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Por qué el futuro de la educación pasa por la innovación

27/10/2020

La COVID-19 es uno de los mayores desafíos de la historia y, para sobrevivir a él y a los próximos retos que sucedan, es necesario innovar en el modelo educativo, hacerlo más flexible y emplazar a los jóvenes a que resuelvan situaciones similares para que estén preparados para solventarlas también en la vida real.

La apuesta por la innovación y el desarrollo, conocido como I+D, se ha hecho más necesaria que nunca en todas las facetas de la vida a raíz de la COVID-19, algo en lo que, según los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), España continúa estando a la cola de Europa. Se trata de un requisito demandado en el ámbito empresarial hasta el punto de que el director general de ESADE, Koldo Echebarria, afirma en el Podcast de Banco Sabadell dedicado a la innovación, que “no confiaría en ningún proyecto ni empresario que no creyera en el I+D”. Sin embargo, para poder innovar en la empresa, la persona debe haber aprendido a hacerlo en la época formativa, algo que, con el sistema tradicional se vuelve cuesta arriba.

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Para el director general de ESADE, la persona innovadora es aquella que es capaz de conectar problemas reales con soluciones y, para él, sus características están muy claras. Debe tener un 40% de imaginación y creatividad, a repartir a partes iguales entre las dos; un 30% de capacidad analítica, que “tiene que ver con el poder de la razón” y, por último, un 30% de valentía, pero una valentía “consciente, complementaria al análisis y basada en una superación racional del miedo, pues, de lo contrario, corre el peligro de convertirse fácilmente en temeridad”, tal y como explica Echebarria.

Los desafíos: el nuevo I+D de la educación 

Así, para llegar a ese modelo de persona innovadora, la educación juega un papel crucial, puesto que es donde se da forma y se nutre a los profesionales. En palabras del experto de ESADE, “es en la educación donde se encuentra la prueba del valor que tiene la imaginación y de la capacidad de anticiparse a las situaciones a través de ella”. Y, efectivamente, así ha ocurrido con la irrupción de la COVID-19 en las aulas, puesto que nadie imaginaba una educación que no fuera presencial, y menos, que fuese posible hacerla realidad en un periodo de tiempo tan breve.

Por eso, ahora, cuando la tormenta, o al menos lo peor de ella parece que ya ha pasado, llega el momento de rediseñar y reestructurar el business plan educativo para hacer de la innovación una constante en la educación y formar personas que sean capaces de sobrellevar cualquier reto de la vida. Sin embargo, esto no había sucedido hasta ahora, puesto que “tradicionalmente, hemos instruido a través de campos de conocimiento que operan como compartimentos estancos”, comenta Echebarria, a lo que añade que “necesitamos una aproximación interdisciplinar que esté basada en la presentación de problemas reales a los estudiantes”.

En ESADE, estos “problemas reales” reciben el nombre de challenges o desafíos, que se basan en que el alumno se enfrente a problemas y situaciones ante los que le enfrenta la vida porque “no podemos olvidar que los desafíos en los negocios tienen que ver también con la vida”, tal y como señala Echebarria, y los estudiantes deben hacerles frente aplicando, al contrario de como se hacía hasta ahora, más de una disciplina. De esta manera, estarán más y mejor preparados ante situaciones como la recién vivida por la pandemia del coronavirus.

 

En este sentido, ya hay centros a lo largo de toda la geografía española que están implementando técnicas y métodos pedagógicos innovadores que contribuyen a formar personas y profesionales más preparados para vivir en el mundo actual y enfrentarse a estos nuevos desafíos. Ya se educa en la inteligencia emocional, aplicando la teoría de las inteligencias múltiples de Howard Gardner (según la cual tenemos ocho tipos de inteligencias entre las que se encuentran el lenguaje visual, el pensamiento lógico, el conocimiento de uno mismo y la relación y el trabajo con los otros); se estudia por proyectos, impulsando el aprendizaje colaborativo, con una enseñanza basada en competencias o en modelos pedagógicos innovadores como el aula invertida o flipped classroom en el que el estudiante pasa a ser el protagonista.

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Hablar de innovación no es hablar solo de tecnología

En este sentido, aunque la tecnología juega un papel crucial en la innovación educativa y su aportación es indiscutible, siguiendo las advertencias de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), “no siempre más tecnología es mejor”. Es decir: las tecnologías por sí mismas no son las responsables de las mejoras en los procesos de aprendizaje y los resultados de los alumnos, sino que es la forma en la que se integran en los procesos de enseñanza, es decir, la concepción e implementación de metodologías didácticas adecuadas.

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Por eso, tal y como destaca el director general de ESADE, “cuando hablamos de innovación, no solo hablamos de tecnología, ya que existen innovaciones que tienen que ver con aprovechar cambios de comportamiento en los seres humanos”. Es cierto que la tecnología brinda enormes posibilidades de innovación y hoy la sociedad se encuentra ante una ola de rupturas, pero también de oportunidades, por lo que se debe recopilar todo aquello que ayuda a avanzar y a mejorar para afrontar los próximos desafíos desde una posición más afianzada y con mayor apertura de miras.

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