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Declaración de la Renta: ¿sabes cuánto tributan tus ahorros?

Conocer la fiscalidad de los productos de ahorro es clave para evitar sorpresas y sacar un mejor rendimiento de los productos contratados.

La campaña de renta del ejercicio de 2018 ha entrado en la recta final… pero, a menos de un mes de que finalice, todavía hay ciertas dudas que asaltan a los contribuyentes. Una de ellas tiene que ver con el ahorro: ¿qué papel juega este capital que conseguimos acumular mes a mes en el resultado de la declaración?

Lo primero que hay que tener en cuenta es que tributamos en función de dos escalas muy diferentes. La primera, la escala general. Esta se refiere a rendimientos del trabajo, actividades económicas, alquileres, premios... Es una escala que se forma en un 50% vía estatal y otro 50% autonómica. La escala estatal es del 19% al 45%. Las comunidades autónomas tienen potestad para aplicar una escala diferente, por lo que la cifra de retenciones puede ser superior.

Por otra parte, está la escala ahorro. Esta se refiere a los rendimientos de productos financieros, intereses, dividendos, ganancias por la venta de acciones o inmuebles. Es una escala del 19% al 23%. Por eso es importante diferenciar qué entendemos por ahorro, qué tipos existen y sus diferentes tributaciones en la renta ya que los impuestos pueden determinar la rentabilidad final del producto elegido.

Por una parte figuran los intereses generados por los productos financieros como cuentas corrientes a largo plazo. “Son productos sin riesgo, que otorgan un rendimiento muy bajo, prácticamente nulo”, explica Marc López, Director Ejecutivo de Àgora, consultoría y asesoría legal. Sin embargo, según valora López, los tipos de ahorro más comunes a tener en cuenta y que tributan son las acciones, los fondos de inversión y los planes de pensiones.

Productos de ahorro más comunes

1. Las acciones y dividendos

Anualmente, la mayoría de las compañías reparten sus beneficios entre los socios en forma de dividendo. Muchas personas adquieren acciones de compañías que cotizan en bolsa. Lo hacen con un doble interés: por una parte, obtienen dividendos; por otra, ganancias patrimoniales que tributan como producto de ahorro.

2. Los fondos de inversión

Se trata de una modalidad híbrida en la que el contribuyente deposita el capital en un fondo donde expertos en la materia se encargan de gestionarlo. Existen infinidad de fondos con diferentes características y riesgos. Desde un perfil más inmobiliario, renta fija, acciones... “En la práctica, el valor de los fondos también fluctúa y por lo tanto se puede vender el fondo en el momento en el que más interese para generar así una ganancia”, explica López.

3. Planes de pensiones

Los planes de pensiones se pueden retirar a partir de los 10 años, aunque están planteados para retirar a partir de la jubilación. Como norma general, el máximo que podemos rescatar es de 8.000 euros al año. En ellos, las cantidades depositadas restan de los rendimientos del trabajo. Según el director ejecutivo de Àgora, es un producto “importante, atractivo y ciertamente peligroso a la vez pues, a diferencia de los demás, las cantidades depositadas en planes de pensiones son consideradas como un producto que busca un ahorro fiscal”.

Por ejemplo, una persona que tenga un salario bruto de 40.000 euros tributaría en renta por este importe. Si realiza una aportación a planes de pensiones de 8.000 euros, pasaría a tributar ese año por 32.000 euros. “En el momento de la jubilación, cuando se retiren los planes de pensiones (sin límite), incrementará la base de ese año. Por ejemplo, una vez ya jubilado con una pensión de 30.000 euros, si retira 5.000 euros pasaría a tributar por 35.000 euros”, explica Marc López.

Según valoran desde Àgora, esto se traduce en dos efectos de ahorro fiscal: por una parte, diferimiento en el pago de impuestos. Es decir, pagamos más tarde: “Las cantidades no pagadas a Hacienda siguen siendo nuestras (aunque bloqueadas), por lo que generan rendimiento durante muchos años hasta la jubilación”, valoran desde Àgora. Una vez jubilados, la pensión es inferior a lo que se cobraba como salario, por lo que el porcentaje de tributación será menor. Es decir, se paga más tarde y menor cantidad.

 


 

Desde esta asesoría destacan que los planes de pensiones son productos pensados para el ahorro y la retirada poco a poco. Si, con el ejemplo anterior, el jubilado de 30.000 euros decide rescatar el total del plan de pensiones, tributaría a más del 40%, perdiendo no sólo los intereses generados, sino incluso parte del capital aportado.

Los productos de ahorro pueden decantar la balanza del resultado de la renta hacia pagar o devolver, por eso es importante contar con el mejor asesoramiento a la hora de tramitar la declaración. De esta forma, con una correcta planificación fiscal evitaremos cometer errores que puedan generar pérdidas significativas.

 

Fotografía de Jeff Sheldon en Unsplash
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