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África subsahariana, aliada consolidada tras la COVID-19

31/08/2020

La crisis provocada por la COVID-19 ha impulsado la oportunidad de generar cadenas de aprovisionamiento con África

Las relaciones comerciales y económicas entre España y África subsahariana han sido poco significativas en las últimas décadas. Para revertir esta situación, el gobierno español presentó en 2019 el III Plan África, heredero de otros dos de 2006 y 2009, respectivamente, cuyo objetivo principal es el de impulsar el acercamiento entre España y África hacia cuatro metas estratégicas: paz y seguridad; crecimiento inclusivo para el desarrollo sostenible; fortalecimiento institucional; y movilidad ordenada. A esto se suma el impacto de la COVID-19 en las relaciones globales, que tendrá importantes consecuencias sobre esta estrategia. 

En esta tercera edición el foco ha dejado de ser la cooperación al desarrollo y la amenaza del terrorismo para incluir “aspectos comerciales y económicos que promuevan el desarrollo y la estabilidad de la región mediante las inversiones y la participación de empresas en el continente”, explica Enrique Fanjul, CEO de la consultora de internacionalización Iberglobal. Horizonte África, presentado este verano de 2020, es la segunda pata de la estrategia gubernamental para dar un empujón definitivo al asentamiento de las empresas españolas en la región del África subsahariana, de la que se consideran estos diez países: Etiopía, Nigeria, Sudáfrica, Angola, Costa de Marfil, Ghana, Kenia, Mozambique, Senegal y Tanzania.

África, ¿nueva cadena de suministro de Europa?

África se presenta como un continente de oportunidades por varios motivos. El primero, por su dinamismo demográfico, ya que, según el Banco Mundial, en 2050 habrá duplicado su población actual, de 1.200 a 2.400 millones de personas. Esto se traducirá, según estimaciones del III Plan África, en la creación de entre 15 y 20 millones de empleos al año.

Otra de las razones es que los diez países citados anteriormente presentan niveles de apertura al exterior que se mueven en un rango muy amplio y representan una importante experiencia comercial con el exterior y oportunidades de negocio en un eventual proceso de apertura. 

En este sentido, para Fanjul, el continente africano puede beneficiarse de una de las consecuencias de la COVID-19: la pérdida de fuerza de las cadenas globales de valor. “Aunque la tendencia no es nueva, el coronavirus ha provocado que tomemos más conciencia de todo lo relacionado con el aprovisionamiento y su seguridad, provocando que las cadenas de suministro se regionalicen. En este sentido, y dada su proximidad con Europa, África está cobrando una mayor importancia para adoptar este papel”, afirma.

Juan Antonio Obregón, asesor principal en el Consejo de Administración del Banco Africano de Desarrollo, compara en su artículo ‘Perspectivas económicas en África en tiempos de la COVID-19’ los datos del African Economic Outlook 2020 antes y después de la pandemia. Las estimaciones a finales de 2019 preveían un crecimiento medio del 3,4% para el continente y seis países (Ruanda, Etiopía, Costa de Marfil, Ghana, Tanzania y Benín) se encontraban entre los diez del mundo con un crecimiento más rápido

Obregón explica que el impacto de la COVID-19 ha afectado sobre todo a los precios de los productos básicos, a los flujos de turismo, a las remesas, al acceso a los mercados mundiales de capital y a los flujos de inversión y, en especial, al mercado del petróleo, ya que las consecuencias de la crisis son enormes para los ingresos de los países exportadores de petróleo de la región, como Nigeria, uno de los principales proveedores de crudo españoles.

Además, la evaluación inicial del Banco Africano de Desarrollo indicaba que la crisis del coronavirus implicaría una reducción del PIB que podría oscilar desde 22,1 mil millones de dólares, en el escenario de base, a 88,3 millardos de dólares de África en el peor de los casos. Eso sería equivalente a una contracción del crecimiento proyectado del PIB en 0,7 a 2,8 puntos porcentuales para 2020.

Países diversos con características comunes

Las materias primas son, precisamente, las protagonistas de las importaciones africanas en España. Es prácticamente imposible generalizar cuando se habla de una región que abarca 23 países, por eso el plan español ha establecido estos diez países considerados prioritarios identificados por su estabilidad y su potencial de crecimiento.

A día de hoy, las exportaciones a los diez países del Plan África son más diversificadas y el valor añadido incorporado es mayor que en el conjunto del continente. Por ejemplo, el 47% de las exportaciones a Etiopía son tractores; coches y piezas son casi el 15% de las ventas a Sudáfrica; los productos eléctricos son cerca del 12% de las exportaciones españolas a Kenia; y los vehículos para el transporte de mercancías, el 15% de las ventas a Tanzania.

Entre los países receptores de inversión española destaca Sudáfrica con un 83,4% del total, seguida de Angola, con un 3,4%, y Ghana, con un 3,1%. “Sudáfrica ha sido durante mucho tiempo la primera economía de África y un destino importante al tratarse del país con el mayor nivel de vida y capacidad de compra”, señala Fanjul. El experto incluye a los países de la zona francófona en esta terna de naciones interesantes, cuyas clases medias están creciendo y existe una mayor demanda por bienes de consumo.

En la parte negativa se sitúan la corrupción, una burocracia excesiva y la inestabilidad política, ya que, tal y como explica, para abordar los mercados africanos “debe generarse una confianza y una serie incentivos que ofrezcan unas condiciones mínimas de estabilidad, seguridad jurídica y gobernanza”. En el ‘Índice global de facilidad para hacer negocios’, Ruanda ocupa la posición 38 y Kenia, la 56, y entre los países con menor percepción de la corrupción Senegal destaca seguida de Sudáfrica y Ghana.

Fotografía de Hu Chen en Unsplash
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