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Prima de riesgo: así se calcula e influye en las inversiones

03/09/2020

Es uno de los principales indicadores que se utilizan para medir la situación del mercado, y, con frecuencia, anticipa futuros acontecimientos económicos. En el caso de los inversores, es una clave fundamental para analizar el estado de la renta fija.

El 1 de enero de 1999 nació la Eurozona. Además del hito histórico que supuso dentro del sueño de un continente cada vez más unido e integrado, este acontecimiento derivó en la cesión de la soberanía monetaria de los distintos Estados miembros al Banco Central Europeo (BCE), por lo que tanto la regulación como los tipos de interés serían iguales entre ellos de ahí en adelante. Y eso quería decir que, también, se podía ya comparar el riesgo de impago entre dos o más países de la región.

Alemania, como locomotora económica del continente y país tradicionalmente muy solvente en sus finanzas, suele ser el espejo en el que el resto de los Estados se analiza, comparando las respectivas rentabilidades de las deudas públicas en un mismo plazo, que, como norma general, suele ser de diez años (en el caso teutón, el bono alemán a diez años tiene el nombre de Bund). Si la diferencia resultante es muy elevada, quiere decir que el país tiene un riesgo de impago mucho mayor que el de Alemania, por lo que los inversores podrían optar por prestarle dinero a esta última para no correr riesgos. En cambio, si se lo prestan al otro, tendrán que recibir una compensación monetaria mayor para compensar la amenaza de que no recuperen su capital.

En Europa, con carácter general, la deuda de los países se compara con el bono alemán a 10 años, dado que la economía teutona suele ser la más solvente

A la diferencia entre los bonos de los países de la zona euro y los de Alemania, en puntos básicos (un 1% equivale a 100 puntos básicos), es lo que se denomina prima de riesgo. Durante la pandemia provocada por la COVID-19, las primas de riesgo de países como Italia o España se dispararon sobre todo durante el mes de marzo, llegando a alcanzar, respectivamente, los 276 y los 148 puntos básicos, pero, con el paso de la semanas, gracias a la desescalada, al reinicio de la actividad económica y a la vuelta a la normalidad, estos niveles se han ido progresivamente suavizando hasta que, a finales de agosto, marcaron 151 (Italia) y 7 puntos (España).

Pautas para determinar su valor

Uno de los principales mecanismos de financiación con el que cuenta cualquier Estado, por ejemplo, para cubrir el gasto público cuando con la recaudación fiscal no es suficiente, es la emisión de deuda pública, que puede hacerse en forma de tres tipologías diferentes: Letras del Tesoro (con un vencimiento que es, habitualmente, de 3 meses, aunque se puede extender a 6, 12 y hasta 18 meses), Bonos (a 3, 5 o 10 años), y Obligaciones (que son a un plazo temporal más extendido).

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Estos títulos se comercializan en dos mercados diferentes. Por un lado, a través del mercado primario o de emisión se ponen en circulación, se establece un sistema de subasta y se determina el tipo de interés que abonará el Estado. Por otro lado, en el mercado secundario o de negociación se intercambian a los precios que se fijen en el libre juego de oferta y demanda. La cotización que alcancen en este último es la que determina el valor final de la prima de riesgo, comparando el precio final con el Bund alemán.

Su fórmula estándar es, por lo tanto: Tipo de interés de la deuda del país con más riesgo ­- Tipo de interés de la deuda del país de referencia.

Importancia financiera

La prima de riesgo juega un papel fundamental en el llamado mercado interbancario, que es el entorno al que la banca acude para financiarse. La teoría económica dice que a medida que aumenta el valor de la prima, los bancos tienen que pagar más para captar fondos, lo que acaba por trasladarse a los tipos de interés que piden a sus clientes a la hora de suscribir una hipoteca o solicitar un préstamo.

La prima de riesgo juega un papel fundamental en el mercado interbancario, que es el entorno donde la banca acude para financiarse

Además, en el tejido empresarial, la prima de riesgo también juega un rol crítico para medir el sobrecoste que deben abonar las compañías para financiarse respecto a la entidad más grande de su sector o en relación al coste de financiación del Gobierno. Es decir, es el coste extra que la empresa tiene que pagar para poder financiarse en los mercados financieros, compensando al inversor por asumir un riesgo mayor frente a la empresa de referencia.

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Junto a la prima de riesgo, los analistas cuentan también con otra herramienta para medir la posibilidad de impago de un país. Se trata del Credit Defaults Swap (CDS), algo así como un contrato bilateral de protección suscrito entre un comprador y un vendedor. A través de él, el comprador se compromete a realizar una serie de pagos en el tiempo, que se conocen por el nombre de primas, mientras que el vendedor se encarga de cubrir parte o la totalidad del crédito asegurado en caso de que no sea cancelado. Los CDS cuentan con la ventaja de que facilitan la comparación entre países (con independencia de la divisa que utilicen) y empresas, pero, por el contrario, se trata de un mercado mucho menos transparente que el de la deuda pública de los Estados.

Una trayectoria histórica reciente complicada

El 13 de diciembre de 2001, fue una fecha histórica para la economía española. Moody’s, una de las tres principales agencias de calificación a nivel global, calificaba la deuda de nuestro país como triple A. Algo que, poco después, sus dos grandes competidoras, Fitch y Standard & Poor’s, secundarían (en 2003 y 2004, respectivamente). Aunque ahora pueda parecer increíble, la prima de riesgo de España llegó a situarse en niveles negativos a lo largo de 2004, mientras, por ejemplo, la tasa de desempleo tocaba su suelo histórico, por debajo del 8%.

En 2004, la prima de riesgo de España llegó a cotizar en negativo, mientras las tres principales agencias de calificación situaban su deuda como triple A

Sin embargo, el estallido de la crisis en 2008 por las hipotecas subprime y la posterior recesión internacional le sentó especialmente mal a Europa, en especial a las naciones del sur del continente. Grecia acabó por acogerse a un rescate en 2010 que superó los 100.000 millones de euros, mientras que Portugal e Irlanda terminaron repitiendo sus pasos, en mayor o menor grado, poco después. En el caso de España, las medidas de austeridad se tradujeron, entre otras cosas, en el mayor recorte presupuestario jamás visto, cercano a los 65.000 millones de euros. En paralelo, las tres agencias de rating quitaron la triple A a nuestra deuda.

Con la paulatina recuperación internacional y las medidas de ajuste, la economía volvió, poco a poco, a recuperar su vigor, siendo, de hecho, la prima de riesgo de España la que mejor desempeño ha cosechado en el periodo de 2014 a 2019, según datos de la oficina estadística europea, Eurostat. De hecho, antes de la irrupción de la pandemia de la COVID-19 a escala global, en torno a marzo de 2020, la prima de riesgo española acumulaba varios meses moviéndose de manera estable en una horquilla entre los 70 y los 80 puntos básicos.

Fotografía de energepic en Pexels
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