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2020, ¿el año de la 'economía de la confianza'?

13/10/2020

Muchos inversores están apoyándose en sus asesores financieros para intentar capear la situación actual de los mercados del mejor modo posible, lo que está provocando que estos profesionales den un paso más allá en la relación que tienen con sus clientes.

Incertidumbre en los mercados, volatilidad, empeoramiento en los datos macroeconómicos, aumento en el número de contagios,… Los inversores llevan unos meses acumulando noticias que, muy probablemente, les han llevado a preocuparse acerca de la situación de sus carteras, en especial, en relación a los productos de renta variable que tienen contratados. Las correcciones en las cotizaciones de muchos valores han afectado significativamente a la rentabilidad de algunos vehículos como los planes de pensiones, los fondos de inversión o los Unit Linked, lo que puede afectar psicológicamente a muchos ahorradores, hasta el punto de tomar decisiones financieras irracionales que no sean positivas para sus intereses pensando en el largo plazo. En esta coyuntura, no solo el acceso a fuentes de información fiables sino, sobre todo, el acompañamiento técnico y moral que puede ofrecer un profesional especializado, como un asesor financiero, son críticos para navegar en condiciones óptimas y estar lo mejor posicionados posibles de cara a la recuperación.

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Decisiones formadas y meditadas

Uno de los elementos diferenciadores de esta crisis global con respecto a otras que ha habido en el pasado (junto a, quizá, la recesión de 2008), es que la omnicanalidad creciente en el acceso a Internet por parte de la sociedad –smartphones, tablets, ordenadores,…- provoca una sobreinformación que, en el caso específico de la industria financiera, puede contribuir a extender el sentimiento de pánico entre los inversores. En todo este maremágnum de cifras, datos, noticias y comentarios es más necesario que nunca que los profesionales aporten tranquilidad a los ahorradores, ayudándoles a discernir aquello que realmente les puede aportar valor y respondiendo a todas las lógicas dudas que les surjan. En este sentido, un asesor financiero es un experto que, por su formación y especialización, es capaz de entender los deseos y necesidades de su cliente y, en virtud de ello, construir con él una estrategia de inversión adaptada a su perfil, a su aversión al riesgo y al horizonte temporal para las finanzas según la edad de cada ahorrador.

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Un asesor financiero es un experto que entiende a su cliente y construye con él una estrategia de inversión adaptada a su perfil y a su aversión al riesgo

El asesor financiero es, en realidad, un divulgador de la educación financiera, en el sentido de que enseña a gestionar la economía personal de una manera más eficiente. Además de un planificador presente y futuro del patrimonio de una persona o de una empresa, es una figura capaz de generar una confianza mutua con sus clientes, fomentando que estos puedan compartir con él sus miedos y metas, además de tranquilizarlos tanto en momentos de caídas relevantes de la renta variable como, en el extremo opuesto, cuando la euforia inunda los mercados debido a un periodo alcista.

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A través de la construcción de un plan financiero a largo plazo, pero flexible, de modo que se pueda adaptar a las condiciones de las bolsas de cada momento y a la realidad personal y económica del cliente, el asesor apoya y aconseja sobre el mejor modo de alcanzar los objetivos económicos que se han fijado, pero no es un garante para la consecución de rentabilidad. Es decir, no se le puede hacer responsable de, por ejemplo, no prever una crisis como la actual que se está viviendo en los mercados de todo el mundo. En cambio, sí que son sus cometidos fundamentales analizar lo que está ocurriendo, ofrecer alternativas al inversor y expresar sus opiniones fundadas en base al conocimiento que tiene como experto y como consecuencia de haber recurrido a distintas fuentes, basadas incluso en la ayuda de la inteligencia artificial, para obtener una visión holística de lo que está ocurriendo.

El asesoramiento profesional y la COVID-19

El confinamiento impuesto para evitar los contagios ha impulsado la utilización de nuevas formas de comunicación por parte de los asesores financieros con sus clientes, más digitales, pero que están sirviendo para subrayar que su papel es más necesario que nunca en la transmisión de tranquilidad y confianza. En una época de máxima volatilidad en el mercado, la toma de decisiones de inversión dejan de tener tanto protagonismo para ceder el testigo al asesoramiento, que, entre otros hitos, debe servir para demostrar al ahorrador que la situación de crisis es coyuntural y no estructural. Es más, los profesionales tienen que ser capaces de transmitir un optimismo moderado, en el sentido de que pueden existir oportunidades interesantes para invertir en buenas compañías con negocios sólidos y que gozan de valoraciones atractivas. Es decir, demostrar que es positivo para cualquier cartera optar por una estrategia basada en la diversificación y en la visión a largo plazo, considerando la actual fase de mercado como algo pasajero.

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Sin embargo, en un contexto en el que la posibilidad de concertar citas presenciales está más limitada, el asesor debe apoyarse en las herramientas telemáticas para cumplir con su doble misión en relación a sus clientes: psicológica y pedagógica. Paradójicamente, el desarrollo de las nuevas tecnologías le permite poder atender de manera rápida y eficaz a sus usuarios, por ejemplo, a través de llamadas telefónicas periódicas para responder de modo personal y cercano a las inquietudes, o concretando sesiones en streaming en las que compartir análisis y evaluar posibles estrategias. De hecho, una encuesta realizada por la principal asociación de asesoramiento financiero, EFPA España, bajo el título ‘Sentimiento de la industria e inversores ante la crisis de la COVID-19’, revela que la mayoría de estos profesionales han sido proactivos durante la pandemia, anticipándose a sus clientes y poniéndose en contacto con ellos nada más comenzar las correcciones en los mercados.

Según las conclusiones de este documento, los asesores han sido capaces, además, de incluir nuevas habilidades y de aumentar otras que ya poseían para mejorar el servicio que ofrecen, entre las que cabe destacar: llevar a cabo el trabajo intensivo de minería de datos del sector financiero para concretar la información relevante para el cliente dentro de la sobreabundancia existente; ser más flexibles en la atención personal, modificando sus agendas para adaptarse a las nuevas pautas del teletrabajo de la sociedad; integrar en su gestión apps y herramientas digitales que facilitan la relación con los inversores, como sistemas de mensajería instantánea, chats  o servicios de compartición de archivos en la nube; y dar un mayor peso a la parte más ‘humana’ de su trabajo, sabiendo escuchar los problemas particulares de sus clientes, aprovechando para conocerlos más y mejor, y con toda esa información, perfilar todavía más sus carteras de cara a poder cumplir en el futuro con los objetivos vitales y personales que se han marcado.

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Fotografía de Anne Nygård en Unsplash
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