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Comer fuera de casa y ahorrar es posible

Te decimos las claves para reducir el gasto de esta partida (sin privarte de ir a restaurantes).

Comer fuera de casa puede suponer un elevado gasto mensual para las finanzas personales. Según el estudio de Fintonic 'Restauración en España 2018', los españoles gastan de media al día más de 5 € en bares y restaurantes. Esto se traduce en un gasto medio anual por persona de más de 1.859 euros. Por comunidades, Cataluña y Madrid registran las cifras más altas de gasto en estos establecimientos, con datos medios de gasto anual de 2.541 € y de 2.378 €, respectivamente. En la parte de los que menos gastan están los extremeños, con 1.149 €, y los castellano-leoneses, con 1.194 €.

Comer fuera por motivos laborales 

Las jornadas partidas y las reuniones en diferentes puntos de la ciudad obligan a muchos a comer fuera varias veces por semana -cuando no todos los días-. Es de sobra sabido que comer a la carta es una opción más cara que hacerlo de menú, pero hay que tener en cuenta que menús hay muchos, y no siempre suponen el ahorro que parece.

En este caso es importante revisar bien los suplementos de los menús porque pueden suponer un incremento con el que no contábamos de entrada y desajustar la partida destinada a este fin. De hecho, la asociación de consumidores Facua avisa de 25 abusos que cometen los bares, y entre ellos se encuentran los suplementos injustificados. También avisa de que hay que informarse bien de los platos del día sugeridos por el camarero y de los que no señalan el precio en ningún lado.

Según este mismo aviso de Facua, en el terreno de los menús también existen otras normas no escritas que el comensal no debe aceptar, como la prohibición de compartir menús, el cobro del concepto 'cubiertos', hacer pagar por el agua del grifo (salvo que esté indicado en la carta) o aplicar precios más caros en la mesa que en la barra aunque esté indicado a pie de página.

Más allá de los restaurantes físicos, una opción que resulta económica es pedir comida a domicilio en la oficina a servicios especializados de catering que preparan menús saludables a base de ensaladas, boles de quinoa, pasta y arroz, y con precios más ajustados que los de los restaurantes físicos. Este servicio existe en la mayoría de ciudades españolas de la mano de empresas como Felix y Apeteat.

Restauración por ocio

Cuando la elección de salir a comer no es por trabajo sino por ocio, todo cambia. Pero aunque vayamos con una actitud orientada al hedonismo y al disfrute, no hay que bajar la guardia para que el ahorro siga siendo posible.

A no ser que tengamos muy claro qué establecimiento queremos probar, la primera de las opciones es buscar restaurantes que participen en programas de descuento o que tengan alguna promoción activada en plataformas como El Tenedor y Atrápalo. Estas ofertas se encuentran sobre todo en línea, también en las redes sociales de los mismos restaurantes. 

Asimismo, también existen aplicaciones que permiten comer barato la comida que sobra de los restaurantes, como Too good to go, que salva la comida del desperdicio alimentario con interesantes precios, y otra iniciativa similar We save eat.

Una vez en el restaurante, hay que informarse de si tienen sugerencias del día, que, basadas en productos de temporada, pueden tener precios más interesantes que los platos menos estacionales. Un aguacate de importación siempre será menos económico que un espárrago triguero, por ejemplo.

También hay que fijarse si en el restaurante tienen fórmulas agrupadas que hagan más económico algo que igualmente íbamos a pedir. Por ejemplo, está muy de moda la fórmula francesa de las ostras que, por menos de 10 €, agrupa dos copas de cava y dos ostras.

Comidas grupales

Cuando la comida sea en grupo, se puede evitar la multiplicación del gasto eligiendo restaurantes tipo wok o buffet libre, aunque en estos es esencial tener claro el coste de la bebida, que suele ir aparte. Hay buffets de todos los tipos y son especialmente recomendados para los más golosos y comedores; también para niños que no se terminan el plato.

En el caso de ser un grupo o familia muy numeroso, resulta de gran ayuda hablar previamente con el restaurante y pactar un menú de grupo, aclarando todo lo que entra y los extras que suponen sobrepasarse, por ejemplo, con el pan o el vino. Siempre será más económico algo cerrado que un menú a la carta.

Otro de los grandes engrosadores de la factura en las comidas de ocio son los licores finales, especialmente de los chupitos en un momento en el que ya se ha bajado la guardia. La confusión de si los chupitos van a cuenta de la casa o del cliente suele dejar más de un malentendido sobre la mesa. Preguntar a cargo de quién corren, y en caso de pagarse, su precio, puede evitar abultadas e inesperadas facturas finales.

Son muchos los que disfrutan comiendo y, especialmente en los países mediterráneos de buen producto a un bajo coste, no necesariamente hay que gastar fortunas para quedar satisfecho. Los secretos pasan por estar atento y preguntar siempre que existan dudas.

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