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Todo lo que necesitas saber sobre el certificado de vivienda energética

A la hora de elegir una nueva vivienda de compra o alquiler es importante comprobar que sea eficiente energéticamente. Para ello podemos revisar el aislamiento de puertas y ventanas, el tipo de calefacción, el sistema eléctrico... o consultar directamente el certificado de eficiencia energética.

Y es que, desde 2013, es obligatorio que las viviendas de venta o alquiler cuenten con este certificado. Se trata de un documento que señala las características energéticas del inmueble: desde cuánto consume hasta cuánto contamina. Te contamos todo lo que necesitas saber sobre este certificado para que sepas interpretarlo de forma correcta. 

¿Qué información incluye?

El certificado de eficiencia energética evalúa todos aquellos elementos que gastan energía en una vivienda, como el sistema de calefacción, la forma en la que se calienta el agua, el consumo de los electrodomésticos o la ventilación. De esta forma determina el consumo de energía y la producción de dióxido de carbono anual de la vivienda. 

En la primera página del certificado de eficiencia energética podemos encontrar la etiqueta energética. Esta señala la calificación obtenida por el inmueble de forma gráfica y visual, en una clasificación que va de la A a la G. Además, el certificado cuenta con otras especificaciones que se incluyen en diversos anexos. Debe incorporar, como mínimo, la siguiente información: 

  • La identificación de la vivienda o la parte del edificio que se certifica.
  • La normativa de ahorro y eficiencia energética vigente en el momento de su construcción.
  • Las características térmicas del inmueble (anexo I) y una explicación de la calificación energética asignada (anexo II).
  • El listado de medidas recomendadas por el técnico para mejorar la eficiencia y la calificación del inmueble (anexo III).
  • Las comprobaciones, pruebas e inspecciones llevadas a cabo por el técnico para realizar su certificación (anexo IV).

La etiqueta energética: de la A a la G

Para el consumidor, lo más interesante es saber cuál es la calificación de su inmueble. Por ello, el primer paso debe ser revisar la etiqueta energética. "Esta etiqueta es similar a la que actualmente tienen los electrodomésticos: tiene una clasificación de letras que va de la A (más eficiente) a la G (menos eficiente)", explica Víctor Manuel Porto Pallín, arquitecto técnico y graduado en ingeniería de edificación y responsable del gabinete técnico del Colegio Oficial de Aparejadores, Arquitectos Técnicos e Ingenieros de Edificación de A Coruña (COAATIEAC).

Las clasificaciones A y B pueden considerarse óptimas, mientras que la C y la D hacen referencia a una eficiencia media. La E y la F señalan que la construcción es poco eficiente y la G que se encuentra en el punto más bajo de la escala del certificado. Por lo tanto, lo más aconsejable es elegir una vivienda que alcance, al menos, la calificación D.

Margen de mejora

Una vez consultada la etiqueta energética, es recomendable analizar el listado de medidas propuestas por el técnico para optimizar la eficiencia del inmueble. "Una de las más comunes es mejorar las carpinterías exteriores con perfiles de baja transmisión térmica y vidrios con cámara. O mejorar el rendimiento de diferentes instalaciones, como las de calefacción, agua caliente, refrigeración e iluminación", señala Víctor Manuel Porto. "Esto puede hacerse empleando sistemas más eficientes como pueden ser las bombas de calor, la biomasa o luminarias LED, por ejemplo".

 

 

Lo cierto es que, en España, la mayoría de los edificios tienen una calificación baja. Algunas cifras señalan que,solo el 1% de las viviendas alcanzan la máxima categoría."Según nuestra experiencia, en la provincia de A Coruña las letras que más abundan van de la D a la G. No hemos tenido ningún caso de resultados A ni B”, señala el arquitecto. Indica también, sin embargo, que es previsible que estas clasificaciones vayan apareciendo poco a poco en las nuevas construcciones, debido a las exigencias de las nuevas normativas.

Contar con una vivienda eficiente energéticamente garantiza el bienestar de sus ocupantes y puede reducir el riesgo de problemas derivados de su uso, como la aparición de humedades. Entra en juego, además, el ahorro económico. Vivir en una vivienda catalogadacon una A puede suponer una reducción de hasta el 90% de la energía consumida respecto a otra de nivel G. 

Detrás del certificado: la inspección técnica

Los certificados son emitidos por técnicos habilitados y reconocidos. Las personas encargadas de realizar esta tarea son arquitectos, arquitectos técnicos o ingenieros, que realizan visitas al inmueble para tomar datos. "Una de las herramientas más empleadas por los técnicos son las cámaras termográficas, que sirven para detectar las fugas de calor existentes en el interior del inmueble", señala Víctor Manuel Porto. "También puede ser necesaria la realización de otras pruebas como el uso de catas, para conocer la composición concreta de un cerramiento". En estas visitas analizan también las carpinterías exteriores (ventanas y puertas) y las instalaciones de producción de agua caliente, calefacción, refrigeración o iluminación, entre otras.

Una vez emitido, el certificado tiene una vigencia de 10 años y es el propietario el responsable de su actualización. Su coste no está estipulado por el gobierno, sino que depende del mercado. Por ello, lo más recomendable es solicitar presupuestos personalizados en diferentes empresas. 

¿Qué hacer si una vivienda no cuenta con el certificado?

Se trata de un documento oficial requerido por el Ministerio de Industria, Energía y Turismo. Es obligatorio para la mayoría de los inmuebles salvo en contadas excepciones, sobre todo de tipo histórico o cultural, como monumentos históricos protegidos. Tan solo dos tipos de inmuebles dedicados a la vivienda están exentos: aquellos edificios aislados menores de 50 metros cuadrados (los pisos sí están obligados a tenerlo) y los que se alquilan por un periodo inferior a 16 semanas al año.

Por ello, lo primero que debe hacerse al visitar una vivienda es asegurarse de que cuente con el certificado. De no hacerlo, el dueño podría enfrentarse a una multade acuerdo a la Ley 8/2013, de 26 de junio de rehabilitación, regeneración y renovación urbanas. Las infracciones se clasifican en leves, graves y muy graves y conllevan sanciones económicas de entre 300 y 6.000 euros.

Para solicitar este documento es necesario, en primer lugar, contactar con un técnico certificador. Una vez que se ha realizado, este debe registrarse (las condiciones y los procedimientos dependen de cada comunidad autónoma).

La etiqueta energética debe aparecer en cualquier anuncio para vender o alquilar un inmueble. De hecho, hoy en díaes habitual encontrar esta etiqueta junto a las fotografías de las viviendas. Además, una vez comprado un inmueble, el nuevo dueño debe recibir el documento completo. Si se trata de un alquiler, es obligatorio facilitar una copia al inquilino.

Hoy, certificados similares al de eficiencia energética son obligatorios en la mayoría de los países de la Unión Europea. Su objetivo es mejorar la calidad de vida de sus ciudadanos pero, también, contribuir a disminuir la contaminación y el impacto que nuestras viviendas tienen en el medioambiente.

 

 

 

 

Fotografías de Pierre Châtel-Innocenti y Abigail Lynn en Unsplash
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