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Conservador, moderado o agresivo, ¿cuál es tu perfil como inversor?

03/10/2020

La aversión al riesgo es un factor clave a la hora de invertir

Antes de empezar a invertir, cualquier persona debería hacerse la siguiente pregunta: ¿cuál es mi perfil como inversor? Riesgo y rentabilidad van de la mano por lo que dependiendo de lo que se esté dispuesto a perder, el inversor tendrá un perfil u otro. Algo clave a la hora de elegir productos y vehículos financieros que hagan crecer los ahorros.

Además de la aversión al riesgo, factores como el dinero disponible, la situación financiera y el objetivo temporal marcan el tipo de inversión que necesita cada persona. Por ejemplo, no será igual la inversión de alguien que quiera incrementar su ahorro en el presente, que la de quien busque generar capacidad financiera a largo plazo. Por eso mismo, lo más recomendable es que el inversor busque asesoramiento financiero personalizado con gestores expertos.

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Eso sí, ninguna persona debería destinar sus ahorros a un producto que no entiende, por lo que, además del asesoramiento, es aconsejable cultivar la educación financiera personal. Desde la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) recuerdan que "un riesgo inadecuado, ya sea porque no se haya determinado correctamente el perfil, o porque conociendo el perfil los productos no encajen en él, puede provocar más de un disgusto".

Además, desde el organismo aconsejan desconfiar "de quien ofrezca un producto con rentabilidad elevada y sin riesgo: esa combinación no existe". En este contexto, la clasificación estándar en el mundo de la inversión viene determinada por la aversión al riesgo, de la que se desprenden tres tipos de inversor: conservador, moderado o agresivo.

Conservador

Este inversor trata de preservar el capital y busca superar la inflación. Lo mínimo exigible en una inversión. Con este objetivo, el riesgo que admite es muy bajo. Teniendo siempre presente que el riesgo cero no existe, destina su dinero, principalmente, a activos de renta fija y suele dedicar en torno a un 15% a activos de renta variable para aportar un plus de rentabilidad, eso sí, siempre en compañías de gran capitalización y cuya solvencia y estabilidad esté más que demostrada. El rendimiento anual bruto a largo plazo esperado por un inversor con este perfil se sitúa ligeramente por encima de la de los Bonos del Estado a 10 años (activos considerados libres de riesgo).

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Moderado

En este caso, el objetivo es conseguir el equilibrio entre estabilidad y crecimiento patrimonial, por lo que la exposición al riesgo tolerada es intermedia. Así, el inversor moderado se inclina principalmente por activos de renta fija, si bien el porcentaje que destina a bolsa y otros activos de riesgo similar suele rondar el 35%.

Agresivo

El inversor con un perfil agresivo busca maximizar la rentabilidad por lo que su exposición al riesgo es elevada. Por tanto, la mayor parte del capital se destina a renta variable o a activos con un riesgo similar. Lógicamente, este perfil soporta volatilidades mayores, por lo que la diversificación cobra una especial relevancia para mitigar los efectos de una mayor exposición al riesgo. Normalmente, este tipo de inversor suele tener una mayor experiencia y un conocimiento más profundo de cómo funcionan los mercados.

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Cómo es el inversor español

Según Micappital, asociado de la Asociación Europea de Asesoría y Planificación Financiera en España (EFPA), "en el caso del inversor español, podríamos afirmar que muestra un perfil mayoritariamente conservador y con baja tolerancia al riesgo. Esa es la razón por la cual un 40% de los ahorradores no se deciden siquiera a dar el paso a convertirse en inversores. Limitándose a almacenar su capital en cuentas corrientes y depósitos que apenas les generan rentabilidad".

A este respecto, los centennials (menores de 26 años) ahorran principalmente para hacer crecer su capital (30%), los millennials (de 26 a 38 años) y la generación X (de 39 a 50 años) para hacer frente a imprevistos (34% y 29%, respectivamente), mientras que los baby boomers (de 51 a 70 años) y la silent generation (mayores de 70 años) lo hacen para complementar su jubilación (33% en ambos casos), según se desprende del 'VI Barómetro del Ahorro' del Observatorio Inverco.

Los productos a través de los cuales canalizan ese ahorro son los depósitos y la renta variable en el caso de los centennials, mientras que los millennials, la generación X y los baby boomers optan por los planes de pensiones, los depósitos y la renta variable; estos dos últimos activos son, a su vez, los más solicitados por la silent generation.

Parte del perfil conservador del inversor español medio responde a la baja cultura financiera que hay en nuestro país. Según la Encuesta de Competencias Financieras, elaborada por el Banco de España y la CNMV, España se sitúa por debajo de la media entre los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en cuanto a conocimientos financieros.

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Otras clasificaciones

Más allá de la tipología en función de la aversión al riesgo, existen otras clasificaciones para determinar qué tipo de inversiones encajan mejor con una persona. Por ejemplo, en función del objetivo de la inversión. En este caso existen dos tipos, los inversores estratégicos y los financieros.

En el primer caso suele tratarse de compañías que guardan relación con la empresa en la que va a realizar la inversión como puede ser un competidor, un proveedor, un cliente... Con esta inversión se pretende crear valor añadido. Por su parte, las inversiones financieras buscan generar un retorno financiero sobre la inversión realizada, por lo que se centran en sectores donde puede darse un fuerte crecimiento.

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Otra 'vara de medir' a los inversores es según su forma de operar. De este modo, existen los denominados friends, family and fools; los business angels; los family office; o el capital riesgo. Los friends, family and fools constituyen un grupo de personas cercanas al entorno de la empresa, a la que financian con la meta de que el proyecto salga adelante. Generalmente, prestan cantidades pequeñas a corto plazo a cambio de una baja rentabilidad o, incluso, nula.

Diferente es el caso de los business angels. Se trata de particulares que invierten su propio patrimonio, experiencia y contactos en nuevas empresas, como las startups, con el fin de obtener una participación accionarial y una ganancia futura. Según el último informe de la Asociación Española de Business Angels, el 45% de los inversores de esta categoría tiene menos de cinco inversiones a la vez, mientras que la cantidad media que se destina a una startup es de 37.600 euros.

Por su parte, el family office representa a grupos familiares que desarrollan una gestión integral de sus patrimonios por sí mismos o a través de entidades especializadas. Pueden abarcar servicios como planificación financiero- fiscal global, administración de activos, gestión de inversiones...

Dentro del capital riesgo, en el que se realizan inversiones en empresas con alto potencial de crecimiento a través de la entrada en el accionariado, se distinguen dos vertientes: el private equity y el venture capital. En el primer caso, se invierte en todo tipo de empresas privadas a cambio de controlar un porcentaje elevado de la empresa. Mientras, en el venture capital se apuesta por empresas tecnológicas o startups. Suelen destinarse cantidades más pequeñas, adquiriendo normalmente entre un 20% y un 30% de la compañía.

Sobre el capital riesgo, la CNMV argumenta que "la incertidumbre sobre la evolución del negocio hace que se trate de una actividad reservada a inversores profesionales (dispuestos a asumir el riesgo a cambio de importantes plusvalías, en caso de que la evolución de la empresa sea satisfactoria) o a entes públicos (que por motivos estratégicos pueden estar interesados en fomentar el desarrollo de un determinado sector industrial)".

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Por último, las inversiones temáticas, es decir, en las que los objetivos de las empresas se alinean con los intereses de los inversores, cada vez cobran más protagonismo. Existen multitud de productos que permiten ganar exposición a tendencias tan concretas como el envejecimiento demográfico, el cambio climático, el Big Data, la Inteligencia Artificial (IA), los e-sports...

Como explica Javier Rúa, experto del área de Dirección de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, "esta gama de inversiones ofrece una mayor versatilidad de cara a la selección de activos, facultando al inversor con la posibilidad de invertir directamente en temáticas concretas. Además, éstas se pueden alinear con su forma de pensar y valores y, por lo tanto, ofrecer algo más que no sólo rentabilidad, sino la posibilidad de contribuir con financiación a estas causas en las que uno mismo cree".

La inversión temática trasciende barreras como la capitalización o la geografía. Ofrece un enfoque muy diversificado en el que el experto identifica compañías ganadoras en las tendencias de fondo que supondrán una transformación en la sociedad. Son inversiones pensadas para el largo plazo.

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Fotografía de Stanislav Rozhkov en Unsplash
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