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Sostenibilidad
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Tres pasos para que los inversores ESG conozcan los riesgos y oportunidades sostenibles de las empresas

18/02/2021

Los criterios ESG han sido uno de los motores bursátiles en 2020. Pero las carteras de inversión responsable demandan información fidedigna y casi en tiempo real de las empresas con sello de calidad ESG.

Las carteras de inversión que se rigen bajo los principios medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG, siglas de ‘environmental, social and governance’ en inglés) superan ya el billón de dólares en activos de empresas respetuosas y con proyectos certificados de cada uno de sus tres criterios. Cifra equivalente al tamaño de las economías de Indonesia o México. Un fenómeno que se ha reactivado durante la pandemia. Solo entre abril y junio de este año, período que registró un espectacular rally alcista de los mercados de capital tras la debacle de las semanas iniciales de la propagación global de la COVID-19, los movimientos inversores hacia este tipo de activos superaron los 71.100 millones de dólares.

Los analistas empiezan a creer que la apuesta del mercado por las empresas que avanzan hacia la neutralidad energética y la economía verde, con políticas sociales y transparencia corporativa ha llegado para quedarse. Entre otras razones, porque disponen de un amplio margen para crecer. Las carteras vinculadas a objetivos ESG son aún una porción reducida de los 41 billones de dólares que atesoran los fondos de inversión en todo el mundo. Es decir, han dejado de ser testimoniales tras el coronavirus. O, dicho de otro modo: han llegado para quedarse. Si bien el examen de calificación inversora a las empresas con proyectos ESG resulta cada vez más exigente.

Para Federico Servetto, Director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, son varias las fuerzas que impulsan este cambio: una nueva regulación nacional y europea, un sistema nanciero que facilita la inversión en productos con mejores ratios ESG y una sociedad cada vez más sensibilizada con el destino y el uso que hacen las compañías de los recursos. Los inversores buscan que sus decisiones tengan impacto sin renunciar a la rentabilidad, y, en este contexto, los criterios ESG se han posicionado como una herramienta útil para hacer realidad esta nueva demanda.

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Los criterios ESG definen unas buenas prácticas en la gestión de las empresas y unas métricas para poder analizarlas, seguirlas y valorarlas. Con el objetivo de verificar si una compañía, en concreto, cumple con estos requisitos, existen organizaciones que estudian las empresas y otorgan una calificación crediticia, una nota ESG, de acuerdo con sus actividades de los últimos años. Dos de las más reconocidas son MSCI y Sustainalytics. Gran parte de ellas son de compañías de cotización pública y presentan resultados trimestrales y auditados. “Consecuentemente, la información que se analiza es reciente y contrastada. Cuando invertimos en un fondo diversificado, la calificación ESG que obtendremos provendrá de las calificaciones ESG de las empresas que se encuentren en cartera”, explica Servetto. 

Para lograr acceder a información oficial corporativa determinante para redirigir las carteras de inversión, Morgan Stanley revela tres pasos fundamentales que ayudarán a valorar los riesgos y las oportunidades, incluso antes de que la empresa haga públicos sus datos relevantes en estos tres principios rectores. Hay cauces para ello. Matthew Slovik, director de Finanzas Sostenibles Globales de esta entidad, recuerda que las compañías confeccionan una lista de prerequisitos en sus informes corporativos sobre crecimientos de ingresos, expansión de mercados o gestión interna que anticipan previsiones de beneficios y la aportación de los asuntos sostenibles en los planes estratégicos de las empresas. Así como información de sus balances contables, donde se pueden encontrar desde valores de Ofertas Públicas de Ventas (IPO), mediante las que se ponen en el mercado algún activo financiero societario o, de forma más precisa, si los vehículos de las empresas utilizan carburantes limpios o fósiles. 

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Tres pasos hacia la información preferencial, que no privilegiada  

La información precisa “es un factor de creciente reconocimiento por parte de los inversores en su objetivo de reducir los riesgos e incrementar sus beneficios bajo los criterios ESG”, explica Melissa James, directora gerente de Global Capital Markets en Morgan Stanley. Las compañías se han concienciado de la conveniencia de aportar formulaciones con certificación corporativa sobre sus negocios sostenibles, sus proyectos con finalidad social y sobre la resistencia de sus modelos de negocio y su gestión interna. Porque de ellos depende que el mercado conozca su capacidad de creación de empleo, su productividad o la calidad de su marca y su reputación empresarial. Y, en este sentido -explica- “hay un puente que conecta las expectativas inversoras y el momento de la divulgación de datos ESG por parte de las compañías”.

  1. Integración de la sostenibilidad en la finalidad corporativa. Los inversores deben ser conscientes de que la información ESG de las empresas es una misión que distingue la gestión tradicional, meramente funcional, de la adaptada a los tiempos futuros, y que se debe ajustar al significado que marcan en sus planes estratégicos. Con implicaciones para accionistas, empleados, consumidores y reguladores. Y con el propósito de generar, primero, y maximizar, después el valor de su acción, mediante la integración de criterios ESG. Bucear en los análisis del impacto que las inversiones, los proyectos y los costes de estos servicios sobre asuntos como el combate contra el cambio climático, los cambios sociales o la ejecución de sus cuentas de resultados, ha pasado ya a ser indispensable.
  2. Identificación de riesgos y oportunidades. Acceder a datos en la etapa temprana de esta información relevante contribuye a analizar fielmente la visión de los inversores y, al mismo tiempo, a determinar las prioridades sostenibles de una empresa. La adopción de la guía de estándares internacionales de la Sustainability Accounting Standards Board (SASB) provee a las empresas de un protocolo uniforme y adecuado de suministro de los datos que reclaman los inversores. Aunque también deberían considerar las normas de la Global Reporting Initiative, que incluye las expectativas a stakeholders, y el elenco de recomendaciones de la Task Force on Climate-related Financial Disclosures. Startups y pymes deberían valorar la contratación de expertos para priorizar la información dirigida a la certificación de sus acciones ESG. Las de mayor dimensión, acudir a consultoras para formalizar convenientemente las estrategias sostenibles.  
  3. Autenticidad comunicativa. Los inversores, en su toma de decisiones, deben conocer si una empresa es o no eficiente en la plasmación oficial de sus criterios ESG a partir de los dos puntos anteriores. Para, a continuación, determinar si los datos son consistentes y comparables, una responsabilidad que recae sobre la política de comunicación de cada compañía. Comprobar si es propensa a la emisión de notas corporativas internas, si sus directivos participan en la transmisión de esta información en canales externos. Casi el 90% de las firmas del S&P 500 publican informes destinados a inversores. La rampante demanda de estos criterios en los mercados debe incitar a las empresas a culminar este reto informativo. Y a los inversores, a exigir los datos precisos y en tiempo real.  

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Fotografía de Zbynek Burival en Unsplash
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