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¿Camina la UE pos-COVID-19 hacia una integración real o un marco más local?

18/06/2020

El sueño europeo afronta una prueba decisiva en la recuperación, donde las políticas de integración y la solidaridad entre Estados serán claves para contribuir a acelerar la dinamización del tejido productivo.

No mucha gente lo sabe, pero hace justo veinte años, recién comenzado el nuevo siglo, la Unión Europea (UE) adoptó su lema oficial: ‘Unidos en la diversidad’. Una definición que se imbrica con el doble objetivo con el que se firmó en 1957 el Tratado de Roma que puso en marcha el primigenio mercado común, y que implica, por un lado, trabajar en favor de la paz y de la prosperidad, mientras los ciudadanos se benefician de la gran diversidad de culturas, tradiciones y lenguas del continente. Fruto de esta filosofía, los efectos económicos y sociales de la crisis sanitaria en los diferentes países se han traducido en un plan de recuperación que ha auspiciado la Comisión Europea (dotado con un presupuesto total de 2,4 billones de euros) y que tiene como principal misión relanzar la actividad empresarial y dinamizar el mercado laboral, en tanto que, en paralelo, y tal como afirmó hace unos días la presidenta de este organismo, Ursula von der Leyen, “se garantizará que la Unión sea climáticamente neutra, digital, social, y un actor de peso a nivel mundial, porque este es el momento de Europa”.

Un paquete que se estructura en dos partes básicas: un presupuesto renovado de la UE para 2021-2027, que sumará 1,1 billones de euros; y un plan de reconstrucción denominado Next Generation EU, que contará con alrededor de 750.000 millones, y cuyo 80% estará centrado en inversiones y reformas de los Estados miembro, mientras que la práctica totalidad restante se destinará al estímulo de la inversión en el sector privado a través del Banco Europeo de Inversiones (BEI). A pesar de lo ambicioso del proyecto, hay algunas voces, incluso desde algunos Gobiernos, que critican el excesivo peso del apoyo económico a las Administraciones dejando menos protegido al tejido empresarial, citando que uno de los desafíos debería ser aumentar la productividad, como refleja, por ejemplo, el informe de EAE Business School ‘Work Productivity and Work-Life Balance 2020’.

Expertos como Carlos Dalmau, Director de Soluciones Internacionales de Banco Sabadell, afirman que, tanto en Europa como en otras regiones, “se debería hacer un replanteamiento de las cadenas de valor global con una nueva forma de operar con mercados más próximos, una menor dependencia de terceros y un mayor nivel de digitalización y de conocimientos técnicos en logística y aduanas”. 

Aunque también hay voces como la de Mario Kölling del Real Instituto Elcano, que afirma que se ha privilegiado dar un nuevo paso en el proceso de integración europeo con un sesgo claro “hacia el sentido federal”. En cualquier caso, este paquete económico de ayudas todavía no se encuentra aprobado, y tiene aún que pasar por el Consejo Europeo (donde ya hay socios como Países Bajos que han anunciado discrepancias) y, más adelante, por el Parlamento Europeo.

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Preocupación del BCE

En todo caso, este plan de recuperación no es el único paso dado desde la Unión Europea en estos meses de crisis sanitaria, si bien desde luego es el más voluminoso. El Banco Central Europeo (BCE) puso en marcha un paquete de compra de activos que, en principio, totaliza 1,35 billones de euros, aunque está prevista su ampliación; por su parte, la Comisión Europea ha dirigido su programa de apoyo al desempleo SURE (Support mitigating Unemployment Risks in Emergency) para reducir el impacto de los ERTE a través de 100.000 millones de euros; se ha abierto una línea de créditos del Mecanismo Europeo de Estabilidad (MEDE) para afrontar los gastos asociados a la pandemia; y, finalmente, el BEI ha destinado alrededor de 200.000 millones de euros para apoyar a las empresas.

A pesar de todo este conjunto de iniciativas, el BCE expresó en su más reciente Revisión de Estabilidad Financiera su preocupación por la situación financiera de algunos Estados miembro, habida cuenta de que, según sus cálculos, la deuda soberana en el conjunto de la UE pasará en los próximos meses del 86% a más del 100%. Las dos causas principales son el crecimiento de los déficits presupuestarios y la caída en el PIB real como consecuencia de las medidas de confinamiento. Además, el organismo advirtió que el descenso del turismo y del comercio provocará que la tasa de ahorro en los hogares aumente desde el 12,8% al 19%, lo que puede afectar negativamente a muchos sectores que necesitan de un mayor dinamismo en la economía para mejorar su circulante.

Esta preocupación por la liquidez es, según el documento de Deloitte ‘Productivity in Post-COVID Era’, tanto para acelerar la recuperación económica como para incrementar la productividad, en un contexto especialmente sensible, ya que, según esta consultora, los empleados suelen ser menos productivos con el teletrabajo, lo que puede tener consecuencias muy negativas en sectores de especial relevancia en la UE y sobre los que se debe asentar el crecimiento, como son la industria retail, banca y finanzas, construcción y turismo.

En esta línea, el informe destaca algunas claves que deben potenciar el despegue europeo en los próximos meses:

  • La aceleración de modelos basados en el trabajo y consumo digital, realizando una decidida apuesta por el despliegue en el uso de la Inteligencia Artificial y del Big Data. Además, se debería intentar potenciar la innovación que están intentando realizar algunas empresas del continente en temas de automatización para incrementar la eficiencia y competitividad de muchas plantas de producción.
  • Posicionarse como un referente mundial en sectores que se están revelando como claves para el futuro, como salud, tecnología o logística/transporte. Para lograrlo, conviene fomentar líneas de comunicación estable entre tejido productivo y ámbito público para identificar tendencias en los consumidores que no existían antes y realizar una apuesta decidida por ellas.
  • Flexibilizar y alentar la creación de nuevas empresas con una vocación multipaís dentro de la UE, o, lo que es lo mismo, promover nuevos proyectos de negocio en los que participen emprendedores y especialistas de distintos países del continente, de tal modo que se establezcan sinergias positivas desde el principio. La Comisión Europea debería jugar un papel relevante para estimular este mercado, posiblemente creando incentivos y programas de ayuda.
  • Al hilo del punto anterior, propiciar el despegue exterior de las pequeñas y medianas empresas en el mercado común, simplificando los trámites administrativos para establecerse en otros Estados miembro y dinamizando la relación con las instituciones comunitarias para la concreción de ayudas fiscales o económicas, optar a subvenciones, participar en programas de intercambio o de formación, y poder financiar la inversión en tecnología a través de créditos blandos.
  • Recobrar cuanto antes la normalidad económica y social, algo que, parece, está próximo a lograrse ante la reapertura de las fronteras interiores y, a partir de julio, de las exteriores, gracias al “contexto generalizado de mejora de la situación sanitaria”, de acuerdo con la comisaria europea de Interior, Ylva Johansson.
 
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