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Fondos de inversión centrados en los recursos naturales. ¿Una oportunidad de inversión?

20/04/2021

La inversión en materias primas permite diversificar el riesgo en las carteras y optar, bajo un enfoque de largo plazo, a rentabilidades potenciales elevadas en un mundo en crecimiento

El agua, el oro, el aire o los cereales. Todos estos elementos aparentemente tan diferentes comparten un punto en común: se trata de recursos naturales que genera el planeta Tierra. Estos bienes suelen estar muy expuestos a las condiciones climatológicas y a los desastres naturales de cara a configurar su oferta. Del mismo modo, su uso por parte de determinadas industrias provoca cambios relevantes en su demanda, lo que influye sobremanera en su precio final. Además, muchos de estos recursos, desde una óptica financiera, se consideran valores refugio, es decir, son activos que, en momentos de turbulencias en los mercados, suelen mantener o, incluso, aumentar su valor, por lo que incrementan su peso en las carteras de los inversores más conservadores.

Por todo ello, los recursos naturales ofrecen oportunidades para obtener rentabilidad en el largo plazo. El modo más asequible de apostar por ellos es a través de los fondos de inversión temáticos que, a través de un prisma de gestión activa, están administrados por profesionales que rastrean, identifican y evalúan acciones de empresas que participan en distintos puntos de la cadena de valor de estos bienes, con un enfoque global tanto desde el punto de vista geográfico como sectorial, lo que permite a los partícipes incrementar la diversificación de sus carteras, en un segmento, el de los recursos naturales, que ofrece unas buenas perspectivas a futuro, habida cuenta de que, siempre, habrá demanda en el mercado por ellos.

Los fondos de inversión centrados en los recursos naturales aportan diversificación a la cartera, ofreciendo un elevado potencial de rentabilidad para el largo plazo

Tendencias en crecimiento

Según un reciente estudio del Instituto para la Métrica y Evaluación de la Salud (IHME, por sus siglas en inglés) de la Universidad de Washington, publicado en la revista The Lancet, y que está en línea con las previsiones de Naciones Unidas, la población mundial alcanzará su techo histórico en el año 2064, año en el que habrá alrededor de 9.700 millones de personas. La mejora de las condiciones higiénicas y sanitarias, el incremento de la esperanza de vida (en especial, en los países emergentes) y el mayor cuidado por la alimentación y las prácticas deportivas son algunas de las razones que justifican estas expectativas, lo que significa, a su vez, la aparición de una serie de retos de suma importancia.

Uno de ellos es, por supuesto, el alimentario; otro, el energético. En esta línea, desde entidades como la Food and Agriculture Organization (FAO), dependiente de Naciones Unidas, ya se advierte que, en los próximos años, crecerán de manera significativa los sistemas alimentarios energéticamente inteligentes que posibiliten una mayor producción. Además, esto se llevará a cabo mediante tecnologías basadas en energías renovables que contribuyan a mitigar el cambio climático y las emisiones de gases nocivos a la atmósfera. En cuanto al agua, de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el consumo de agua potable en el planeta se incrementará en más de un 50% con respecto a los niveles actuales, lo que implicará un crecimiento importante de su precio y del desarrollo de instalaciones e infraestructuras para conseguir un aprovechamiento más eficiente.

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Estos son solo algunos ejemplos de las oportunidades de inversión que se van a generar en las empresas que sean capaces de mejorar y de ampliar el uso de los recursos naturales en un consumo global creciente, dentro de un contexto de cambios demográficos muy profundos. Y, todo ello, dentro de una tendencia general hacia la sostenibilidad, basándose en unas economías con bajas emisiones de carbono, como ya han manifestado entornos desarrollados como la Unión Europea, Estados Unidos o China. Además, desde el punto de vista de los consumidores, ha aumentado de manera relevante el deseo de conocer la procedencia de los alimentos que se comen, así como el interés porque la energía que consumen para su fabricación provenga de fuentes renovables.

El auge de la sostenibilidad y la mayor concienciación acerca del cambio climático impulsarán la demanda y el precio de gran parte de los recursos naturales

Cómo invertir en los recursos naturales

Además de los fondos de inversión ya mencionados, dentro del portfolio de megatendencias más populares en la actualidad, existen algunas con una relación directa con los recursos naturales que también conviene tener presente. El cambio climático y el calentamiento global, la identificación de los cambios demográficos y sociales, la urbanización de los países en vías de desarrollo con las transformaciones y necesidades que eso implica -de acuerdo con las Naciones Unidas, en 2050 se habrá duplicado la población que vive en ciudades- o la gestión eficiente de los residuos a través de la apuesta por el desarrollo de las economías circulares.

Además de los fondos temáticos centrados en los recursos naturales, existen otras megatendencias que se ven muy influenciados por ellos

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Otra vía posible para invertir, solo en el caso de las materias primas, es el mercado de futuros, aunque es de una complejidad sensiblemente mayor para el inversor. En este caso, mercado e inversor firman un acuerdo que posibilita comprar o vender un activo en un momento fijado a futuro a un precio determinado, y que se puede aplicar a bienes de origen vegetal, animal o mineral. Existen varios tipos de contratos de futuros, como las operaciones de cobertura (comprar o vender futuros con un activo como subyacente para minorar los riesgos de fluctuación de precios), las operaciones especulativas (que buscan obtener un beneficio en el corto plazo) y las operaciones de arbitraje (propiciadas por un cambio en los precios de un activo que cotiza en diferentes mercados, por lo que se busca aprovecharse financieramente de esa circunstancia). El problema con los futuros es que son activos muy volátiles, lo que hace que no resulten aptos para todo tipo de inversores, en especial, para los que tengan una mayor aversión al  riesgo. 

Fotografia de Tom Robertson en Unsplash
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