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Seguros de ahorro versus depósitos a plazo: por qué apostar por ellos ahora

20/10/2020

Aunque ambos se basan en el largo plazo para alcanzar sus objetivos, tienen filosofías y particularidades diferentes, lo que les convierte en opciones interesantes a evaluar por parte de los inversores en la actual coyuntura económica.

Es habitual que los inversores más conservadores busquen productos financieros que, además de acumular un capital, les produzcan en el largo plazo rentabilidad suficiente como para intentar lograr los objetivos vitales y económicos que se han marcado, teniendo como fecha clave de futuro su jubilación. La coyuntura actual, donde los tipos están cercanos a cero (cuando no, incluso, en negativo) han obligado a los ahorradores a buscar rentabilidad en otro tipo de activos, principalmente aquellos relacionados con la renta variable. En este contexto, ciertos productos relacionados con los seguros, en especial con el segmento de vida- ahorro, han ganado popularidad y cuota de mercado, aunque todavía existen algunos de ellos que son bastante desconocidos para el público en general.

¿Cómo funcionan los depósitos a plazo?

Los depósitos a plazo son un tipo de producto financiero mediante el cual el cliente entrega cierta cantidad de dinero a una entidad bancaria durante un tiempo determinado, con la condición de que se le devuelva ese capital más los intereses pactados, que se liquidan, normalmente, en su cuenta corriente. Si la persona contratante precisa recuperar parte de su inversión antes del periodo estipulado, por regla general debe abonar una penalización o una comisión por cancelación anticipada. El interés que ofrecen los bancos por estos productos depende tanto del mercado como de la necesidad que tengan en un momento dado de captar fondos, y se mide por la Tasa Anual Equivalente (TAE), el indicador que analiza su rendimiento efectivo, puesto que incluye el tipo de interés nominal menos las comisiones y el plazo de la operación.

Los depósitos, entre otros beneficios, aportan al cliente seguridad de no perder el capital y cobrar un interés previamente estipulado

Las principales ventajas que tienen los depósitos son que aportan al cliente seguridad (de no perder el capital), cobrar un interés previamente estipulado y que, en momentos de crisis, pueden convertirse en un buen refugio para preservar una base relevante de la cartera. Sin embargo, su principal hándicap, además de las comisiones por retirada anticipada de efectivo, es que existen otros productos financieros que son más atractivos desde el punto de vista de la rentabilidad.

La irrupción de la pandemia y la aplicación de las medidas de confinamiento sirvieron para que, en España, los depósitos de los hogares, según datos del Banco de España, tuvieran un crecimiento interanual en abril de 2020 del 6,48%, hasta los 872.200 millones de euros, lo que supuso su mayor incremento mensual desde 2013. Mientras, los depósitos de las empresas se situaron en 275.700 millones de euros, un 11,39% más que el año anterior. Este comportamiento solo es comparable, según el informe ‘Coronavirus pandemic: eurozone retail deposits remain stable’ elaborado por Deposit Solutions, a lo que ocurrió al inicio de la anterior recesión global en 2008, donde los clientes españoles comenzaron a retirar significativamente dinero de los fondos de inversión para transferirlo a depósitos a plazo.

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Desde el punto de vista fiscal, solo tributan en la Declaración de la Renta los intereses generados por los depósitos, y lo hacen como rendimientos del capital según las ganancias que se logren, en una horquilla que va del 19% al 23% (del 19% hasta 6.000 euros; del 21% entre 6.000 y 50.000 euros; y del 23% para cantidades que superen los 50.000 euros). De hecho, de manera automática, Hacienda se queda siempre con el 19% en el mismo momento de percibir los intereses, que luego se ajusta anualmente a través de la Declaración.

Otras alternativas de inversión

Esther Pichardo afirma que los seguros de vida ahorro de acumulación satisfacen diferentes necesidades a sus clientes: permiten ahorrar un capital de manera periódica y con menor esfuerzo; ofrecen la oportunidad de realizar inversiones atractivas que no son accesibles para el pequeño inversor a través de otro instrumento financiero; algunos garantizan una renta vitalicia mientras el cliente vive, ayudándole así a gestionar sus ahorros una vez jubilados; y por último, pueden garantizar también el pago de una cantidad económica a los herederos o beneficiarios del cliente. Según recoge la patronal del sector asegurador, Unespa (Unión Española de Entidades Aseguradoras y Reaseguradoras), en su ‘Guía de buenas prácticas de seguros de vida-ahorro’, esta rama en concreto tiene más de ocho millones de clientes en España, cuyas pólizas suman un valor cercano a los 140.000 millones de euros. También contempla una serie de productos muy diferentes entre sí, entre los que cabe citar algunos ejemplos, como:

  • Unit Linked: Se trata de un seguro de vida vinculado a fondos de inversión o a carteras de títulos, en el que el tomador (cliente) asume el riesgo de la inversión. Es a la vez tanto un seguro de vida como una inversión que apuesta por fondos, acciones o bonos. Normalmente el cliente puede traspasar el capital entre las cestas que pertenecen al Unit Linked tantas veces como desee. La principal ventaja fiscal que tienen es que no se debe tributar mientras no se rescate o venza el producto, y los rendimientos acumulados tributan como cualquier otra renta de ahorro. No tienen límite máximo de aportación pero tampoco ofrecen garantía de rentabilidad. 
  • Planes de Previsión Asegurados (PPA): Tienen la ventaja de que garantizan recuperar el dinero invertido cuando llegan a su vencimiento, con independencia de lo que ocurra en los mercados financieros. Son parecidos a los planes de pensiones ya que no permiten rescatar el dinero hasta la jubilación (salvo en circunstancias excepcionales, como enfermedad grave o desempleo de larga duración), cuentan con unos límites anuales de inversión (8.000 euros al año o el 30% de los rendimientos netos del trabajo y 12.000 euros al año para mayores de 50 años) y favorecen el traspaso del capital ahorrado de un producto a otro sin sufrir penalización (a otro PPA o a un plan de pensiones individual).
  • Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo (SIALP): Proporcionan a los clientes la seguridad de contar con un tipo de interés cierto durante todo el periodo de inversión, otorgando un capital a vencimiento conocido de antemano cuando se realiza la aportación (el SIALP garantiza que, a la finalización del producto se recuperará al menos un 85% del dinero invertido). Cuentan con la ventaja fiscal de que la rentabilidad queda exenta de pagar impuestos si se mantiene al menos cinco años. El límite máximo de aportación es de 5.000 euros al año (compatible con aportaciones a otros productos como PIAS o PPA).
  • Planes Individuales de Ahorro Sistemático (PIAS): son productos pensados para el ahorro de cara a la jubilación, pero con liquidez en cualquier momento y no se benefician de reducción fiscal en el momento de la aportación. Pueden tener o no rentabilidad garantizada y tienen la aportación limitada a 8.000 euros anuales y 240.000€ en toda la vida del contrato. Su principal ventaja fiscal es que, si se cobran pasados al menos cinco años después de la contratación y en forma de renta, todos los rendimientos acumulados hasta el momento de inicio de las rentas quedan exentos de pagar impuestos. Es posible traspasar el saldo de un PIAS a otro sin sufrir penalización. Este producto es idóneo para jóvenes que empiezan a ahorrar para la jubilación y prefieren disponer de liquidez a tener deducciones fiscales; y también para grandes ahorradores que ya aportan los 8.000 euros en un plan de pensiones y desearían ahorrar más para la jubilación (con este producto tienen la posibilidad de ahorrar 8.000 euros adicionales).
Más de 8 millones de personas confían en España en un seguro de vida- ahorro que se adapta al perfil de riesgo y a las necesidades de largo plazo 

Adicionalmente, existen los planes de pensiones: Buscan aportar a los clientes un ahorro en forma de capital o de rentas de cara a la jubilación a través de las aportaciones que realizan y que los gestores invierten según los criterios de rentabilidad y de riesgo previstos en su política de inversión. En España, el límite máximo de aportación es de 8.000 euros al año, que pueden deducirse en la base imponible del IRPF, siempre que no supere el 30% de los rendimientos del trabajo y las actividades económicas, independientemente de la edad.

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En cualquier caso, los productos de vida- ahorro siempre suponen una buena elección, con independencia de la situación del ciclo económico, como complemento a la futura pensión que se cobre llegada la jubilación, de cara a aportar tranquilidad y un nivel de vida que permita disfrutar sin sobresaltos una vez se ponga fin a la carrera laboral.

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