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Por qué el 80% de los inversores particulares se mueven antes por la inercia que por la lógica

26/03/2021

Las decisiones financieras están muy influenciadas por las emociones, especialmente, en momentos de incertidumbre. Sin embargo, existen herramientas para no tomar decisiones irracionales sobre el patrimonio: la diversificación, la paciencia y la constancia.

¿Se pueden separar las emociones de la razón a la hora de tomar decisiones? Este debate ha estado en voga durante siglos y, aún hoy, sigue sin haber una respuesta definitiva. Sin embargo, en 1994, el médico y neurocientífico de la Universidad de Iowa (EE.UU.), Antonio Demasio, planteó la idea de que las emociones y la razón no son extremos opuestos en una escala, sino fuerzas paralelas que nos ayudan a decidir. En definitiva, propuso la existencia de un mecanismo emocional para tomar decisiones. Y es que, en el terreno de las finanzas personales, el 80% de los inversores particulares y el 30% de los institucionales se mueven antes por inercia que por lógica, según Harvard Business School.

Aunque las personas toman decisiones de manera poco meditada y casi automática constantemente, el peso de la parte emocional es aún mayor cuando la decisión en cuestión está relacionada con el patrimonio personal, algo especialmente sensible ya que de ello depende la estabilidad y la seguridad económica familiar. Y, cuando se producen situaciones de mayor incertidumbre, suele ser cuando la irracionalidad y, especialmente el miedo, cogen el mando de las decisiones financieras. En la práctica, hasta el 70% de las decisiones financieras son fruto de las emociones, según explica Federico Servetto, Director de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, en el Podcast de Banco Sabadell

“Esto se debe a que, en general, los seres humanos tenemos una aversión al riesgo y nos pesa más una pérdida de lo que nos aporta la posibilidad de ganar”, comenta Servetto. Así, según los psicólogos Daniel Kahneman y Amos Tversky, padres de la teoría prospectiva, el cerebro percibe las pérdidas con una intensidad 2,5 veces mayor que las recompensas. Por tanto, el placer de ganar 100 euros es menor que el dolor que se siente al perderlos, porque el cerebro humano tiende siempre a sobredimensionar lo negativo.

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Sesgos cognitivos o “atajos emocionales”

La respuesta a la pregunta ‘¿por qué actuamos así?’ la tienen los sesgos cognitivos o los “atajos emocionales”, como los denomina Servetto. Un concepto muy recurrente en psicología y que, desde hace ya tres décadas, lo trabaja un grupo, cada vez mayor, de economistas y financieros. 

Estos expertos comenzaron a dudar y a rebatir los principios de las llamadas finanzas clásicas y a acercarse a lo que hoy se denomina economía conductual o psicología económica, que demuestra que “nuestra cognición y nuestras emociones pesan mucho en las decisiones de inversión, es decir, que no somos seres racionales”, tal y como muestra el informe 'El efecto de las emociones en nuestras inversiones personales', elaborado por Banco Sabadell junto a Novaster y ESADE.

Algunos de estos sesgos son el exceso de confianza, por el que se da mucho peso a la intuición. “El inversor sobreconfiado infravalora los riesgos de su inversión y sobreestima las ganancias esperadas de la misma”, según el informe ‘Psicología para Inversores’, realizado por la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). El sesgo de confirmación, por su parte, empuja al inversor a buscar información que confirme sus ideas ya preconcebidas. El miedo al arrepentimiento paraliza y suele llevar a tomar decisiones de manera lenta. Y la ilusión de control es aquello por lo que creemos estar influyendo en algo que, objetivamente, está completamente fuera de nuestro alcance. “Este sesgo puede llevar a que se asuma un nivel de riesgo superior al adecuado al confiar en que se controlan los vaivenes del mercado gracias a los análisis realizados y la información de la que se dispone”, según la CNMV.

Para Servetto, lo importante es ser consciente de cuándo se está actuando de manera irracional y de que hay herramientas para evitar o contrarrestar los efectos de estas decisiones, sobre todo en relación al efecto que tienen en el patrimonio. Estas son la diversificación, la paciencia y la constancia, que “nos ayudan a conseguir los objetivos de inversión y, además, a minimizar los riesgos que están asociados con los mercados en general”, señala el experto.

Existen herramientas para evitar tomar decisiones irracionales en el ámbito de las finanzas: la diversificación, la paciencia y la constancia

Al hablar de paciencia, hay que entender que los resultados de una inversión no se ven de un día para otro y que hay que dar tiempo al dinero invertido para que dé rentabilidad. La parte positiva de ello es que, con el paso del tiempo, el ruido del mercado y la volatilidad disminuyen y se suavizan. Por el lado de la constancia, lo mejor es crear una sistemática de ahorro y de inversión y, para eso, la clave son las aportaciones periódicas.

Teniendo en cuenta esas tres reglas básicas, cualquier momento es bueno para empezar a invertir. “Los momentos malos y las correcciones en los mercados, en general, suelen ser buenos momentos para invertir, porque las valoraciones son claramente más atractivas”, apunta Servetto. Sin embargo, por lo general, no se suele aprovechar, y “aquí está el truco de la mente”, ya que, precisamente, están cargadas de incertidumbre y rodeadas de un ruido mediático negativo que no anima a invertir y, por lo tanto, son pocos los inversores que se lanzan a por esas rebajas que ofrece el mercado. 

Por ello, se hace necesario contar con un asesor financiero para que guíe al inversor en estos momentos para afrontarlos desde la óptica de proteger las inversiones manteniendo la calma, tomando decisiones meditadas, pero a la vez visualizando estos momentos como idóneos para invertir y como una oportunidad.

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