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Qué es el ‘tapering’ y cómo puede afectar a los mercados en 2021

28/05/2021

Es probable que los bancos centrales disminuyan sus políticas de estímulo en los próximos meses, lo que tendrá un efecto tanto en los mercados como en la economía

A lo largo de los últimos meses, los principales bancos centrales de todo el mundo, como la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed), el Banco Central Europeo (BCE) o el Banco de Inglaterra han incrementado sus medidas de estímulo a la economía con el objetivo principal de dinamizar la actividad. Cuando se habla de estímulos por parte de estas entidades, lo más habitual es que se esté refiriendo a las inyecciones de liquidez, algo que, desde el punto de vista de las empresas, es esencial para poder acceder a un mayor nivel de financiación y con tipos de interés más asequibles.

Este tipo de estrategia la llevan a cabo los bancos centrales en dos escenarios: cuando la economía parece estancada y ofrece síntomas de que se encuentra cerca del final del ciclo económico, o, directamente, en los momentos de crisis profunda o de recesión. El origen del tapering se encuentra en la contundente reducción de las medidas extraordinarias de compra de activos que hizo la Fed hace unos años para limitar las consecuencias negativas de la crisis de 2008. En 2013, la menor compra de bonos del Tesoro de la Fed provocó que se disparara su venta por parte de los inversores, lo que, a medio plazo, se tradujo en un incremento en la rentabilidad que ofreció este tipo de productos. Gracias a la agresividad de su estrategia, la economía estadounidense se recuperó con fuerza de la recesión, por lo que otros bancos centrales no tardaron en replicar esta medida.

La Fed, reduciendo la compra de activos al final de la recesión de 2008, contribuyó de manera decisiva a que la economía estadounidense se recuperara con mayor fuerza

A partir del segundo semestre de este año, diversos analistas prevén que se dinamice la economía global gracias al efecto positivo que tendrán las vacunas. En este escenario, lo más probable es que los bancos centrales retiren de manera progresiva sus medidas de estímulo, en un proceso que, desde el punto de vista técnico, recibe el nombre de tapering. Por medio de él, los bancos centrales no se limitan a parar de inyectar dinero en los mercados y a vender los activos que han adquirido, principalmente títulos de renta fija y bonos de titulización hipotecaria (conocidos por su nombre en inglés mortgage- backed security), sino que lo seguirán haciendo pero a un ritmo menor. La razón principal de llevar a cabo el tapering de manera pausada y escalonada es que los bancos centrales quieren evitar contribuir a cualquier situación de incertidumbre en los mercados, favoreciendo que estos puedan ajustarse a tiempo.

Tipos de interés e inflación

Uno de los síntomas que, tarde o temprano, se manifestará en los mercados si la economía mundial recupera la normalidad es la reducción de la volatilidad que ha acompañado a los ahorradores durante gran parte de 2020 y lo que se lleva de 2021. Para muchos especialistas financieros, esto será la antesala del inicio de las medidas de tapering por parte de los bancos centrales, cuyo efecto más visible en la renta fija será que, al realizar estas entidades menos compras de bonos, su demanda disminuirá de manera relevante. Ante esta posibilidad, ya hay muchos inversores, sobre todo institucionales, que están empezando a vender sus bonos bajo la expectativa de que estos pierdan parte de su atractivo en el futuro.

Por si fuera poco, a este escenario hay que añadir otra tendencia que cada vez parece más cercana: el aumento de la inflación. Al mejorar la economía global es plausible que la demanda de bienes y de servicios crezca y eso impactará al alza en los precios. En un contexto en el que un número importante de bonos cotiza cerca de cero o, incluso, en tipos de interés negativos, un crecimiento de la inflación es una noticia negativa. Al tener los bancos centrales el compromiso tácito de no actuar hasta que la inflación se dispare por encima del 2%, parece que un incremento en los precios durante los próximos meses, mientras no sea vertiginoso, no provocará ninguna clase de reacción en la política monetaria por parte de estos organismos.

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A este cóctel tan incierto debe sumarse el marco global de crecimiento progresivo de la deuda pública en muchas de las principales potencias económicas que, entre otros factores, ha contribuido a disparar los déficits públicos. Esta situación parece empujar a los bancos centrales a reducir gradualmente las ayudas a la economía de cara a procurar perjudicar lo mínimo posible la recuperación global. De hecho, la Fed ha manifestado en diferentes ocasiones estos últimos meses que quiere reducir su política de quantitative easing (QE), que consiste en comprar niveles de deuda pública en los mercados por encima de lo habitual para, por un lado, mantener los tipos de interés en niveles bajos y, por otro, favorecer un nivel de endeudamiento mayor por parte de los agentes económicos. En la renta fija, este tipo de iniciativas lo que ha supuesto es que, desde hace unos años, los inversores hayan desviado su interés hacia bonos con un riesgo mayor para buscar rentabilidades relevantes.

Las políticas de compra masiva de renta fija llevan a muchos inversores a apostar por bonos con un riesgo mayor para lograr rentabilidad

Por parte del BCE, su presidenta, Christine Lagarde, ha repetido en diferentes ocasiones que se van a retirar progresiva y gradualmente los estímulos monetarios y fiscales, aunque, eso sí, subordinado a que no se produzca un incremento demasiado rápido en los tipos de interés. Desde la óptica de la Fed, la previsión es que no se iniciará una subida general de los tipos, al menos, hasta 2023, por lo que su máximo responsable, Jerome Powell, ha insinuado que las medidas de tapering tendrán un carácter leve hasta que se vaya acercando esa fecha.

Consecuencias para una cartera de inversión

Una de las estrategias de inversión más recomendadas para horizontes temporales largos es la de la diversificación. Eso quiere decir que, junto a activos de renta variable y un riesgo más o menos elevado, deben existir otros de renta fija que, en principio, otorguen mayor seguridad. A pesar de la coyuntura actual de tipos de interés bajos y una inflación al alza, todavía puede ser interesante, desde una óptica de búsqueda de rentabilidad, apostar por la renta fija a largo plazo. Además, existen fondos de inversión especializados en renta fija a medio y largo plazo que, gracias a la gestión profesional que soportan, permiten a los inversores optar a unas plusvalías mayores. Asimismo, hay otro tipo de activos que pueden ofrecer rendimientos más elevados, como son los bonos ligados a la inflación o la renta high yield (que son aquellas emisiones de deuda que tienen unas calificaciones bajas por parte de las agencias de rating).

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Para la renta variable existe un abanico más amplio de opciones para el inversor, que podrá elegir tanto activos con una aparente exposición menor a los ciclos económicos (como es el caso de los fondos de inversión temáticos o focalizados en las megatendencias) o, directamente, optar por estrategias más conservadoras pero que privilegien la obtención periódica de liquidez, como puede lograrse, por ejemplo, a través de la inversión en acciones de compañías que, con carácter habitual, ofrecen dividendos.

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