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Qué significa para España el nuevo objetivo ‘simétrico’ de inflación europeo

22/09/2021

El cambio de estrategia del BCE afecta tanto a las economías de los Estados miembros como a las carteras de los inversores minoristas. Por ello, resulta fundamental analizar qué modificaciones se deben realizar para intentar aprovechar el contexto de recuperación.

La estabilidad en los precios es crítica para una economía ya que contribuye a reforzar la actividad comercial, a proteger el empleo y a ayudar a que los ciudadanos tengan plena confianza sobre el valor de sus ahorros a lo largo del tiempo. Una inflación elevada puede traer consigo una espiral alcista en los precios, lo que debilita el poder adquisitivo de los consumidores, que pierden capacidad de compra. Una situación que puede hacer que planificar los ahorros y las inversiones sea más difícil tanto para los particulares como para las empresas.

Después de unos meses muy convulsos debido a la pandemia global del coronavirus y a las restricciones comerciales y a la movilidad que se tuvieron que implementar para disminuir el número de contagios, la economía mundial parece estar inmersa en un proceso de reequilibrio. La buena marcha del proceso de vacunación ha estimulado la actividad hasta tal punto que, en países como España, las previsiones del Gobierno son de un crecimiento en 2021 del producto interior bruto (PIB) del 6,1%.

Por qué sube ahora la inflación

Tal y como indica Federico Servetto, Director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, durante los últimos años “ha habido fuerzas deflacionistas que han mantenido la inflación muy baja si se compara con los datos del último medio siglo”. Algunas de estas fuerzas han sido una demografía con tasas de crecimiento muy bajas o nulas, un mayor desarrollo tecnológico que reduce el precio de los productos y una globalización que ha afectado a los costes de producción manteniéndolos aún más bajos. “Por ello, las políticas expansivas de los bancos centrales tras la gran crisis financiera de 2008 no han repercutido en una inflación ascendente”, señala Servetto.

“La magnitud de las grandes inyecciones de liquidez provocarán un comportamiento de la inflación sustancialmente diferente”, Servetto, Banco Sabadell

Sin embargo, esta vez podría ser diferente. “La magnitud de las grandes inyecciones de liquidez se unen a un incremento del gasto que no se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial y, debido a las dimensiones de estas políticas, es probable que se observe una inflación más elevada durante los siguientes meses y, quizá, años”, señala. En su opinión, la inflación esperada para este año y para 2022 está por encima de la tendencia, aunque a partir de ese año ya volvería a converger hacia la misma.

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Es decir, que el dinamismo de la economía tiene su principal amenaza en el fantasma de la inflación. A lo largo de los últimos meses, numerosos bancos centrales, como el Banco Central Europeo (BCE) o la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), han incrementado la compra de deuda pública contribuyendo a que los estados se pudieran financiar en un intento de contribuir a la sostenibilidad de la economía. A medida que se ha ido normalizando la actividad, este incremento en el dinero emitido por los bancos centrales está provocando un exceso de liquidez, que estimula el avance de la inflación.

Además, el incremento de ahorro acumulado por muchos hogares durante la crisis sanitaria también se está canalizando hacia un mayor consumo, en un contexto en el que continúa habiendo ciertas restricciones de oferta. Una coyuntura que está provocando ciertos ‘cuellos de botella’ en algunos sectores y que también fomenta un encarecimiento de los precios como ocurre con el sector de la alimentación, el de la vivienda o el de la energía. En España, de acuerdo a los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de precios de consumo (IPC) correspondiente a junio alcanzó un incremento interanual del 2,7%, lo que significa su tasa más elevada desde 2017.

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El cambio de estrategia del BCE

A comienzos de julio, el BCE decidió flexibilizar su política de inflación, pasando de situarla “por debajo pero cerca del 2%”, a optar por un “objetivo simétrico” del 2% a medio plazo. Este cambio, el primero en 18 años que lleva a cabo la entidad de esta magnitud, recalca la preocupación de la institución que preside Christine Lagarde por evitar que la inflación limite su margen de políticas, obligándole a pisar el freno en los primeros compases de la recuperación.

Esta variación en su estrategia es muy relevante, ya que, por un lado, reduce las posibilidades del BCE de subir los tipos de interés en un futuro próximo, lo que significa que continuará siendo más barato que en otros momentos del pasado el coste de financiación (algo crítico para países como España que se encuentran en plena fase de recuperación económica). Por otro lado, se reduce la incertidumbre que existía en el mercado sobre los planes de la entidad, favoreciendo que los Estados más endeudados (de nuevo, el caso de España) no tengan que afrontar a corto plazo el problema de unos tipos de interés más elevados.

Qué ocurre desde la óptica de la inversión

Según las cifras de la Asociación de Instituciones de Inversión Colectiva y Fondos de Pensiones (INVERCO), las familias españolas mantienen más de 990.000 millones de euros en depósitos y en efectivo, algo que, en el contexto actual, les hace perder poder adquisitivo. En palabras de Servetto, “la alternativa para evitar esta realidad pasa por dar el salto a la inversión”.

 “La alternativa para un inversor minorista para evitar perder poder adquisitivo en un entorno de inflación creciente es dar el salto a la inversión”, Servetto, Banco Sabadell

La renta variable y las materias primas parecen ser activos de inversión que se pueden beneficiar del actual contexto. Tal y como señala el Director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, “la renta variable se compone de las acciones de las empresas cuyo valor está muy ligado a los beneficios de las compañías, que no son otra cosa que el margen entre las ventas y los costes. Si los precios suben, las ventas de las empresas también lo hacen y, de forma asociada pero no directa, también aumentan los costes. De esta forma, los márgenes se mantienen y la renta variable no experimenta cambios sustanciales ni directos por el aumento o la bajada del índice de precios”.

En cuanto a las materias primas, Servetto indica que su valor está ligado al coste marginal de su extracción que iguala la oferta y la demanda, y que es independiente de la divisa en que sea expresado. “Si se deprecia el valor del dinero (inflación), lo único que se percibirá es que se necesitarán más dólares (o la divisa que corresponda) para comprar un barril de crudo o una tonelada de cobre. En otras palabras, el valor de la commodity se mantiene, pero su precio sube ya que la divisa se devalúa. Por lo tanto, el inversor no percibe el efecto de la inflación en la inversión”.

De esta manera, tanto con un tipo de activo como con el otro, Servetto afirma que “el inversor apostará por el crecimiento económico sin apenas percibir el efecto de la inflación, que afecta de forma mucho más directa a activos como la renta fija, principalmente pública y, en menor medida, privada dado que hay un diferencial que puede actuar de ‘colchón’”.

 

Fotografía de Ivars Krutainis en Unsplash
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