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Trucos para montar una buena oficina en casa

Trabajar desde casa tiene muchas ventajas: el horario es más flexible, no es necesario desplazarse cada mañana y puede combinarse con las tareas del hogar. Pero para algunos está lleno de trampas. Los más desorganizados pueden verse tentados por la televisión, continuas visitas a la nevera o ese libro que les tiene enganchados (y que está tan cerca del sofá). 

Contar con un buen espacio de trabajo es fundamental para organizarse y ser más productivo. Repasamos una serie de factores a tener en cuenta a la hora de montar una oficina en casa. 

Un lugar donde concentrarse

Aunque no siempre es posible, lo ideal es disponer de una habitación que cumpla únicamente la función de oficina y tres requisitos básicos: estar bien iluminada, tener pocos ruidos y una temperatura agradable.

Según el ‘Informe global de espacios humanos de Interface’, los niveles de bienestar y productividad aumentan un 13% en aquellos entornos de trabajo que incorporan elementos de la naturaleza. Esto implica, por ejemplo, tener vistas a espacios verdes. Pero, además, contar con algo básico para nuestro día a día: luz natural. Esta ayuda a mantener estables nuestros ritmos circadianos y a estar más descansados y relajados. Por ello, es recomendable instalar la oficina en habitaciones con ventanas amplias y evitar patios interiores o lugares oscuros.

Dar con la luz artificial correcta también es importante. Hoy en día, un gran número de trabajadores en remoto pasa la mayor parte de su jornada laboral frente a la pantalla de un ordenador. Para este tipo de trabajo son aconsejables las luces claras, que se parecen más a la natural y cansan menos los ojos. Además, ayudan a mantenerse despierto.

Disponer de un espacio sin ruidos también contribuye a concentrarse y a trabajar de forma relajada. Si es posible, deben evitarse habitaciones que den a vías con mucho tráfico, plazas o colegios. Y aislar correctamente puertas y ventanas. Esto contribuye, también, a mantener una buena temperatura: lo ideal es que ronde los 24 grados y no haya que recurrir a aires acondicionados.

 

 

Funcionalidad y personalidad

Una vez que se dispone del lugar adecuado, llega el momento de optimizarlo para sacarle el máximo partido posible. Lo recomendable es darle la misma importancia que al salón o al dormitorio. Al fin y al cabo, es una habitación en la que se pasarán muchas horas cada día (sobre todo si se trabaja siempre desde casa). 

El primer punto de la lista es el mobiliario. Y aquí entra en juego un concepto fundamental: la ergonomía. La mesa y la silla del escritorio deben ser cómodas y adaptables a las características de cada trabajador. Si la silla es demasiado baja, por ejemplo, puede provocar lesiones en la zona lumbar (uno de los problemas de salud que más costes suponen para los trabajadores). Si es demasiado alta, puede dañar los músculos dorsales y el trapecio.

Además, compensa tener otros muebles como estanterías o cajoneras para tener todo el material de trabajo a mano y organizado. Un pequeño truco para mantener espacios diáfanos y ordenados es esconder los cables de los aparatos electrónicos. Para esto basta con incorporar canaletas (o, claro está, pasarse a dispositivos wireless). Y, aunque pueda parecer que los espacios vacíos ayudan a no distraerse, lo cierto es que la mayoría está más a gusto dando un toque personal  a su estudio con plantas, cuadros y otros elementos decorativos. 

Nunca está de más, por otro lado, instalar el módem o los repetidores wifi en esta estancia. Además de otros aparatos electrónicos que puedan hacer falta, como impresoras o el teléfono. Y, si no se trabaja con ordenador, no es mala idea contar con algún reloj: evitará consultar el teléfono móvil con frecuencia y caer en la tentación de entretenerse con él. 

Lo más importante: separar trabajo y ocio

Diferenciar entre este lugar de trabajo y el resto de la casa es fundamental. No solo para evitar interrupciones (importante para los que tienen familia o comparten piso), sino también para delimitar el horario laboral.

Aunque algunos aprovechan el trabajo en remoto para trabajar a cualquier hora, casi todos son más productivos siguiendo una rutina. Esto no implica necesariamente seguir el típico horario de oficina de 9 a 6, pero sí fijar unos límites

Al separar la oficina del resto de la casa es más fácil dejar el trabajo atrás al final del día y desconectar. A poder ser, al aire libre. Por ello y aunque algunos lo hacen, lo idóneo es no incorporar sofás, televisiones o juegos en el estudio. Y dejar este espacio únicamente para lo que es: el trabajo.

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