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¿Cómo se ahorra energía en función de la orientación de tu casa?

El ahorro energético es un tema cada vez más valorado. El mensaje medioambiental está calando hasta en los compradores de viviendas, que cada vez tienen más en cuenta el ahorro de energía a largo plazo que ofrece una vivienda bien orientada, aislada o climatizada. Así como los hábitos diarios que favorecen la eficiencia.

Estos cuatro son precisamente los factores que más influyen en el consumo de energía durante todo el año: el emplazamiento de la vivienda (latitud, cercanía a una fuente de agua, zona ventosa), la orientación con respecto a la eclíptica o línea solar, la envolvente del edificio (aislamiento) y nuestro comportamiento dentro de la casa.

¿Cuál es la mejor orientación de todas para una casa?

Como suele ser habitual, es una pregunta trampa que depende de otros factores: latitud, vientos, dureza del invierno o verano… Una muy buena orientación en Galicia puede ser insoportable en Andalucía. La orientación nos indica buena parte del comportamiento térmico de la vivienda y si será necesario instalar toldos o cortavientos delante de ella, e incluso sistemas auxiliares de climatización como más splits o radiadores.

Por ejemplo, una vivienda al norte de España agradecerá enormemente una fachada sursudoeste que aumente el aporte de calor tanto en invierno como en el verano frío. Sin embargo, la misma construcción puede resultar difícil de enfriar en el verano sevillano, donde puede convenirnos una fachada al sureste, o incluso fachadas externas mínimas.

La fachada norte es, en nuestro hemisferio, la más fría todos los días del año. La sur y la oeste serán las que más irradiación solar reciban, y la este la que primero se caliente a primera hora de la mañana. Cada una tiene sus particularidades.

¿Buscas enfriar en verano o calentar en invierno?

En otras palabras, para elegir orientación, primero debemos saber cuál es nuestro objetivo: ¿captar o desviar calor? La construcción árabe tradicional, que podemos ver en algunos lugares del sur español, consiste en viviendas bajas que se dan sombra unas a otras y que cuentan con un patio interior que hace las veces de respiradero húmedo. Su finalidad es mantener a raya las altas temperaturas.

 

 

 

 

Por contra, las viviendas tradicionales del norte incluyen gruesos muros de enorme inercia térmica y las caras este, sur y oeste libres para recibir irradiación solar durante todo el día. El color del sur es blanco cal, que ayuda a reflejar la irradiación, mientras que en el norte vemos viviendas tradicionales de madera oscura, que provocan el efecto contrario.

Si elegimos una vivienda con orientación sur, el sol nos ayudará a calefactar en invierno, pero subirá mucho la temperatura en verano. En el caso de elegir una vivienda con orientación norte, contaremos con veranos más frescos, pero tendremos que poner más alta la calefacción en invierno. Contar meses de verano e invierno puede ser un buen método para elegir orientación.

Climatización pasiva norte-sur, ¿cuánto hay de mito?

A menudo se generaliza y se dice que para conseguir una climatización pasiva (o parte de ella) es recomendable la compra de viviendas con orientación norte-sur. Esto es: que tengan una fachada al sur y otra al norte entre las que hacer ventilación cruzada por diferencia térmica o de presiones. Resulta particularmente útil en viviendas unifamiliares sin edificios cercanos, pero no es la panacea ni una solución universal.

Con esta orientación, la fachada sur recogerá calor durante todo el año, calentando en pocos minutos las estancias pegadas a ella, y en cuestión de horas el resto de las habitaciones. Si estas adquieren mucha temperatura, es posible abrir las ventanas situadas al norte, más frescas, y hacer que el calor se transmita en esa dirección y refrigere la vivienda.

En ciudades con alta densidad de edificios, la orientación norte-sur es buena, pero pierde facultades. En invierno la eclíptica solar es baja, por lo que la fachada sur apenas se calentará si tenemos inmuebles delante. Esto hace que la diferencia térmica entre ventanas norte-sur sea menor y, por tanto, la ventilación cruzada tendrá menos fuerza. Además, en verano, el sol nos dará de lleno.

¿Usar el viento para refrigerar la vivienda?

Si vamos a vivir a una zona ventosa, como puede ser frente al mar o en espacios muy abiertos y llanos, tendremos que ver de qué orientación viene el aire y si nos interesa alinear las ventanas al mismo. La disipación térmica por aire hace que la cara de barlovento (por donde viene el aire) tenga una presión mayor que la de sotavento. Esto ayuda a mover el calor.

La diferencia de presiones mueve el aire y facilita la refrigeración. Ahora bien, ¿nos interesa refrigerar? Enfría la casa en verano, pero también lo hace en invierno. Igual es una buena estrategia en Valencia (pocos meses de invierno y un invierno muy suave) si vivimos cerca de la playa; pero en Burgos, con muchos más meses de frío y siendo este intenso, quizá nos interese huir del viento.

Este mecanismo, además, no siempre funciona eficazmente. En las ciudades, el viento baja de forma considerable y apenas disipa calor. Esto puede ser un plus en ciudades frías en invierno, ya que la falta de viento evitará perder energía, pero será un error en ciudades cálidas.

Árboles caducos en la fachada cálida, imprescindibles

Un buen aislamiento es indispensable a la hora de ahorrar energía en climatización. Sin embargo, a menudo se valora poco el uso de árboles de hoja caduca en la fachada sur, este y oeste, así como toldos o sistemas similares. Veamos el ejemplo de una vivienda con orientación sur que cuente con una línea de árboles de hoja caduca en su fachada.

 

 

 

 

En invierno estos árboles no tienen hojas, por lo que la irradiación solar (aunque débil) dará contra la fachada, calentando ligeramente el muro y ayudándonos a gastar algo menos en calefacción. Sumado a ropa cálida y buenas ventanas, podemos ahorrarnos una buena suma en calefacción.

En verano, por contra, las hojas que han ido creciendo durante la primavera harán de pantalla solar y evitarán que la irradiación alcance la fachada. Es como tener un toldo enorme delante de la casa, ya que los árboles son particularmente buenos en la tarea de dar sombra. De nuevo, ahorro.

Si vivimos en una ciudad cálida, esta misma vivienda sin árboles podría ser un tormento en verano, mientras que contar con ellos la hace confortable y asequible a nivel climático. Por contra, si vivimos en el norte y los árboles son de hoja perenne, tendremos que subir la calefacción en invierno. Gasto.

De modo que, ¿cuál es la mejor orientación de una casa para ahorrar energía? Depende de la latitud, de si tenemos masas de agua cerca, de la altura de las viviendas cercanas, de la vegetación exterior e incluso de nuestros hábitos, como cuántas horas pasaremos dentro o si trabajaremos inmóviles.

Fotografías de Jonas Denil, Orlova Maria y Pavel Nekoranec en Unsplash
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