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La diferencia entre invertir hoy o en 10 años

¿Cuándo es el mejor momento para empezar a ahorrar? Ahora mismo. ¿Y a invertir? La respuesta también es: cuanto antes, mejor. El tiempo es quizás el mayor aliado del inversor particular y por eso es importante no desperdiciarlo.

El camino hacia unas finanzas saneadas empieza por el ahorro y sigue con la inversión. El primer paso es ahorrar para crear un fondo de emergencias que nos proteja ante imprevistos. Una vez cubierta esta necesidad, es el momento de poner el dinero a trabajar para obtener una rentabilidad adecuada. Pocas cosas hay más útiles para lograrlo que tener mucho tiempo por delante.

Más tiempo, menos riesgo

¿Por qué el tiempo es tan importante al invertir? Básicamente porque, por un lado, influye en el riesgo que puedes asumir en cada momento y, por otro lado, es lo que permite trabajar al interés compuesto.

Una de las ventajas de la inversión a largo plazo es que el tiempo reduce el riesgo de las inversiones. Así se deduce de estudios realizados por John Bogle o por Wealthfront, entre otros. Según este último, la probabilidad de sufrir pérdidas en una inversión se reduce a la mitad al cabo de diez años frente al primer ejercicio y un 36% al cabo de cinco años. La clave en este punto reside en saber aceptar los cambios a corto plazo en pos de la rentabilidad a largo. Y es que, a corto plazo, la bolsa puede subir o bajar. Pero en periodos amplios de tiempo tiende a su media, que es 9,87% en el caso del índice S&P 500, sumando dividendos.

Más tiempo, menos esfuerzo: así funciona el interés compuesto

La otra gran baza del tiempo tiene nombre propio: se trata del interés compuesto. El interés compuesto tiene el mismo efecto que una bola de nieve para tu dinero, haciendo que crezca más rápido cada año.

La RAE define el interés compuesto como el “interés de un capital al que se van acumulando sus réditos para que produzcan otros”. En otras palabras, reinvertir cada año los intereses que genera la inversión.

A modo de ejemplo. Una inversión de 10.000 euros con una rentabilidad del 10% generaría en un año 1.000 euros. Sin el interés compuesto, al cabo de 5 años el beneficio sería de 5.000 euros. ¿Y aprovechando este efecto? El beneficio sería de 6.100 euros. La clave está en que el segundo año la inversión inicial no sería de 10.000 euros, sino de 10.100 euros, y los intereses se calcularían sobre esa cantidad. Es decir, el rendimiento sería ya de 1.100 euros y no de 1.000 euros.

Si en un periodo de tiempo tan corto hay tanta diferencia, ¿qué es lo que pasa a largo plazo? Que la distancia es todavía mucho mayor, porque a cada año que pasa el efecto del interés compuesto es mayor. Por eso mismo se dice que Albert Einstein la bautizó como la fuerza más poderosa del universo.

La diferencia entre invertir ahora o esperar 10 años

Nada como hacer números para ver lo que pasaría si invertimos 10.000 euros en cada etapa de nuestra vida aprovechando el interés compuesto y con una rentabilidad anual del 6%, en este caso. Esto es lo que habríamos acumulado en el momento de la jubilación a los 65 años:

  • Empezando con 20 años: 137.646,11 euros.
  • Empezando con 30 años: 76.860,87 euros.
  • Empezando con 40 años: 43.918,71 euros.
  • Empezando con 50 años: 23.965,58 euros.
  • Empezando con 60 años: 13.382,26 euros.
 

Está claro que la diferencia en cada lustro es enorme, especialmente cuando se aprovecha el interés compuesto.

 


 

¿Qué pasa cuándo además añades aportaciones periódicas?

No todo el mundo tiene 10.000 euros para invertir. Por el contrario, quienes ahorran y ya tienen cubierta la etapa de crear su fondo de imprevistos, sí que cuentan con un dinero que podrían destinar a invertir cada mes. ¿Cómo les afectaría el interés compuesto? El principio no cambia, pero sí que lo hace el resultado.

Imaginemos una persona que ahorra todos los meses 200 euros y los invierte también con una rentabilidad del 6%. Esto es lo que pasaría en función de la edad a la que empiece:

  • Empezando con 20 años: 527.030,71 euros (108.000 euros de ahorro y 419.030,71 euros de intereses).
  • Empezando con 30 años: 276.058,01 euros (84.000 euros de ahorro y 192.058,01 euros de intereses).
  • Empezando con 40 años: 135,916.17 euros (60.000 euros de ahorro y 75.916,17 euros de intereses).
  • Empezando con 50 años: 57.661,69 euros (12.000 euros de ahorro y 1.964,8 euros de intereses).
  • Empezando con 60 años: 13.964,8 euros (36.000 euros de ahorro y 21.661,69 euros de intereses).
 

En este caso no sólo actúa el interés compuesto, también la cantidad ahorrada. Cuanto antes empecemos, más dinero habremos aportado.

Sin embargo, no tiene por qué ser así. Si empezamos pronto podemos llegar a aportar menos dinero y tener más sólo gracias al interés compuesto. Para entenderlo, vamos a poner dos casos con la situación anterior.

Imaginemos que Juan tiene 20 años y es consciente de la necesidad de empezar a invertir cuanto antes y del poder del interés compuesto. Como es consecuente, todos los meses ahorra e invierte 200 euros con una rentabilidad del 6%. Lo hace hasta los 35 años, momento en el que dedica esos 200 euros a ahorrar para la universidad de su hijo. Eso sí, el dinero que ha acumulado hasta entonces lo sigue invirtiendo a ese 6%.

Por su parte, Pedro ha esperado para empezar a ahorrar e invertir. Por fin, con 35 años, se decide a hacerlo e invierte esos mismos 200 euros al mes y lo hace hasta su jubilación a los 65 años, también con una rentabilidad del 6%. ¿Quién tendrá más dinero llegado el momento?

La respuesta correcta es Juan. Al jubilarse, su patrimonio será de 331.179,41 euros, mientras que el de Pedro alcanzará los 195.851,29 euros. Y lo más sorprendente de todo es que Pedro habrá puesto mucho más dinero de su bolsillo. En concreto, 36.000 euros más. Es decir, ha realizado un esfuerzo mucho mayor porque no ha podido aprovechar tan bien el interés compuesto.

Ahora ya sabes por qué el mejor momento para empezar a ahorrar e invertir es ahora, no mañana. 

 
Fotografía de Matthew Bennett en Unsplash
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