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Vivienda
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Así es el inquilino perfecto para tu casa

Cuando pones en alquiler tu propiedad buscas que el arrendatario cumpla unos mínimos y trate tu casa como si fuera suya.

Cada vez más personas viven de alquiler y menos son propietarios de una vivienda. Una realidad constatada por la última ‘Encuesta de Condiciones de Vida’ que ha publicado el Instituto Nacional de Estadística (INE). En concreto, el porcentaje de hogares con vivienda en propiedad cayó en 2018 hasta el 76,7%, el mínimo desde 2004. Por contra, el número de hogares que viven en régimen de alquiler alcanzó el máximo desde que hay estadística, con un 16,9%.

El arrendatario se ha convertido en una figura común. Un traje especialmente hecho a medida de la generación con menor capacidad para el ahorro: la millennial , que ha abrazado la opción del alquiler casi sin posibilidad de escoger. Una nueva modalidad acorde con sus necesidades que, sin embargo, se debe por igual a sus obligaciones frente a su casero. Hablamos de la figura opuesta en esta relación: el arrendador.

Quién es quién

El arrendador es el propietario de un bien inmobiliario el cual cede el uso de la propiedad a otra persona (el arrendatario) a cambio de dinero. Por el contrario, el arrendatario es la persona que tiene el derecho a usar ese mismo bien que pertenece a otra persona (el arrendador) a cambio de una remuneración. Su relación se formaliza a través del contrato de alquiler en el que deben detallarse las condiciones y responsabilidades de ambas partes.

Por el vínculo que se establece entre ambos, elegir un buen arrendatario es clave para la tranquilidad del propietario. No solo se trata de pagar puntualmente cada mes. Las reglas básicas de convivencia determinarán una relación fructífera entre ambas partes. Un comportamiento ejemplar que puede beneficiar directamente al arrendatario, con rebajas en el alquiler, renovaciones del contrato y la confianza de saber que ante cualquier eventualidad, cuenta con su ayuda.

Respeta el contrato

El buen arrendatario ‘cumple’. En concreto con las condiciones, asiduidad y continuidad del arrendamiento establecidas en el contrato que previamente ha sido aceptado por las dos partes involucradas. Por ello es muy importante esclarecer cualquier duda o imprecisión en las cláusulas pactadas para evitar problemas en el futuro.

Es puntual con los pagos

El arrendatario debe realizar el pago de forma puntual en los días acordados para poder usar o seguir disfrutando del bien que está arrendando. Si se incumple con el pago o con algunas de las condiciones acordadas, el propietario puede reclamar la cantidad equivalente o, incluso, solicitar la resolución del contrato de arrendamiento mediante desahucio.

Cuida el inmueble como si fuera suyo

Un rasgo fundamental del buen inquilino es el uso que hace de él. Especialmente debe ajustarse a los términos especificados en el contrato y no para otros fines: por ejemplo, acoger a otros inquilinos o darle un uso comercial o profesional -o viceversa- cuando la propiedad no ha sido promocionada para tal fin.

Se lleva bien con los vecinos

O, como mínimo, respeta las normas básicas de convivencia que recoge el artículo 27.2 de la Ley de Arrendamientos Urbanos. Según ésta, la realización de actividades molestas puede ser una de las causas de resolución del contrato. Esto quiere decir que, si se agota la vía del diálogo ante a un enfrentamiento, es el propietario el responsable de poner fin al contrato de arrendamiento.

Repara y mejora el inmueble

Si se produce algún desperfecto por uso (o mal uso), la reparación de éste debe correr a cargo del inquilino. Por ejemplo, la rotura de un vidrio o de una puerta, un gasto que, de hecho, cubrirá el seguro que tenga contratado el mismo arrendatario. Sin embargo, un buen inquilino no solo repara cualquier desperfecto sino que además puede proponer, siempre con el consentimiento del arrendador, mejoras en el inmueble que no afecten, eso sí, a su estructura o estabilidad.

 


 

Tiene los suministros al día

Un buen inquilino debe ser riguroso con los pagos de todos los suministros que figuran a su nombre: agua, gas, luz… Estos gastos por defecto suelen correr a su cargo, si bien puede haber excepciones que deberán estar correctamente reflejadas en el contrato de arrendamiento.

En definitiva, puntualidad, responsabilidad, seriedad, mantenimiento, empatía y sentido común son los parámetros que miden qué tipo de arrendatario es el más óptimo para un inmueble. También lo son para construir una relación de confianza entre propietario e inquilino que aseguren un entendimiento y respeto a largo plazo y una feliz convivencia entre las partes.

 

 

Fotografías de Avery Klein y Sophia Baboolal en Unsplash
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