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¿Pueden ser los seguros un instrumento financiero adecuado para una cartera de inversión?

09/02/2021

Además de los activos de renta fija y de renta variable, es posible incorporar entre el portfolio de inversiones ciertos seguros de ahorro, cuya rentabilidad a largo plazo puede llegar, incluso, a ser más elevada que la de otros instrumentos financieros.

Además de su naturaleza basada en la protección y en la cobertura de accidentes y de enfermedades, los seguros son, también, uno de los principales pilares de la industria financiera, junto con el mercado de crédito y los mercados de valores. El elemento fundamental de su actividad financiera son las primas, que sirven, fundamentalmente, para poder pagar las indemnizaciones a las que tienen derecho los asegurados si así les corresponden. Los seguros pueden ser una alternativa a otros productos financieros que, incluso, llegan a ofrecer una mayor rentabilidad, protegiendo el capital ante cualquier posible riesgo.

Los objetivos a largo plazo de una cartera de inversión

El fin último de cualquier cartera de inversión debería ser el de proporcionar el ahorro suficiente para que una persona pueda complementar sus ingresos durante la jubilación y, de este modo, disponer del ‘colchón’ económico suficiente como para vivir sin sobresaltos a pesar de la lógica pérdida de poder adquisitivo que se produce al retirarse. Para lograr ahorrar, los expertos señalan varias claves, como la constancia, la cautela o la idoneidad de recurrir al asesoramiento profesional para diseñar la mejor estrategia financiera posible.

Además, cabe destacar que, a la hora de planificar una cartera, es imprescindible la diversificación. Por ejemplo, cuanto más joven sea el ahorrador, más agresiva puede ser su estrategia, por lo que tendrán un mayor peso los productos de mayor riesgo, principalmente relacionados con la renta variable, buscando una mayor rentabilidad mientras se asume una exposición más elevada. En cambio, a medida que se acerca la edad de jubilación, conviene ser más prudente y centrarse en alternativas más conservadoras, dando un mayor protagonismo a los activos de renta fija, para preservar el capital mientras se intenta, al menos, batir a la inflación.

En cualquier caso, con independencia del perfil del riesgo o de la edad del ahorrador, es posible incorporar a la cartera seguros, que pueden añadir ciertos aspectos positivos a un plan de inversión.

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El contrapeso de los seguros de vida

En los últimos años, cada vez un número mayor de personas incorpora seguros de vida a sus carteras de inversión. Este tipo de pólizas cubre la muerte, la incapacidad y otra serie de riesgos que afectan a la integridad o a la salud de las personas. Los dos supuestos principales en los que actúan estos seguros son, o bien, en caso de fallecimiento del tomador, circunstancia en la que los beneficiarios reciben la cantidad asegurada en el contrato; o en caso de supervivencia hasta una determinada edad del tomador (fecha que se fija en el acuerdo entre ambas partes), momento en el que la aseguradora le abona el importe económico pactado o una renta periódica.

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Muchos especialistas señalan que, con frecuencia, la contratación de un seguro de vida es más rentable, incluso, que ir ahorrando dinero a largo plazo, ya que el capital que se consigue al concretarse las condiciones pactadas es muy difícil de lograr en condiciones normales mediante una gestión activa de una cartera de inversión. Sin embargo, es cierto que otros expertos argumentan que, mediante una adecuada planificación y gracias a los beneficios del interés compuesto, la gestión activa permite obtener unas plusvalías mayores.

Algunos expertos indican que es posible lograr una mayor rentabilidad a través de un seguro de vida que mediante la gestión activa de una cartera de inversión

En cualquier caso, y con carácter general, una estrategia de inversión basada en seguros conlleva un menor riesgo, por lo que es más adecuada para los perfiles más conservadores, es decir, para aquellos que prefieren conocer con el mayor realismo posible el rédito financiero que van a lograr. En cambio, las personas con unos objetivos financieros más ambiciosos, probablemente optarán por un portfolio de activos que combine productos más arriesgados con otros que, a cambio de una menor rentabilidad, sirvan para aportar una mayor base de solidez.

Otras opciones de inversión mediante los seguros

Dentro de los seguros de ahorro, existen más alternativas que pueden formar parte de una cartera de inversión. Quizá la que más popularidad está ganando en los últimos años es la de los Unit Linked, también llamados fondos de seguros diversificados. A grandes rasgos, su provisión técnica se materializa en un fondo de inversión, acciones o bonos que queda invertida a nombre del asegurador, aunque es el tomador el que soporta el riesgo de la inversión.

Al igual que otros seguros de vida, los Unit Linked garantizan una cobertura en caso de fallecimiento pero, a la vez, permiten invertir. Sus únicos hándicaps son que no garantizan una rentabilidad y que tampoco permiten modificar la inversión que se realice en la póliza, aunque sí se puede cambiar, por ejemplo, el fondo o los activos en los que se participa. Gozan, además, de una importante ventaja fiscal, ya que sus rendimientos acumulados tributan en la declaración de la Renta como cualquier otra renta del ahorro, estando sometidos a una retención del 19%.

Otra posibilidad es la de contratar un plan de previsión asegurado (PPA), que garantiza recuperar el dinero invertido cuando se procede a su rescate, es decir, como ocurre con los planes de pensiones. Además, permite poder realizar el traspaso del capital ahorrado de un producto a otro sin sufrir penalización, tanto a otro PPA como a un plan de pensiones individual. Por otra parte, los seguros individuales de ahorro a largo plazo (SIALP), proporcionan a los clientes la seguridad de contar con un tipo de interés cierto durante todo el periodo de inversión, otorgando un capital a vencimiento conocido de antemano cuando se realiza la aportación. Cuentan, además, con la ventaja fiscal de que la rentabilidad queda exenta de pagar impuestos si se mantiene durante más de cinco años y se percibe en forma de renta vitalicia. El límite máximo de aportación es de 5.000 euros al año (compatible con aportaciones a otros productos como los planes individuales de ahorro sistemático o los PPA).

 

Fotografía de Giancarlo Corti en Unsplash
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