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Fondo de emergencia y fondo de contingencia: para qué sirven y cuándo recurrir a ellos

01/09/2020

Seguridad y liquidez. Dos conceptos clave en una estrategia financiera que cobran especial relevancia para justificar el contar con estos dos fondos en la cartera, de modo que ninguna eventualidad afecte a la diversificación y a la rentabilidad de los activos.

Disponer de un colchón financiero en el momento actual, en el que la crisis económica y la incertidumbre siembran dudas entre muchos ahorradores, parece una decisión inteligente, sobre todo de cara a mantener los objetivos que se hayan marcado, ya que es muy probable que puedan surgir imprevistos a los que haya que hacer frente y disponer de ese dinero aportará tranquilidad para no tener que movilizar ninguna parte de las inversiones que hay en la cartera.

Una red de seguridad

Un fondo de emergencia es algo así como un compartimento de seguridad que se crea para afrontar con solvencia potenciales acontecimientos inesperados de la vida que suponen un elevado desembolso económico, como, por ejemplo, el pago de una operación sanitaria. De este modo, se evitará tener que acometer medidas que tienen un efecto en la salud financiera (además de, a la larga, un mayor coste económico para el bolsillo), como solicitar un préstamo bancario o dejar la cuenta de ahorros al descubierto.

Sin embargo, por definición, este fondo solo debe ser tocado en momentos en los que resulte imposible contar con otras vías de liquidez inmediatas, pero que requieran de realizar el desembolso urgente al tratarse de algo importante, como, además del ejemplo antes citado, encontrarse en una situación de ERTE o en una situación de crisis económica, porque resulta preciso para mantener el pago de deudas y evitar contingencias mayores. En este sentido, en una coyuntura como la actual, es probable que el valor de las inversiones que se tengan (en acciones, fondos de inversión, Unit Linked o derivados) hayan experimentado notables retrocesos, por lo que convendría no deshacer posiciones para conseguir liquidez e intentar mantenerlas para ver si a medio o largo plazo, recuperan el valor que se ha dejado por el camino.

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Un fondo de emergencia no solo sirve para atender pagos imprevistos elevados sino para afrontar con máximas garantías un periodo de crisis económica

Atender pagos menores

Por su parte, el fondo de contingencia, también llamado de eventualidades, se diferencia del de emergencia en que está destinado a poder satisfacer gastos más pequeños e inesperados, pero que pueden complicar la salud financiera si no se cuenta con la liquidez suficiente como para atenderlos a su debido tiempo. Por ejemplo, si se abona una multa por haber incumplido alguna norma de circulación vial al principio de recibirla es muy probable que conlleve una reducción en su montante total; o, siguiendo con el mismo ámbito, si se estropea el coche y se necesita para el desempeño profesional, es preciso poder llevarlo al taller y que eso no signifique una merma en la atención que se dispensa a los clientes.

Cabe destacar que incluso la Administración dispone de su propio fondo de contingencia, que aparece en los Presupuestos Generales del Estado, como “la cantidad de dinero que se reserva para resolver los eventos imprevisibles y no previstos inicialmente en los Presupuestos, evitando así poner en riesgo los resultados de la programación financiera”. El artículo 31 de la Ley Orgánica 2/2012, de 27 de abril, de Estabilidad Presupuestaria y Sostenibilidad Financiera, establece que el Estado, las Comunidades Autónomas, y las Corporaciones Locales incluirán en sus Presupuestos una dotación diferenciada a este Fondo de contingencia.

En cualquier caso, ambos fondos tienen como objetivo principal aportar tranquilidad a la persona que los crea, de manera que ese dinero ahorrado sirva para solucionar posibles incidencias y, sobre todo, permita concentrarse en otros temas que mejoren la salud financiera y la generación de ingresos, como el manejo de la cartera de inversiones o el desarrollo de la propia carrera profesional. Sin embargo, lograr contar con los dos requiere de una cierta disciplina, en el sentido de que hay que reservar periódicamente parte de los ahorros que se vayan logrando para hacerlos crecer, y procurar hacer uso de ellos solo en momentos en los que resulten realmente necesarios.

Por qué apostar por estos fondos

Entre las principales ventajas de cualquiera de estos fondos cabe destacar principalmente dos: por un lado, contribuyen de manera decisiva a generar en cada individuo una cultura del ahorro que es clave para la consecución de los objetivos vitales que se marquen en el largo plazo. Con independencia de la edad, pensar en complementar la futura pensión pública que se reciba con, por ejemplo, un plan de pensiones, será una muy buena decisión financiera para gozar de una vejez sin sobresaltos. Para que un producto de ahorro gane volumen, solo hay un secreto y es el de realizar aportaciones periódicas para que, con el paso del tiempo y gracias al efecto del interés compuesto, el dinero crezca. El fondo de contingencia y de emergencia ayudan a las personas a habituarse a reservar parte de los ingresos que se generan para nutrirlos, como si de un plan de pensiones se tratara.

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Por otro lado, el gran beneficio que aportan es el dotar de un amplio espacio de tranquilidad, ya que el ahorrador sabe que está preparado ante cualquier potencial eventualidad, tanto si se trata de gastos a corto plazo de una cantidad asumible como de otros más elevados pero que requieran una atención igualmente rápida. De este modo, se evitará tener que tomar decisiones drásticas en un momento dado.

Cuánto ahorrar

Aunque no existe una fórmula mágica para conocer el tamaño adecuado que deben tener ambos fondos, algunos expertos estiman que lo más habitual es que un fondo de emergencia cubra entre tres y seis meses de gastos fijos, incluyendo alquileres y facturas, de manera que se pueda garantizar, con independencia de lo que ocurra respecto a la generación de ingresos de la persona o su situación laboral, que es plenamente solvente para el próximo semestre. Como es lógico, cada uno tiene un nivel y estilo de vida diferentes, por lo que los gastos mensuales serán diferentes. Por ello, conviene analizar con realismo las necesidades que se tienen para saber cómo abordarlas. 

En el caso del fondo de contingencia, su tamaño debe ser, por supuesto, menor, si bien ha de ser suficiente como para, llegado el caso, satisfacer las necesidades que se tengan. Por norma general, entre 1.000 y 2.500 euros deberían bastar, al menos, para cubrir un imprevisto que pueda surgir. De todos modos, hay que pensar que puede que coincidan en el tiempo dos o más hechos inesperados, por lo que cuanta mayor envergadura tenga el fondo, más capacidad habrá para responder con suficiencia ante ellos. Una posible solución es coger algunas de las últimas situaciones en el pasado en las que hubiera sido útil contar con un fondo de contingencia (la factura de la última reparación del coche o la de aquel electrodoméstico que se estropeó), realizar una media ponderada de su coste y multiplicarla por dos.

Dónde guardar los fondos

Aunque cada uno puede elegir dónde depositar el dinero de ambos fondos, lo más conveniente es que se encuentren en un lugar de fácil acceso, y más, en situaciones de crisis como la actual. En este sentido, una cuenta de ahorro, con tarjeta de débito y operativa online parece una buena opción, ya que se podrá retirar cualquier cantidad en un momento dado y por diferentes vías. Por supuesto, lo mejor es contar con una cuenta para cada fondo, de manera que se sea lo más cartesiano posible a la hora de saber de qué dinero disponer y llevar un control exacto de las finanzas.

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