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Qué activos de inversión son idóneos si se produce un aumento de la inflación

29/04/2021

En un contexto de recuperación es previsible una subida en los precios que, a largo plazo, puede provocar una pérdida en el valor de las inversiones. Existen alternativas de inversión para combatirla esta subida

El Premio Nobel de Economía Milton Friedman decía que la inflación es, en esencia, un impuesto sin legislación. En realidad, se trata de un fenómeno que provoca un aumento generalizado en los precios de los bienes y de los servicios durante un periodo de tiempo. A la larga, su principal efecto es la pérdida de poder adquisitivo de los ciudadanos, aunque también es posible que tenga consecuencias positivas, como, por ejemplo, que impulse el consumo a corto plazo para no hacerlo en el futuro a un coste mayor o que contribuya a que el valor de las deudas de los hogares se reduzca si el crecimiento de la inflación va ligado a un alza proporcional en los salarios. Por regla general, los bancos centrales, para conseguir la estabilidad en los precios, apuestan por mantener una tasa de inflación en un 2% anual.

Tras la recesión global como consecuencia de la pandemia del coronavirus, muchos economistas estiman que la recuperación económica provocará un crecimiento de la inflación. El final del shock de oferta y demanda que se vivió en 2020, debido a las medidas de parón de la actividad y de confinamiento, se une con las inyecciones de dinero que han llevado a cabo algunas de las principales economías del planeta, en un intento de que se vuelva a los niveles de confianza entre los consumidores previos a la crisis y, con ello, se acelere la recuperación. En palabras de Federico Servetto, director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, “la magnitud de las grandes inyecciones de liquidez no se ha visto desde la Segunda Guerra Mundial y, dadas las dimensiones de estas políticas, es probable que veamos una inflación sustancialmente diferente durante los siguientes meses y, quizás, años”. 

Desde el punto de vista de las compañías, para evitar la vulnerabilidad en sus cadenas de suministros (algo que quedó patente, sobre todo, durante el segundo trimestre de 2020) es probable que apuesten por relocalizar sus procesos de fabricación, lo que implica unos costes mayores que se trasladarán, también, al precio final de sus bienes. Por parte de los consumidores, el exceso de ahorro que han generado por la contención del gasto ante la incertidumbre económica, provocará, previsiblemente, un mayor nivel de gasto y de demanda que impactará, también, en la inflación. Para Servetto, “aunque en Europa se espera que siga creciendo y alcance niveles altos pero todavía moderados en términos históricos, en Estados Unidos (EE.UU.) es posible que veamos niveles de inflación no vistos en la última década”.

“Es probable que veamos una inflación sustancialmente diferente durante los siguientes meses y, quizás, años”, afirma Servetto, director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell

La inflación y la renta variable

Como ocurre con otras magnitudes, una inflación que crece constante, ni en una tasa demasiado elevada ni, tampoco, muy baja, es algo esencialmente bueno para las bolsas, ya que permite que el efecto de los precios no condicione en exceso la cotización de los activos de renta variable. Según el experto de Banco Sabadell, “la renta variable y las materias primeras se benefician del actual contexto de recuperación, con una inflación que tiende al alza”. La inversión en este tipo de activos es, habitualmente, la estrategia más efectiva para combatir el principal efecto de la inflación, que es que el dinero pierda valor a lo largo del tiempo. “En un entorno de tipos cero, en el que la renta fija apenas proporciona un retorno real positivo, crece la importancia de ser selectivos y ganar así una rentabilidad superior y un grado de diversificación mayor”, indica Servetto. 

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Evidentemente, las alternativas varían en función del riesgo que se desee asumir, pero, en horizontes temporales largos, dicho riesgo tiende a diluirse. Además, el contexto actual de tipos de interés bajos empuja a la mayoría de los ahorradores a poner a trabajar su dinero para conseguir una rentabilidad que les permita, al menos, mantener el valor de su patrimonio. 

Dentro del amplio abanico de opciones, una de las que tiene mayores posibilidades de éxito es la de los fondos de inversión, ya que, gracias a que cuentan con la gestión de equipos profesionales de expertos financieros y a que apuestan por la diversificación de activos, permiten optar a rentabilidades interesantes en el largo plazo. Entre estos vehículos, en los últimos años han ganado un enorme peso los fondos temáticos, que son aquellos alineados con las megatendencias que impulsan la economía global y que aspiran a convertirse en las industrias líderes del futuro. Los flujos de entrada en este tipo de fondos han pasado de poco más de 1.000 millones de dólares en 2019 a más de 20.000 millones en 2020 y a cerca de 32.000 millones en lo que llevamos de 2021, según datos de Reuters. 

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El envejecimiento de la población, la disrupción de las nuevas tecnologías, los recursos naturales o la sostenibilidad son algunos ejes de estos fondos, que destacan por huir de modas pasajeras, lo que les permite estar descorrelacionados de los ciclos económicos. Además, ofrecen perspectivas de rentabilidad mayores que otros productos similares, aunque, eso sí, también con un nivel de riesgo más elevado. Como indica Servetto, “estas estrategias nos permiten diversificar de forma sustancial y sin renunciar al retorno, más bien lo contrario; nos dan la opción de esperar un retorno superior al de mercado y, por esta razón, el peso de la inversión temática es cada vez mayor en las carteras de inversión”.  

Los fondos temáticos “nos dan la opción de esperar un retorno superior al de mercado y, por esta razón, su peso es cada vez mayor en las carteras de inversión”, afirma Servetto

“Al analizar los retornos anuales de la bolsa de EE.UU. durante los últimos cinco años, vemos que ha estado correlacionada en un 85% con la bolsa europea”. En cambio, “si comparamos con estrategias temáticas específicas, que cuentan con buen potencial para el siguiente año, como son las infraestructuras emergentes o los videojuegos y los eSports, vemos que las correlaciones bajan hasta un 55% y un 58%, respectivamente”. 

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Centrándose en la sostenibilidad, una de las consecuencias de la reciente crisis global es que las empresas más comprometidas con el planeta y con la descarbonización saldrán más reforzadas. De hecho, los fondos que invierten según criterios medioambientales, sociales y de buen gobierno (ESG, según sus siglas en inglés) están registrando rentabilidades, en muchos casos, superiores a la media, en tanto que las políticas de las grandes potencias mundiales, como EE.UU., China o la Unión Europea están favoreciendo el uso de las energías renovables para confeccionar la nueva economía global pos-COVID-19.

El auge de los bonos ligados a la inflación

Desde el lado de la renta fija, un activo que está ganando cada vez más peso en la cartera, principalmente, de los grandes inversores, como fondos de pensiones o aseguradoras, es el de los bonos ligados a la inflación. Tal y como explica Servetto, este producto “hace referencia a bonos de los gobiernos cuyo nominal está ligado a la inflación, de manera que incrementos de esta variable no repercuten de forma directa en una caída en el precio de los bonos, como ocurre en los bonos tradicionales. Existen bonos similares en el mundo de los bonos corporativos, aunque su universo es más reducido”. 

Su principal característica es que su valor nominal varía de acuerdo a la evolución de los precios, de modo que, si durante un periodo de tiempo, la inflación crece, el importe del cupón que ofrecen será más elevado. También puede ocurrir el proceso contrario, lo que hace que se trate de un activo dirigido, sobre todo, en momentos como el actual, en el que se espera un repunte de esta magnitud a lo largo de los próximos meses. De todas maneras, los bonos ligados a la inflación tienen el capital invertido garantizado, lo que significa que el ahorrador podrá siempre recuperar su dinero.

Para Servetto, “este tipo de bonos puede ser indicado para aquellos momentos del ciclo económico en que se espera que la inflación vaya al alza, ya que ofrece una protección adicional respecto al resto de bonos. Sin embargo, no están exentos de los efectos del incremento de los tipos de interés. Ante subidas de tipos, estos bonos pueden caer en precio igual que los bonos tradicionales, aunque con un efecto aminorado por la inflación”.

En cualquier caso, en entornos como el actual en el que se prevé que la inflación repunte, sobre todo en EE.UU., “este tipo de bonos tiene ventajas sobre los bonos tradicionales”. No obstante, todo dependerá del perfil de riesgo de cada inversor. “En perfiles más prudentes, dónde la renta fija y los activos monetarios suponen cerca del 75% de la cartera, este tipo de bonos se presenta como una buena opción y puede ganar cierto protagonismo”, señala Servetto. Por el contrario, “en carteras con perfiles más agresivos, donde la renta fija tiene un peso mucho más residual, existen alternativas que, aunque tengan un mayor riesgo asociado, ofrecen un retorno más atractivo, como la inversión en bolsa, en materias primeras, en infraestructuras o inmobiliaria”, concluye.

Fotografía de Karolina Grabowska en Pexels
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