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La concentración: ¿El ‘skill’ más difícil para el profesional en el siglo XXI?

09/09/2020

El uso cotidiano de las nuevas tecnologías está afectando a la capacidad de concentración de muchos profesionales, hasta el punto de que cada vez más empresas valoran esta cualidad por encima de otras, como la propia capacidad intelectual.

Una de las frases más recordadas del libro de Robert Green ‘Las 48 leyes del poder’ afirma que “el tiempo que lleva a la maestría depende de la intensidad de nuestra concentración”. Sin embargo, los entornos sociales y laborales resultan cada vez más complejos y absorbentes, lo que impide que los profesionales gocen del tiempo y los recursos suficientes como para concentrarse, pensar e intentar proponer soluciones creativas. Así lo asegura un estudio de IE University, titulado ‘Concentration: the new superpower on the 21st century’, que señala que, en un mundo modelado por el uso constante de la tecnología, el cerebro humano está perdiendo la capacidad de concentrarse en una sola tarea durante un periodo prolongado de tiempo, pero que, por el bien común, es crítico que, de cara al futuro, aprendamos a optimizar las horas que pasamos trabajando online, limitar nuestras actividades digitales y ‘ejercitar’ el músculo de la atención.

El trabajo sobre la marca personal

El personal branding o la gestión de la marca personal consiste en considerarse a uno mismo como una empresa más, con unos valores y una reputación que deben ser protegidos y comunicados hacia el exterior, con el objetivo de diferenciarse y obtener un mayor éxito en las relaciones tanto sociales como profesionales. Desarrollar una marca personal consiste en identificar, pulir y transmitir las características que nos hacen destacar como individuos y ofrecer algo diferente de los perfiles promedio que se encuentran, resaltando sobre el resto en un entorno homogéneo, competitivo y cambiante. Tal y como asegura Andrés Pérez Ortega, especialista en personal branding, “igual que en un comercio las marcas blancas unifican las características de los productos y los hace homogéneos, los fabricantes tienden a promocionar los productos de marca; en el ámbito laboral, los profesionales que quieran diferenciarse para aumentar el valor de su trabajo o su contribución profesional deben construir, promocionar, comunicar y proteger la marca personal”.

Sin embargo, tal y como se analiza en el informe ‘Global Guide to personal branding for executives’, escrito por BlueSteps, uno de los grandes problemas desde la perspectiva de los Recursos Humanos en la actualidad es que los profesionales se encuentran cada vez más ‘distraídos’ por la exigencia diaria, no pudiendo concentrarse lo suficiente ni siquiera para analizar hacia dónde deben encaminarse los esfuerzos para mejorar sus skills y, con ello, cultivar su marca personal. Una paradoja muy complicada de resolver, según el estudio, pero en la que hay que partir del axioma de “las personas son más felices cuando pueden desarrollar plenamente su potencial”, y esa tendencia a llenar las agendas con los compromisos apremiantes de cada jornada está impidiendo que los profesionales puedan trabajar en diferenciarse y pulir y perfeccionar sus habilidades hasta extraer el valor que les hace realmente únicos e irrepetibles.

Los profesionales se encuentran cada vez más absorbidos por las exigencias diarias y dedican menos tiempo a pulir sus habilidades y a mejorar su marca personal

Además, los datos en relación a las nuevas generaciones que se están incorporando paulatinamente a los puestos de responsabilidad de las compañías no solo no desmienten esta tendencia, sino que, incluso, ahondan en ella. Según el documento ‘2018 Workplace Distraction Report’, elaborado por Udemy, tres de cada cuatro millennials (nacidos entre 1981 y 1994) y miembros de la Generación Z (a partir de 1995) se describen a sí mismos como distraídos en el trabajo, en tanto que alrededor de la mitad afirma directamente que son menos productivos de lo que deberían si se centraran de manera adecuada. Volviendo al estudio de IE University, estos nativos digitales ya plenamente integrados en el ámbito laboral, pasarán más de cinco años de su vida y en torno a tres horas cada día pendientes de sus teléfonos móviles, desbloqueando más de 150 veces las pantallas de sus aparatos durante el horario de oficina.

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¿Realmente es buena la multitarea?

El propio Steve Jobs, cofundador de Apple y una de las personas más influyentes en la historia de la informática, afirmaba que “para ganar más dinero, no hay que trabajar más sino tener mejores ideas”. A pesar de sus responsabilidades, tanto como presidente ejecutivo de la empresa de la manzana como en otras compañías, como Walt Disney, donde llegó a ser el mayor accionista individual, era un firme defensor de guardar un espacio de tiempo cada día simplemente para estar solo y reflexionar, sin el agobio de los plazos inminentes y las reuniones encadenadas. De hecho, era muy crítico con el prestigio internacional que había ganado la habilidad profesional de hacer varios trabajos a la vez, lo que comúnmente se conoce como multitasking o multitarea. En su opinión, esta capacidad de abarcar demasiado terminaba por afectar negativamente a la productividad de los empleados, impedía su concentración, en especial en tareas de gran capacidad mental y, sobre todo, terminaba por tener una traslación evidente en sus vidas personales.

Steve Jobs era muy crítico con las personas ‘multitarea’ y afirmaba que abarcar demasiado termina por afectar negativamente a la productividad y a la conciliación

Especialistas como el profesor de la Universidad de Georgetown (EE.UU.) Cal Newport, en su libro ‘Deep Work’, analizan cómo la principal consecuencia de llevar a cabo multitareas de manera recurrente es que se desarrolla en las personas el problema que él denomina de ‘residuo de atención’, y que significa que, cuando esta persona cambia su enfoque de un cometido a otro, una pequeña parte de su atención permanece estancada en la tarea inicial. Además, señala, este efecto se incrementa, incluso, cuando el trabajo que está dejando, aunque sea de modo momentáneo, permanece sin terminar, como, por ejemplo, lo que ocurre con correos electrónicos que no se contestan o con informes que están por concluir. La suma prolongada de estas tareas inacabadas mina, poco a poco, pero de forma constante, la capacidad de atención.

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Concentración vs. coeficiente intelectual

Los especialistas Marshall y Rowland definen en ‘A Guide to Learning Independently’ la concentración como la capacidad humana de abstraerse por completo en un ámbito determinado, que difumina su propia percepción del tiempo o de lo que sucede a su alrededor, y que depende de factores como el entusiasmo, el estado físico y emocional, el entorno y la propia habilidad intelectual. Otros expertos, como Glenn Wilson, del Instituto de Psiquiatría de Londres, afirman que el uso habitual de los dispositivos electrónicos no sólo están impidiendo a profesionales y estudiantes desarrollar con carácter habitual actividades que requieran un uso proactivo de la concentración, sino que, incluso, en el largo plazo pueden causar una disminución del 10% en el coeficiente intelectual, lo que, a su juicio, hace que, en el futuro, la capacidad individual de concentrarse vaya a ser más difícil de encontrar en el mercado laboral que, por ejemplo, personas con una capacidad intelectual que sobresalga de la media.

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Con todo, parece que algo está cambiando, aunque sea de manera paulatina. En entornos eminentemente tecnológicos, como Silicon Valley, cada vez más empresas están llevando a cabo dos iniciativas: por un lado, la implementación de programas de ‘desintoxicación tecnológica’ entre sus empleados, y, por otro, la introducción de pruebas de concentración en los procesos de selección y recruiting de talento, priorizando incluso a estas sobre las relacionadas con el coeficiente intelectual.

Cada vez más empresas implementan programas de ‘desintoxicación tecnológica’ e incluyen pruebas de concentración en sus procesos de selección

Entre las pautas de recomendación para su capital humano, conceptos como el de minimalismo digital, que es una filosofía de trabajo basado en un uso optimizado y más eficaz de las tecnologías bajo la utilización de herramientas que realmente agreguen valor, son más y más populares, aunque, como refiere el propio Cal Newport, el desarrollo del músculo de la atención es una responsabilidad en realidad de cada individuo, porque cada vez va a ser una parte más valorada y diferencial de nuestra marca personal, y solo trabajando sobre ella cada día podrá allanarse el camino hacia la satisfacción y el bienestar, que son los dos ingredientes clave para la felicidad.

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Fotografía de Pereanu Sebastian en Unsplash
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