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¿Por qué vivir en un entorno rural?

En un contexto en el que el precio de la vivienda en las ciudades no para de subir y el caos impera, mudarse a un entorno tranquilo y tradicional aporta más de una ventaja. 

Atascos, agobio, contaminación… el día a día en la gran ciudad hace que, muchas veces, se anhele la sensación de tranquilidad al regresar al pueblo de vacaciones o en los fines de semana. Cada vez son más los que optan por romper con todo y establecerse en una pequeña localidad; ¿qué ventajas tiene este cambio de vida?

1. La vida es más barata

La vivienda en los municipios pequeños es considerablemente más barata que en la gran ciudad. Por el precio de un piso en Madrid, muchos se pueden permitir un chalé o una casa, ahorro que se aprecia también en el coste de algunos productos –sobre todo de proximidad- o en el menor gasto en cuanto a transporte, ocio o impuestos municipales. Así,  la población de municipios con menos de 100 habitantes se ha incrementado un 13% desde comienzos de 2017 según el Instituto Nacional de Estadística (INE), lo que denota que cada vez son más los que ven en esta opción un modelo de vida más cómodo.  

2. Un modo de vida más sano

La vida en el pueblo da salud. No solo por razones obvias, como la calidad del aire alejado de la contaminación; también por el cambio de hábitos y la reducción del estrés, que hace que desaparezca la ansiedad asociada a vivir demasiado rápido; o la alimentación, mucho más natural y sana, procedente en gran medida de fuentes cercanas e incluso de huertos propios.

3. Mayor seguridad

Los seguros de hogar suelen ser más baratos que en las grandes urbes, ya que la seguridad está mucho menos amenazada. Además, los niños y adolescentes gozan, por lo general, de una libertad mayor, favorecida por la cercanía y el tamaño reducido de los pueblos. 

 

4. Apoyo a la repoblación

En España existen más de un millar de municipios con menos de 100 habitantes, y casi 5.000 con menos de 1.000 habitantes. Mudarse a uno de ellos ayuda a mantener vivas las calles, costumbres y nombres, además de rejuvenecer el ambiente, ¡sobre todo si se crea un nuevo negocio local! 

5. Relación personal

En los pueblos, lo más común es poner nombre propio a casi todos los vecinos. Habrá expertos en fontanería dispuestos a echarte una mano, panaderos que te ofrezcan su mejor pan y carpinteros a los que pedir algo específico sin que suponga un desembolso inasumible. Lo mejor es que, sin duda, tú también tendrás algo que aportar dentro de esa pequeña comunidad. 

6. No sin mi mascota

El pueblo no solo nos hace más felices a nosotros: también es el lugar perfecto para que los animales se desarrollen correctamente. La libertad que experimentan nuestras mascotas en un pueblo aumenta su felicidad y su forma física, por lo que las posibilidades de que sufra algún tipo de trastorno se reducen en gran medida. 

La vida en el campo, lejos de la idea que asaltaba a los más urbanitas hace menos de una década, se ha convertido en una opción muy barajada por aquellas familias que buscan una fórmula vital más natural donde, además de disfrutar de las ventajas económicas de los núcleos rurales, sobrevivir a la rutina no sea la tónica general, sino el disfrute de una vida con menos prisas.

Fotografías de Jagoda Kondratiuk, Siamak Djamei y Anastasiia Tarasova en Unsplash
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