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Cómo son los hogares en diferentes partes del mundo

La concepción de hogar está experimentando cambios en la mayoría de los países del mundo. Una menor importancia al matrimonio, el retraso de la edad a la hora de tener hijos o elegir la opción de no tenerlos son algunas de las tendencias comunes en lugares de Latinoamérica, Asia o Estados Unidos.

Sin embargo, y a pesar de la globalidad, las diferencias existen, pese a que los cambios sean comunes. En Japón crece el número de personas que alargan la convivencia con sus progenitores. En Estados Unidos disminuye el número de matrimonios y de niños nacidos. En Colombia el tamaño de los hogares, que en 1967 era de casi siete personas, disminuye hasta poco más de tres. Y en Europa son cada vez más las personas que viven solas.

Europa: Iguales pero diferentes

Dentro de lo heterogénea que es la Unión Europea, hay algunos patrones que son característicos de este continente. Algunos de ellos se recogen en el informe ‘People in the UE: who are we and how we live?’, publicado por la Oficina Europea de Estadística (Eurostat) en 2015.

Como rasgos comunes, los hogares mayoritarios en la UE son los formados por parejas casadas con o sin hijos (71,4%). Con Chipre a la cabeza (83,9%) y Estonia en último lugar (52,5%). Los unipersonales, es decir, formados por un solo miembro, están presentes en el 31,8% de los casos. En este caso es Dinamarca la que recoge la mayor tasa (45%) y Chipre la más baja (20,8%). Por otra parte, el 16% de las familias son monoparentales (formadas por un progenitor y sus hijos). De estas, el 83,7% está encabezada por la madre y el 16,3% por el padre.

Las diferencias entre países se detectan, sobre todo, en el tiempo que permanecen los hijos viviendo son sus padres y en el momento de su emancipación. Tal y como aprecia Pau Miret Gamundi, investigador del Centro de Estudios de Demográficos (CED) de la Universidad Autónoma de Barcelona, en la Europa del Este y meridional se alarga más que en los países de la Europa central. Y es en estos últimos donde hay más presencia de hogares unipersonales y aquellos formados por una pareja sin hijos.

Los países nórdicos aparecen en los primeros lugares de los rankings de felicidad que cada año publica la Organización de las Naciones Unidas (ONU) e instituciones como el The Hapiness Research Institute. La estabilidad económica y las políticas sociales tienen mucho que ver, pero también las relaciones que establecen con sus amigos y familiares en el hogar. Y eso a pesar de que el buen tiempo no les suele acompañar. O precisamente por esto último. El hogar es el núcleo social en estos países, donde gran parte del ocio se disfruta en casa junto con amigos y familiares. Las viviendas están concebidas y preparadas para ello.

 

 

 

 

‘Solteros parásitos’ en Japón

La cultura asiática difiere de la occidental en muchos aspectos. Y uno de ellos es el concepto que allí tienen del hogar y la familia. Sin embargo, desde la década de los 90, se aprecian cambios que están empezando a modificar esta estructura social en países como Japón.

Hasta 1992, año de la Crisis del Petróleo, el modelo de hogar nipón estaba basado en el rol del hombre que trabaja fuera de casa y la mujer que se queda haciendo las tareas domésticas. Pero una de las consecuencias de la inestabilidad económica fue la aparición de empleos irregulares y con salarios bajos. Y la necesidad de que la mujer se incorporara al mercado laboral.

El experto en sociología familiar y profesor de la Universidad de Chūō, Yamada Masahiro, recoge en su artículo ‘El modelo familiar de Japón: ¿diversificación o virtualización?’ la disminución del interés de los jóvenes de su país en tener pareja. En 2010, la tasa de solteros con edades comprendidas entre los 30 y los 34 años era del 47,3 % para los hombres y del 34,5 % para las mujeres, según datos del censo. Masahiro apunta un dato más: el 80% con edades comprendidas entre los 20 y los 34 años vive con sus padres. A estos los denomina ‘solteros parásitos’.

Esta situación es provocada por dos características que definen la sociedad nipona: la cultura de las apariencias y la presión social ante la ruptura de modelos de hogar más convencionales. De ahí que todavía se sigan tildando de raros a aquellos hombres que viven solos con sus hijos o se ocupan de cuestiones domésticas.

 

 

 

 

El matrimonio pierde importancia en EE.UU.

La diversidad de orígenes de los estadounidenses provoca que la concepción de la vida familiar y los hogares sea múltiple. No todos los ciudadanos del país comparten sentimientos acerca de la religión o las estructuras sociales. Un ejemplo de ellos es cómo se concibe el matrimonio. Según un estudio de Pew Research, un 46% de los estadounidenses cree que la sociedad sería mejor si la gente se casase y tuviera hijos, mientras el 50% no lo considera una prioridad. Una tendencia que queda contrastada con los datos: en 2012 uno de cada cinco adultos mayores de 25 años no estaba casado, mientras que en 1960 esto ocurría en uno de cada 10.

Según recoge el U.S. Census Bureau, este es precisamente el mayor cambio que han experimentado los hogares en Estados Unidos durante las últimas cinco décadas. En 2016, tan solo el 44% de las parejas están casadas, mientras que se ha detectado un aumento de las personas que viven solas (20%) o en pareja (8%).

Una de las consecuencias del aumento de la proporción de estos hogares es que también se demora la edad a la que se tienen hijos. “La mayoría de los bebés nacen de una pareja casada, por lo que es natural ver cambios en el porcentaje de adultos que viven sin hijos en determinados grupos de edad”, afirma Emily Schondelmyer estadista de la Oficina del Censo de los Estados Unidos. “En 1967, el 23,9% de las personas entre 25 y 34 años no tenía. Para 2016, la proporción se duplicó a 61,5 %”.

Hogares más pequeños en América Latina

 

 

 

 

Los cambios que se están produciendo en las estructuras familiares también llegan a Latinoamérica. Uno de los países donde se han detectado más cambios es en Colombia. Aquí, según el World Family Map de 2015, se han registrado el mayor número de parejas que viven fuera del matrimonio en una proporción del 35%. Una tendencia que parece común al resto de países de esta latitud. Además, el 27% de los hijos viven en hogares monoparentales.

La Encuesta Nacional de Demografía y Salud, elaborada en 2015 por el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia, detectó como uno de los cambios más significativos en el hogar la disminución del número personas que lo forman. Mientras que en 1990 –fecha desde la que se viene realizando este estudio– era de 4,5, en 2015 bajó hasta los 3,5. Unos datos que reflejan la disminución de la tasa de fecundidad.

La familia es un organismo vivo, que experimenta cambios al mismo tiempo que lo hace la sociedad donde se desarrolla. Existen puntos en común entre los diferentes países y, sobre todo, una clara tendencia a que el núcleo familiar sea más reducido. Pero aun así, no es lo mismo vivir en Finlandia, calificado como el país más feliz del mundo, que en Burundi, el más triste según el Informe Mundial de la Felicidad  elaborado por la ONU. Con todo, la familia sigue siendo el pilar de las sociedades, sin importar el lugar donde se viva. 

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Fotografías de Benjamin Manley, Katie Emslie, Angela Compagnone y Picsea en Unsplash
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