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¿En qué invertir si quiero un riesgo mínimo?

La inversión 100% segura no existe, pero como inversores podemos elegir las opciones que impliquen menos riesgos. Por ejemplo, la renta fija, que es un mercado gigantesco que cuenta con avales muy potentes

El mundo de la inversión es complejo, por eso lo primero que debemos tener en cuenta si entramos en él es que siempre entraña riesgos. Podemos escoger entre dos opciones: arriesgar, o ser más conservadores y decantarnos por productos financieros más seguros. Actualmente, en el contexto económico en el que nos encontramos la manera menos arriesgada de invertir es hacerlo en renta fija.

Renta fija: tipos

La renta fija es el mercado más grande del mundo. A éste acuden estados, empresas y administraciones locales para buscar financiación a través de la emisión de deuda. La renta fija es variada y se clasifica según quien la emite, los tipos de interés y los plazos de vencimiento. Si hablamos de deuda pública los títulos se adquieren en forma de letras, pagarés y bonos. En la deuda privada podremos comprar bonos y pagarés. Como compradores podemos elegir cuántos títulos comprar dependiendo de las características de cada uno. Estos títulos funcionan igual que los préstamos bancarios, se compran a las entidades bancarias que a su vez los han adquirido en el mercado financiero, eso sí, podremos venderlos cuando queramos.

La diferencia principal entre todos ellos son los plazos de vencimiento. En renta fija pública, las letras tienen vencimientos a 3, 6, 9 o 12 años, los bonos vencen a los 3 o 5 años y las obligaciones a 10, 15 o hasta 30 años. Por su parte, los bonos y obligaciones en renta fija privada tienen vencimientos de hasta 10 años. Los pagarés, sin embargo, tienen un vencimiento a corto plazo lo que implica que la rentabilidad será menor, pero eso sí, se pueden vender más rápidamente.

 


 

¿Vender o esperar que venza el título?

Como en el resto de las inversiones aquí tenemos dos opciones: vender o mantener el título hasta su vencimiento. Si decidimos vender nuestros títulos debemos acudir al mercado secundario, en ese caso, el rendimiento que obtendremos será la diferencia entre el precio de venta y el de compra. En el segundo caso, si mantenemos el título hasta el final sabremos exactamente cuánto y cuándo cobraremos, si no hay ningún contratiempo y la empresa u organismo puede hacer frente a los pagos.

Los inversores que compran títulos de renta fija ganan dinero en función de los intereses, que dependen del valor nominal de título. El propio título marca su valor y puede tener un rendimiento explícito o implícito, que condiciona la manera de cobrar. Si optamos por un rendimiento explícito iremos recibiendo pagos de manera periódica. Si por el contrario el rendimiento es implícito solo cobraremos cuando vendamos el título y obtengamos sus beneficios.

Los títulos de renta fija son los que, en general, menos riesgos admiten, por ello, también son los que ofrecen las rentabilidades más bajas. Cuando adquirimos letras, obligaciones y bonos, el Estado se compromete a reintegrar el importe nominal del título más los intereses implícitos que conllevan, por ello aportan seguridad y confianza. Este tipo de inversiones también implican un cierto nivel de riesgo porque si el Estado atraviesa un mal momento económico y deja de generar confianza entre sus competidores los intereses pueden ser más altos. Por eso los mercados se fijan tanto en la prima de riesgo, que es el diferencial del bono alemán a diez años, referencia en Europa por ser Alemania el motor financiero del continente. Cuando los tipos de interés suben, el precio de los títulos baja y cuando bajan los tipos de interés, el precio de la renta fija aumenta.

Otras opciones conservadoras

Además de la renta fija hay más opciones para invertir sin correr muchos riesgos. En la actualidad está aumentado la inversión en oro, que funciona como valor refugio y que en momentos económicos difusos siempre es una buena opción. También podemos invertir en bienes raíces, en inmuebles, plazas de garaje, locales comerciales, etc., que podemos alquilar y que suelen revalorizarse.

En las inversiones, aunque tratemos con números, 2+2 no siempre son 4. Los mercados son hipersensibles a los estímulos internos y externos y cambian continuamente. Aunque aparentemente dominemos las técnicas de inversión, podemos atravesar rachas favorables y desfavorables, lo importante es ser pacientes y evitar la frustración, además de ser conscientes de que podemos ganar o perder dinero.

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