fin de preservar especies.

Tecnología

La crisis sanitaria y económica ha alterado el día a día de millones de personas en todo el mundo. Gracias a la tecnología que ya existía hoy muchas de ellas pueden teletrabajar, hacer la compra online, realizar transacciones sin salir de casa, videollamadas, y un largo etcétera. El mayor uso de la red beneficia a un sinfín de empresas: las de semiconductores, las de software o de hardware, y las de procesadores o de servicios de pago, por poner algunos ejemplos.

No obstante, la tecnología es mucho más de lo descrito anteriormente. Esta tendencia engloba también el big data, por el que se recaban cantidades ingentes de información que luego permiten extraer conclusiones que ayudan a las empresas a desempeñar mejor sus negocios; y también incluye la IA, que se construye sobre los cimientos del big data. Este tipo de tecnología tiene diversos usos: diagnósticos médicos, seguridad doméstica, transporte, inversiones financieras o servicios de atención al cliente automatizados, entre otros.

Medioambiente

La transición energética es otra de las tendencias con más potencial. El confinamiento de la población, así como la paralización de la actividad industrial y la reducción de los desplazamientos, disminuyeron los niveles de contaminación devolviendo a las ciudades cielos más azules y aguas más limpias, entre otros. Unas consecuencias que comienzan a disiparse con la 'nueva normalidad'.

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Las medidas que se tomen ahora para la recuperación económica configurarán el mundo del futuro, lo que hace vital la lucha contra el cambio climático. A este respecto, en noviembre de 2019 se conocía que el Banco Europeo de Inversiones (BEI) no otorgará nueva financiación para proyectos de energía de combustibles fósiles a partir de 2022. Por su parte, el Banco Central Europeo (BCE) bonificará a las entidades que concedan financiación a operaciones orientadas hacia la transición a una economía menos intensiva en carbono.

En este contexto, las empresas que apuesten por la energía limpia podrían salir reforzadas. De hecho, los tipos de interés bajos en la zona euro benefician a este tipo de empresas porque le permite mantener el ritmo de inversiones en la división de renovables sin tener que endeudarse demasiado.

Criterios socialmente responsables

Otra de las tendencias que se ha acelerado en el mundo de la inversión es la apuesta por empresas que son socialmente responsables y que cumplen con los criterios ESG (siglas en inglés de ambiental, social y buen gobierno). Según los datos de Morningstar, los fondos domiciliados en España etiquetados en base a estos criterios acumularon, a cierre de mayo, entradas netas por valor de 841,85 millones de euros. Mientras tanto, los productos no ESG registraron en el conjunto de esos cinco meses salidas netas de 3.661,3 millones.

Asimismo, de acuerdo con los datos de BlackRock, en el primer trimestre de 2020 los fondos sostenibles a nivel global (fondos de inversión y ETFs) captaron 40.500 millones de dólares en nuevos activos, lo que supuso un incremento del 41% en tasa interanual.

"En este contexto, de una forma cada vez más generalizada, los inversores contemplan la inversión sostenible como más resiliente ante eventos críticos y globales como la COVID-19, y ya han empezado a cambiar sus flujos de inversión a activos que cumplan con criterios ESG", indica Albert Carné, director de Sostenibilidad de Banco Sabadell. Desde los mínimos que marcó en marzo el MSCI World ESG Leaders, índice que recoge a las principales compañías del mundo que invierten bajo criterio ESG, ha subido más de un 50%.

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A este respecto, "la COVID-19 también sirve de recordatorio de que, en el mundo actual estrechamente interconectado, hace falta un buen análisis de factores ASG para una valoración integral de la vulnerabilidad y solidez intrínseca de un país. Los países con puntuaciones ESG elevadas han sido más capaces de contener el virus, mientras que las puntuaciones ESG bajas se asocian con cargas virales mayores y medidas de contención menos eficaces", explica Max Schieler, analista IS senior de RobecoSAM y autor de la última edición del ranking ESG por países de la firma, en el que se destaca cómo los países nórdicos vuelven a dominar la clasificación por su elevado grado de sostenibilidad.

Activos refugio

En momentos de incertidumbre económica, los llamados activos refugio son una buena alternativa para conseguir rentabilidades atractivas. Es el caso del oro, cuya demanda aumenta en periodos de inestabilidad. En lo que llevamos de año el precio del metal ha escalado casi un 30% (en agosto superó la barrera de los 2.000 dólares). De hecho, desde Bank of America predicen que la cotización alcance los 3.000 dólares en el último trimestre de 2021.

La debilidad del dólar y de las políticas monetarias acomodaticias por parte de los principales bancos centrales del mundo son algunos de los principales catalizadores del rally  de la onza de oro, que es superior incluso al registrado en el año 2008. Desde Morningstar recuerdan que el oro tiene a su favor aspectos como una correlación baja con la renta variable, que se comporta bien en un entorno de incertidumbre y que existe una cierta correlación entre el balance de los bancos centrales (en aumento) y su cotización.

Además del oro, otros de los tradicionales activos refugio son divisas como el yen o los bonos gubernamentales de las economías que ofrecen más seguridad, como Estados Unidos.

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Fotografía de ThisisEngineering RAEng en Unsplash
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