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Sacar dinero sin tarjeta y pagos digitales: las opciones de la banca personal para evitar los contagios

23/09/2020

La industria financiera ha favorecido distintas vías para que los clientes no tengan, en la medida de lo posible, que manipular dinero físico, bajo la premisa de garantizar la máxima protección y la eliminación de cualquier amenaza potencial de contagio.

Reducir al máximo el riesgo de contagio y el contacto en cualquier intercambio comercial. Desde el comienzo de la pandemia del coronavirus, numerosas empresas y sectores comprendieron que uno de los caminos para proteger a los consumidores era evitar que las transacciones económicas se realizaran en mano. En el caso de la industria financiera, este objetivo se materializó en la suspensión temporal de cualquier clase de comisión por utilizar cajeros ajenos, procurando evitar, de este modo, desplazamientos innecesarios por parte de los clientes. Esta fue solo una medida de las muchas que ha implementado el sector durante los meses precedentes, y que han supuesto, entre otros hitos, movilizar a miles de gestores para que, de manera telemática, se pusieran en contacto con los usuarios para asesorarles en esta coyuntura tan complicada, favorecer mecanismos de cara a informar a los clientes más mayores para evitar que corrieran riesgos yendo a la oficina a cobrar la pensión, o ampliar el límite de pago contactless sin necesidad de PIN.

¿Hacia el fin del dinero físico?

A comienzos del mes de abril, cuando muchos países, entre ellos España, habían puesto en práctica medidas de confinamiento para frenar la propagación de la COVID-19, distintos especialistas e investigadores dieron a conocer estudios sobre las superficies y los sistemas que, supuestamente, favorecían la propagación del virus. En esta línea, The New England Journal of Medicine citaba en su informe ‘Aerosol and Surface Stability of SARS-CoV-2 as Compared with SARS-CoV-1’ que, entre otros materiales, el cobre, con el que están hechas muchas monedas, era, junto al plástico, el cartón o el acero inoxidable, uno de los elementos en los que el coronavirus podría sobrevivir durante más tiempo.

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Aunque este y otros documentos también advertían de que quedaba mucho por evaluar hasta poder confirmar de verdad estos datos, incluso la propia Organización Mundial de la Salud (OMS) tuvo que emitir un comunicado asegurando que no tenía constancia de que estos análisis fueran irrefutables, la presión social comenzó a provocar que, en algunos países, se empezara a utilizar menos dinero físico. De hecho, un informe del Banco Internacional de Pagos (BIS) llegó a concluir que, si bien en otras crisis pasadas la demanda de efectivo había crecido, ya que los consumidores se sentían más protegidos si atesoraban capital en sus casas, en esta ocasión tenían bastantes dudas de que no se fuera a producir el efecto exactamente contrario. En cualquier caso, según un informe reciente, en España, durante el mes de marzo, se retiró un 68% menos de efectivo en los cajeros que durante el mismo periodo del año anterior.

Algunos informes señalan que una de las diferencias de esta crisis con el resto es que la gente prefiere no tener dinero en casa ante el riesgo de infección

Mecanismos para pagar sin dinero

Ante la duda sobre el riesgo para la salud, muchos ayuntamientos, como el de Valencia o el de Madrid, llegaron a prohibir que ciertas actividades, como el transporte público, pudiera abonarse en efectivo, algo que, sin llegar a ser tan tajantes, comercios como los supermercados, por ejemplo, también invitaron a realizar. Como principal consecuencia, comenzaron a crecer los pagos por la vía electrónica, en especial mediante las contactless, que posibilitan no tener que teclear el número PIN cuando se utilizan con hasta un determinado límite de gasto. Para favorecer su utilización entre los ciudadanos, muchas entidades de la industria financiera aumentaron dicho límite, principalmente aquellas adscritas al Sistema Español de Pagos con Tarjeta.

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En paralelo, el sector también ha agilizado los pagos a través del teléfono móvil, tanto a través de los mecanismos digitales propios de cada banco como por medio de los sistemas de pago más extendidos, como Apple Pay, Samsung Pay o Google Pay. La clave, en esta clase de transacción, es que tanto cliente como comercio dispongan de la tecnología para poder llevarla a cabo. De hecho, antes de realizar ninguna operación comercial, hay que saber si el teléfono móvil del que se dispone está preparado para los pagos digitales, por lo que debe contar con tecnología NFC (Near Field Communication), que permite conectar dos dispositivos con solo aproximarlos. Lo más habitual es que cualquier smartphone actual cuente con esta característica. El pago a través del telefóno móvil, además, elimina la necesidad de introducir el código en el datáfono para cualquier cantidad, ya que, por regla general, el usuario activa el pago en su propio smartphone mediante su huella dactilar, reconocimiento facial o un código numérico.

Como complemento a esta realidad, también se han potenciado los pagos a través de plataformas como Bizum, un servicio para enviar o solicitar dinero a los contactos de forma inmediata entre usuarios, pero que permite, también, pagar en las tiendas online utilizando una clave digital, e, incluso, poder retirar efectivo de los cajeros sin usar la tarjeta física, como es el caso del servicio Instant Money, que ofrece, por ejemplo, Banco Sabadell.

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Tal y como explica Jordi Pascual, CEO de Paycomet y director de e-commerce de Banco Sabadell, en el Podcast del banco ‘Nuevos canales de venta en tiempos de coronavirus’, “ahora se piden soluciones con las que puedes enviar un SMS, un email o un WhatsApp con la orden de pago, que el cliente recibe y que puede pagar cuando quiera para cerrar la operación. Son soluciones que no son e-commerce puro pero que convierten la venta en algo a distancia”.

El pago a través del ordenador también ha ganado terreno en los últimos meses, ya que muchas personas han escogido realizar la compra online, incluso de alimentos frescos, para sentirse más protegidos en la comodidad del hogar. Aunque todavía muchos comercios digitales ofrecen la opción de pagar contra reembolso una vez se recibe el pedido, cada vez más se escoge la posibilidad del abono previo mediante el número de tarjeta y la firma digital. Para complementar este servicio, algunos bancos han introducido sistemas de pago en sites de gran tráfico, como es el caso de, por ejemplo, Amazon Pay, permitiendo que se puedan llevar a cabo las compras online sin que el usuario deba facilitar sus datos personales o su número de tarjeta.

 
La tecnología NFC ha ganado impulso durante la pandemia como mecanismo comercial para evitar cualquier contacto entre cliente y vendedor

Sacar dinero sin tarjeta durante la pandemia

Según el Banco de España, en nuestro país existen 87 millones de tarjetas en circulación. Sin embargo, las necesidades de extremar las precauciones debido a la crisis sanitaria derivada del coronavirus han empujado a la industria bancaria a impulsar sistemas para permitir a sus clientes sacar dinero de los cajeros automáticos sin tener que utilizarlas, gracias a sus teléfonos móviles. Generalmente, el servicio es gratuito y se accede simplemente descargando la app de la entidad, permitiendo no solo retirar efectivo de un cajero, sino otras funcionalidades, como enviar dinero a otra persona, incluso aunque no sea cliente del mismo banco.

Además de este sistema, también es posible obtener dinero físico sin utilizar la tarjeta, por ejemplo, en un cajero operando con las claves de la banca digital a distancia, o en la ventanilla del banco, si bien en este supuesto es posible que el usuario se arriesgue a tener que abonar una comisión, en especial si su cuenta corriente es solo virtual.

En cualquier caso, si durante la pandemia no hay más remedio, en un momento dado, que recurrir al manejo de efectivo, tanto la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) como otras entidades, recomiendan utilizar guantes cuando se vaya a manipular dinero y, tras su uso, desecharlos, lavarse con abundante agua y jabón tras haberlo utilizado (incluso aunque se haya llevado guantes) y actuar con la adecuada prudencia y sentido común, ya que, por ejemplo, no es necesario desinfectar el dinero que se utilice y más si luego va a guardarse en el bolsillo o en la cartera.

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