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Así son las cinco etapas de tu vida financiera

A lo largo de nuestra vida vamos pasando por diferentes etapas, cada una de las cuales nos demandará unas necesidades y prioridades financieras distintas.

Hay quien opina que unas etapas son más relevantes que otras, pero lo cierto es que cada una de ellas implica un aprendizaje acumulativo que nos enriquece para dar el salto a la siguiente fase.

Según el Plan de Educación Financiera del Banco de España, la educación financiera debe estar presente y beneficiar a las personas en todas las etapas de su vida, incluyendo la infancia.

Durante los primeros años de vida es fundamental transmitirle a un niño el valor que tiene el dinero junto a los beneficios de practicar el ahorro. Cuando llega la etapa de la adolescencia, es el momento ideal de preparación para una vida económica independiente. En la edad adulta se asumen nuevos retos como la adquisición de una vivienda, la formación de una familia, las decisiones de inversión, los planes de ahorro para el futuro, etc. Y cuando alcanzamos la etapa de madurez, llega el momento de disfrutar de la seguridad financiera que nos hemos ido labrando los años anteriores.

Cinco etapas financieras para cada momento de tu vida

1. La infancia: época de aprendizaje

Los patrones financieros que adquirimos en la edad adulta son un reflejo de la educación que nos han dado nuestros padres o tutores. Por ello, es muy importante introducir una educación financiera desde los primeros años de vida.

Cuando un niño crece, sus mayores referentes son los padres y las personas que conviven con ellos. Esto también se cumple con respecto a los hábitos financieros. 

Establecer unas pautas de ahorro en la familia y compartirlas con los más pequeños es una práctica ideal para su motivación. ¿Que nos queremos ir todos a Eurodisney la próxima primavera? Perfecto, todos los meses meteremos las monedas de 50 céntimos en una hucha hasta que llegue la fecha de partir a Nunca Jamás. Es solo un simple ejemplo sobre cómo hacerlos partícipes de la economía doméstica mientras aportan, aprenden a ahorrar y administran sus gastos por una meta común.

 


 

2. La adolescencia: juventud y etapa de formación profesional  

Si bien es cierto que en la mayoría de los casos durante esta etapa el 100% de los gastos de formación y otros son financiados por los progenitores, también lo es que los patrones financieros cambian. 

En la adolescencia comenzamos a tener nuestros propios gastos para los que necesitamos recursos económicos. En algunos países existe la cultura de inculcarles a los jóvenes la necesidad de trabajar a la vez que se estudia. Esto resulta una experiencia muy enriquecedora, ya que es una forma de prepararles para el futuro profesional a la vez que asumen la responsabilidad de administrar su salario. Además en países como Estados Unidos, los jóvenes financian sus estudios a cambio de trabajo, contribuyendo así a la economía familiar.

Lamentablemente, en nuestro país esta tendencia todavía está poco difundida. Pero una herramienta muy buena para conseguir un resultado similar es utilizar el concepto de ‘la paga’ o la asignación semanal. Un educativo hábito para su cercana emancipación.

3. Edad adulta: ruta financiera en solitario

Convertirse en una persona económicamente independiente es uno de los pasos más importantes que damos en nuestra vida y es que la sensación de libertad y desapego comienza justo aquí.

Dentro de la etapa adulta podemos distinguir dos fases: la inicial y la de desarrollo.

En la inicial, se busca la estabilidad laboral a la vez que se deben formar unos patrones de ahorro que nos ayudarán a cumplir nuestras metas en la siguiente fase de crecimiento profesional.

Será durante este segundo periodo cuando tomaremos una de las decisiones más importantes de nuestra vida financieramente hablando, como es la compra de un hogar. Por otro lado, también es en este momento cuando decidiremos si queremos formar nuestra propia familia. La mayor parte los gastos en esta fase van enfocados en cubrir las necesidades de la economía doméstica.

 


 

4. Consolidación profesional

En la mayoría de los casos, entre los 55 y 65 años, el patrimonio familiar suele estar formado casi en su totalidad, aunque por supuesto siempre es posible seguir mejorándolo. Los ingresos se estabilizan debido a la independencia económica de los hijos y el volumen de gastos genéricos disminuye. 

Las estadísticas dicen que durante esta etapa los bienes y productos que se consumen responden más a un capricho que a una necesidad.

Es importante aprovechar este momento de menos gastos para incrementar nuestra hucha de ahorro con vistas a la etapa de madurez y jubilación.

5. La madurez: libertad financiera y disfrute

En una situación ideal siguiendo los patrones financieros marcados, deberíamos tener suficiente dinero ahorrado tanto para hacer frente a imprevistos como para poder vivir con seguridad y libertad financiera, aunque es cierto que no siempre se consigue.

Digamos que, cuando decidimos jubilarnos, es porque queremos disfrutar de nuestro tiempo libre de una forma tranquila y holgada. Y para ello debemos recoger los frutos que hemos sembrado a lo largo de todos los años anteriores.

Generalizar puede resultar ambiguo, y es cierto que en las diferentes etapas no solo es la edad la que rige el comportamiento financiero de cada momento. Dos personas pueden encontrarse en el mismo periodo de tiempo pero sus circunstancias personales pueden ser bien distintas y, por tanto, su comportamiento financiero también lo será.

Digamos que la vida financiera de cualquier persona debe de cumplir unos patrones que comienzan por la creación de hábitos económicos saludables, la creación y desarrollo del patrimonio y la conservación y disfrute del mismo.

Fotografías de Derek Thomson y John Looy en Unsplash
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