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Taiwán, Vietnam y Corea del Sur. ¿Es el momento de que los nuevos tigres asiáticos hereden el liderazgo de la producción global?

Mon Jul 13 09:59:17 CEST 2020

Han aprendido del camino de éxito que emprendieron en el pasado Singapur, Tailandia o la propia China, y se han posicionado en algunas industrias clave que podrían cambiar nuestra concepción de la economía y del comercio en apenas unos años.

“Exígete mucho a ti mismo y espera poco de los demás”. De esta manera, recomendaba Confucio a sus discípulos desenvolverse ante la vida hace más de 2.500 años. Hoy, una nueva oleada de países asiáticos parece querer tomar el relevo de lo que ya hicieron después de la II Guerra Mundial otros Estados de la región, como Singapur y Hong Kong, gracias a un modelo de crecimiento acelerado y a un desarrollo industrial sin precedentes, que les ayudó a instalarse en solo dos décadas en el denominado Primer Mundo de principales potencias económicas. Así lo revela The Global World en el documento ‘Los Tigres Asiáticos, el éxito del desarrollo oriental’, que cita como receta de su éxito la especialización en determinados sectores, como el químico, la electrónica, la industria automotriz o la informática, junto a una fuerte inversión tecnológica en las fábricas para ser muy competitivas y una legislación flexible para que las empresas extranjeras pudieran instalarse allí con facilidad.

Medio siglo después, otra generación de países asiáticos parece decidida a tomar el relevo, no solo de estos antecesores, sino, también, de China, que, a pesar de los vaivenes temporales, continúa inmersa en un conflicto arancelario con EE.UU., que se inició en marzo de 2018, cuando el presidente Trump invitó al representante de Comercio de EE.UU. a aplicar aranceles por valor de 50.000 millones de dólares sobre productos chinos. Los resultados de este enfrentamiento, como ya ha analizado el FMI, se han dejado sentir en una devaluación del yuan, en la aceleración de los síntomas de una potencial burbuja inmobiliaria en el país y en un crecimiento súbito de la deuda privada, que, aunque no ha impedido a China multiplicar casi por cuatro su PIB nacional y per cápita en la última década, sí que se corre el riesgo, como advierte un estudio de la OCDE, de que en caso de seguir con la guerra comercial abierta, las exportaciones del gigante asiático podrían llegar a caer por encima del 25%, mientras que su PIB se desplomaría en torno a un 1,5%.

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El poder de la integración

En este contexto, muchos vecinos de China están impulsando su posicionamiento internacional, ofreciendo unas condiciones ventajosas para la llegada de compañías foráneas (Impuestos de Sociedades atractivos, bajos niveles salariales, entorno fiscal propicio, seguridad jurídica, regímenes democráticos sin apenas conflictividad social, modernas y bien conectadas infraestructuras logísticas,…), para lo que se están apoyando con fuerza en la agrupación entre ellos para tener una mayor presencia en el comercio global, aunque muchas de estas alianzas ya nacieron en la década de los noventa.

Entre las principales organizaciones supranacionales de la región, cabe destacar la Asociación del Sureste Asiático (ASA), el Asia Pacific Council (Aspac), el Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (Apec), o la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (Asean). En todas ellas, se ha impulsado el desarrollo de sinergias entre sus miembros para fomentar un proceso gradual de especialización productiva, se han promovido programas de estabilidad política y económica frente a la influencia de otras potencias como China y Japón, y se han erigido como entornos para mediar entre conflictos que surgen entre sus miembros desde una órbita de consenso.

Entre los principales problemas para el desenvolvimiento de estas asociaciones, cabe citar la brecha, todavía muy relevante, en el desarrollo económico entre distintos países; la influencia que ejerce EE.UU. en el territorio Asia-Pacífico, y que, aún hoy, muchos de estos Estados prefieren la vía del cierre bilateral de acuerdos comerciales con terceros antes que promover la negociación conjunta.

Vietnam, el más competitivo

Dentro de los nuevos tigres asiáticos, quizá el ejemplo más prometedor es el de Vietnam, que, desde hace unos años, es el primer exportador a EE.UU. de la Asean, formando parte de los 15 países más competitivos del mundo según el Índice de Competitividad Manufacturera Global, de Deloitte. Su PIB acumula cinco ejercicios creciendo por encima del 5%. Cuenta con una población de 92 millones de habitantes, de los cuales el 24% tiene menos de 15 años y un 43%, menos de 25. Según datos estadísticos del Banco Mundial, su coste laboral es de alrededor de la mitad respecto al que tienen los trabajadores chinos.

A pesar de que tradicionalmente el país basaba su crecimiento económico en la exportación de materias primas, desde hace algo menos de una década se está focalizando en electrónica y telefonía móvil, junto al ensamblaje de ordenadores (es la base mundial de, por ejemplo, el fabricante japonés de impresoras Kyocera). Hace unos meses, Samsung anunció que invertirá en el país 20.000 millones de dólares en energía e infraestructuras. En 2018, la industria de la programación ya facturó más de 2.500 millones de dólares en el país. Según la ficha de exportación del ICEX, el tratado de libre comercio UE-Vietnam, aprobado en julio de 2019, eliminará importantes barreras comerciales. En los próximos 8 años, desaparecerán la práctica totalidad de los aranceles a productos españoles. Desde este organismo, indican oportunidades de negocio en la industria alimentaria (alimentación infantil, frutas y productos cárnicos), sector textil y de calzado, segmento farmacéutico (suministros hospitalarios y de laboratorios), transporte, energía y tratamiento de aguas.

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Corea del Sur, el damnificado

Ha sido uno de los países que más sufrido la crisis sanitaria, especialmente durante los meses de enero y febrero. La OCDE, de hecho, cree que tendrá el mayor castigo económico de la zona, con una previsión de caída en el PIB del 1,2% este año, y la advertencia de que una segunda oleada de contagios podría llevar el desplome al 2,5%. El Gobierno propuso hace unas semanas su tercer plan de presupuesto adicional por valor de 35,3 billones de wones (29.000 millones de dólares), para ayudar a las industrias clave a amortiguar el golpe. Con esta iniciativa, ya suman 270 billones de wones (226.890 millones de dólares) los paquetes de estímulos implementados desde el estallido de la pandemia.

A pesar de los efectos de la COVID-19, el país continúa inmerso en una historia de éxito casi sin precedentes a nivel mundial, y que comenzó en la década de los setenta del pasado siglo, cuando su PIB era de 9.000 millones de dólares. Una contundente apuesta estatal por el desarrollo de industrias punteras fomentó que sectores como el petroquímico, el del acero o el del automóvil instalaran allí sus plantas de producción, dando origen a grandes grupos que hoy son por todos conocidos, como Samsung, Hyundai, LG, Lotte o SK Group.

Actualmente, el FMI lo sitúa como la undécima potencia económica del mundo, con un mercado con más de 51 millones de consumidores y un PIB de 1.371 billones de dólares. Según la OCDE, Corea del Sur es el país que más recursos públicos y privados destina a I+D+i en relación con el PIB.

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Taiwán, quitándose la sombra de su hermano mayor

Está a alrededor de cien kilómetros de China, por lo que tenía muchas posibilidades de haber sufrido en todo su rigor los efectos humanos y económicos de la crisis sanitaria, pero su gestión de la pandemia ha resultado ejemplar: menos de 500 infectados y apenas 7 fallecidos. Cuando los sistemas de salud del planeta han ido a buscar explicaciones de este éxito sin precedentes, las tres claves del gobierno han sido muy claras: anticipación, transparencia y Big Data.

China continúa siendo el primer socio comercial del país, representando en 2019 el 29% del total de sus exportaciones y el 19% de sus importaciones, según su Ministerio de Economía. Sumando a Hong Kong, los intercambios se disparan hasta el 31%, si bien la tendencia en los últimos años es a una mayor relación con EE.UU. No en vano, ya es su cuarto destino comercial, con un 12%, superando incluso a Japón.

Según el informe Doing Business del Banco Mundial, Taiwán es más eficiente incluso que China en la industria de la alta tecnología, en especial en el campo de los semiconductores, lo que le posiciona como un socio idóneo para cualquier país que desee liderar la instalación y gestión del 5G, ya que la demanda de chips será muy elevada. Además, su producción tiene una gran reputación mundial, gracias, por ejemplo, a la labor de empresas como Foxconn, el mayor fabricante de productos electrónicos por encargo del mundo, incluidos los iPhone y los iPad de Apple.

 

 

 

 

Fotografía de Zoë Gayah Jonker en Unplash
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