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Cómo medir de forma objetiva la salud financiera

07/09/2020

Más allá de las deudas o del nivel de gasto, medir detalladamente la salud financiera de un ahorrador es crítico para poder tomar posteriormente decisiones de inversión con el máximo volumen de datos útiles a disposición.

Uno de los intelectuales más reconocidos de la Inglaterra del siglo XIX fue el escritor Thomas Chandler, que, incluso, fue miembro del Parlamento británico y juez de la Corte Suprema de Nueva Escocia. Famoso por su ironía y su sarcasmo, en una de sus intervenciones en la Cámara de Representantes para hablar del exceso de gasto económico en el ejército afirmó sin tapujos que “nunca se será rico si los gastos exceden a los ingresos; y nunca se será pobre si los ingresos superan a los gastos”. Más o menos por aquella época, al otro lado del Atlántico, uno de los padres fundadores de EE.UU., Benjamin Franklin, aseguraba que “hay que cuidar de los pequeños gastos porque un pequeño agujero puede hundir un barco”.

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En una coyuntura tan complicada como la actual, en la que la crisis sanitaria global ha tenido un impacto muy relevante sobre la gran mayoría de las economías y sobre el comercio internacional, es más importante que nunca conocer cuál es la situación real de nuestras finanzas. Por ejemplo, desde el punto de vista de una empresa, generar ingresos estables de manera periódica no significa disponer de una buena salud financiera, ya que solo a través del análisis objetivo de los datos contables (por medio de diferentes ratios financieros) será posible establecer una imagen veraz sobre su liquidez o su solvencia, o en relación a la rentabilidad del negocio.

 Generar ingresos de manera periódica no significa tener una buena salud financiera; solo los ratios financieros certificarán el nivel de liquidez o de solvencia

Trasladado a las finanzas personales, una salud financiera adecuada no se mide simplemente con el coeficiente de la diferencia entre ingreso y gasto, sino que existen otros indicadores que conviene tener presentes para establecer un análisis certero. En este sentido, Sergio Fernández, Director de MasterdeEmprendedores.com, señala que “hay dos herramientas que ofrecen unos resultados que solo conocen quienes las han probado, como son el balance, que consiste en anotar lo que se tiene (dinero efectivo, un coche, una casa, joyas...) y lo que se debe (hipoteca, préstamos...), y el control de ingresos y gastos, que requiere anotar una vez al mes lo que se gasta y lo que se ingresa para conocer el detalle de la economía familiar”.

El paradigma de la libertad financiera

Para Fernández, la clave es el equilibrio: La salud financiera consiste en lograr, a través de los ingresos que genera una persona, no solo satisfacer por completo sus necesidades, sino ahorrar lo suficiente para poder alcanzar con éxito sus objetivos financieros a largo plazo, mientras, en paralelo, se consigue hacer crecer su economía personal. Cualquier estrategia de planificación debe aspirar a alcanzar la libertad financiera, que significa llegar a disponer de los ahorros suficientes como para poder afrontar cualquier gasto imprevisto durante un tiempo determinado. Entre las pautas más aconsejables para alcanzarla, se encuentran, por ejemplo, el análisis periódico de los gastos (fijos y variables) que se tienen, la concreción de metas a corto y largo plazo que sirvan para marcarse planes de ahorro, el desarrollo de estrategias para satisfacer todas las deudas que se tengan, la creación de un fondo de emergencia ante posibles imprevistos y situaciones inesperadas, la realización de presupuestos de manera constante y no salirse de ellos, o la planificación de un modo realista acerca de qué condiciones financieras se quieren disfrutar en la jubilación gracias a las aportaciones estables que se realicen en los productos de ahorro contratados.

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Aunque nadie tiene la llave maestra para alcanzar el éxito, una de las mejores decisiones que se pueden tomar para cuidar y mejorar la salud financiera es buscar el mejor asesoramiento profesional. De este modo, se logrará obtener una mayor información sobre las dudas que surjan, de manera que se puedan tomar decisiones de inversión con el mayor nivel de conocimiento posible.  “Las personas tienen un perfil con el que se relacionan predominantemente con el dinero. Pueden ser ahorradores, gastadores, evitadores (no quieren saber nada del dinero) o bien son monjes (creen que el dinero sirve sólo si es para hacer el bien en el mundo)”, exclama el experto. Pero las cuatro posturas tienen algo de positivo y de negativo. Para Fernández, “las personas que tienen una buena salud financiera son personas que ahorran para el futuro, gastan y disfrutan del presente, no están todo el día pensando en el dinero y usan el dinero para hacer el bien”.

Una de las mejores decisiones para mantener unas finanzas saneadas es recurrir a la ayuda experta que puede brindar un asesor profesional

Algunos indicadores clave

Puede parecer una obviedad, pero el primer parámetro (que no implica que sea concluyente) para conocer si una persona tiene, a priori, una buena salud financiera, es saber si sus gastos en un periodo determinado, por ejemplo, un mes, superan a sus ingresos. Para obtener una fotografía más completa, hay que analizar horquillas temporales amplias, ya que, de este modo, se observarán tendencias de consumo o el peso real que tienen los gastos fijos.

Como complemento de lo anterior, otro buen indicador es el del tiempo medio en que se tarda en saldar las deudas en que una persona incurre. Los préstamos al consumo o los plazos en los que se abonan los pagos de compras relevantes, como una casa, son muy importantes, al igual que la frecuencia en la que se utiliza la tarjeta de crédito para diferir pagos. Muchos expertos afirman que uno de los primeros pasos para mejorar la salud financiera es intentar acabar cuanto antes con todas las deudas a largo plazo que se tengan para mejorar la capacidad de generar liquidez.

La capacidad de generar ahorro es otro de los principales indicadores, tanto pensando en la jubilación que se disfrutará el día de mañana, como para poder generar un fondo de contingencia o remanente para atender necesidades inesperadas en el futuro, como una operación o el pago de un viaje. Incluso es complementario poder contar con un colchón financiero, ya que podría surgir la oportunidad de invertir ese capital en algún producto que generara una rentabilidad interesante.

Es más, la cartera de inversiones que una persona tiene, tanto en el corto como en el plazo es otro de los grandes indicadores, ya que sirve para poder establecer una pauta, en función de otros condicionantes, como la edad o el nivel de ingresos, y analizar el efecto en el tiempo que podría jugar el interés compuesto para mejorar la rentabilidad y, con ello, sus finanzas. En este sentido, combinar productos de menor riesgo, como bonos o letras del Tesoro, con otros más volátiles, pero, también, con mayor potencial de crecimiento, como un fondo de inversión o títulos de renta variable, puede ser una buena estrategia para mejorar a futuro la situación financiera. 

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Tener una cartera de inversión diversificada, atender en poco tiempo el pago de deuda o disponer de un fondo de emergencia aumentan la salud financiera 

Junto a estos cuatro principales indicadores, existen otros que pueden ser muy relevantes, y más en una situación de incertidumbre en los mercados como la actual. Hablamos de disponer de seguros para cubrir potenciales emergencias (como la responsabilidad civil o la atención médica); contar con un buen historial crediticio que permita, en un momento dado, recurrir a la financiación de terceros de forma rápida en el caso de necesitarlo; o incluir en la cartera de inversiones activos que se puedan transformar velozmente en liquidez en el caso de necesitarlo (como las acciones de Bolsa de un determinado valor). 

Adaptar los ratios a las finanzas personales 

Los ratios financieros son herramientas que utilizan los analistas para medir el estado de las cuentas de, principalmente, una empresa, de cara a poder obtener una imagen fiable de su situación contable y poder, así, mejorar su gestión para asegurar su supervivencia. Cualquier ratio es un cociente o relación entre dos magnitudes, y es posible adaptar los de naturaleza financiera pensados para las compañías a cualquier consumidor particular para evaluar el estado de salud de su economía. Aunque existen multitud de ellos, quizá los más apropiados para los ahorradores particulares sean:

  • Ratio de liquidez, que posibilita hacer frente a las obligaciones financieras inmediatas, mediante un adecuado nivel de efectivo. Si su cálculo da un resultado positivo, quiere decir que las finanzas están saneadas; si es menor que uno, entonces se contará con una liquidez escasa para hacer frente a las deudas.
  • Ratio de solvencia, que tiene como objetivo primordial mantener bajo el volumen de deuda. En este sentido, el grado de apalancamiento financiero (que es el peso de la deuda en relación a los fondos que tenemos) es su elemento fundamental.
  • Ratio de eficiencia, que mide la productividad de los activos, o, dicho de otro modo, la capacidad que tiene una persona para generar ingresos y beneficios. Cuanto mayor sea este ratio, en principio, mayor liquidez generará el individuo.

Pensando en el ciudadano de a pié, Sergio Fernández concluye que, “independientemente de los ingresos, cualquier persona que ahorre un mínimo de un 10% de sus ingresos y los invierta no tendrá problemas económicos en el futuro, suceda lo que suceda. Algo que, sinceramente, creo que casi cualquier persona puede hacer”.

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Fotografía de Shunya Koide en Unsplash
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