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¿Por qué vivir cerca de tus padres?

En las sociedades mediterráneas más del 40% de padres e hijos conviven en entornos cercanos ya sea en el mismo barrio o localidad. Décadas atrás, cuando las viviendas eran mucho más asequibles que ahora, resultaba bastante frecuente que los padres adquirieran en el mismo edificio pisos para sus hijos y así, poder regalarlos con ocasión de su matrimonio. Aunque en la actualidad las cosas se han puesto mucho más difíciles, ya que el tamaño de las viviendas no permite la residencia común de padres e hijos casados. No cabe duda de que la unión familiar persiste y que ello a menudo, se traduce en la búsqueda de una vivienda en la misma zona que la de los padres

Es obvio que esta práctica tiene una infinidad de ventajas. Una de ellas es el intercambio de ayudas y cuidados entre miembros de las dos generaciones: en una primera etapa consisten sobre todo en las atenciones que los abuelos y abuelas brindan a los nietos (uno de cada cuatro abuelos cuidan de sus nietos a diario). Más adelante el flujo de cuidados se invierte: serán los hijos los que cuidarán de los padres. Estas relaciones son inestimables y tienen un valor recíproco de potenciación de los lazos afectivos, que seguramente perdurará a lo largo del tiempo. Así, de la misma forma que en pueblos y ciudades pequeñas y medianas los niños suelen ir a la escuela andando solos o bien, si son menores, acompañados de sus padres o abuelos, también ello puede resultar posible en las metrópolis si todos los familiares viven en el mismo barrio.  Asimismo, cuando los padres trabajan hasta tarde o no pueden recoger a los niños a la hora de la comida, los abuelos resultan un soporte fundamental para que los más pequeños estén acompañados para comer o merendar, o incluso para hacer los deberes. Con el acogimiento que les brinda la generación mayor, además de contribuir al estrechamiento de lazos intergeneracionales, se le evita al menor pasar parte del día solo. Los abuelos pueden tomar también el testimonio en cuanto a urgencias médicas y enfermedades repentinas de los más pequeños, con la seguridad de que siempre estarán en las mejores manos.

Para los padres mayores, los hijos resultan una ayuda inestimable si se encuentran cerca: en casos de enfermedad, podrán cubrir muchas más necesidades. La comida, la medicación y las atenciones de otra índole serán siempre tareas menos costosas si los hijos no tienen que desplazarse largas distancias. Ante una caída o una urgencia, la capacidad de reacción debido a la cercanía proporcionará un tiempo más que valioso.

No olvidemos las dudas con cierta complejidad tecnológica, como la instalación de algún programa, aplicación o aparato, que siempre serán más fáciles de solucionar para los hijos o incluso, para los nietos.

Tal y como comentábamos, los lazos emocionales generados por la proximidad son cualitativamente incalculables: los abuelos y nietos no se conocen por rápidas “visitas” sino que su respectiva presencia pasa a formar parte del día a día. El apoyo moral y la compañía que se ofrecen unas generaciones a otras de manera totalmente altruista son valiosas armas para enfrentarse a los desafíos de la vida.

 

 

 

 

 

 

Pero al mismo tiempo la proximidad residencial entre padres e hijos se encuentra con algunas dificultades. Hoy en día es cada vez más frecuente que los abuelos estén empleados (un 21,6% de personas mayores de 55 años continúan activas) por lo que no siempre es factible que se hagan cargo de los nietos cuando la generación joven lo necesite. Residir de forma permanente cerca de los padres limita la movilidad sobre el territorio, requerida a menudo por las condiciones cambiantes del mercado de trabajo.

Las condiciones que nos marca la sociedad actual contribuyen enormemente a la planificación familiar actual. Además, la inclinación natural de nuestra sociedad por preservar los lazos familiares da lugar a los patrones de conducta, tanto de los padres como de su descendencia. Es posible que el crecimiento de las nuevas generaciones nos traiga algunos cambios para los que tengamos que planificar nuevas estrategias familiares.

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Fotografías de Jeff Sheldon, Daiga Ellaby y Huy Phan en Unsplash
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