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Perspectivas en renta fija y renta variable en Asia para 2021

23/03/2021

La recuperación de la economía global puede traer consigo oportunidades en activos de los países asiáticos. Sin embargo, la volatilidad y el riesgo de divisas obligan a los ahorradores a ser cautelosos antes de invertir en estas economías

2021 podría ser un año lleno de oportunidades de inversión gracias a la llegada de las vacunas contra la COVID-19, el apaciguamiento en el conflicto comercial entre Washington y Pekín tras la victoria de Joe Biden en Estados Unidos (EE.UU.) o la recuperación económica que están experimentando algunos países, con China y otras naciones asiáticas a la cabeza. Los bancos centrales, por regla general, parecen apostar por mantener sus programas de compras junto a una tendencia por los tipos de interés cercanos al 0%. Además, es probable que el dólar continúe en una espiral bajista, algo que, en teoría, debería conducir a un repunte del comercio global, en especial entre aquellas economías más expuestas a utilizar esta divisa en sus intercambios, como suelen ser las de algunos países emergentes.

Oportunidades en Asia

Aunque dentro de los países emergentes se encuentran naciones asiáticas tan diferentes como China, Vietnam, Corea del Sur o Malasia, todas comparten una serie de características comunes, como una fuerte tendencia hacia la internacionalización, unas divisas volátiles, un cierto riesgo de inestabilidad política, la ausencia de una clase media fuerte y un gran potencial de crecimiento para los próximos años.

La principal razón para que un ahorrador incluya en su cartera activos de mercados emergentes, en lugar de hacerlo de otros países más desarrollados, es que las expectativas de crecimiento son mayores y, con ello, son más elevadas las perspectivas de rentabilidad en el largo plazo. En el extremo opuesto, el gran hándicap que presentan es el riesgo, lo cual puede significar pérdidas mucho más importantes para los inversores.

Existen varios factores que podrían hacer que el interés de los inversores por algunos países de Asia aumente. Entre otros, cabría destacar las previsiones de importantes incrementos del producto interior bruto (PIB) en 2021, unos niveles de endeudamiento muy bajos y unas rentabilidades de sus bonos bastante por encima de lo que se paga en el denominado Primer Mundo.

La conjunción de un dólar débil junto a una reactivación de la economía de EE.UU. (algo que se está dando al unísono, en especial, desde el último trimestre de 2020) es muy positivo tanto para la renta fija como para la renta variable de este tipo de economías. Y es que este escenario favorable influye en los resultados de las empresas locales, que pueden exportar más barato y, por lo tanto, de un modo más competitivo. Además, la coyuntura de bajos tipos de interés ha servido para aumentar el dinero en circulación, algo fundamental para que, por ejemplo, los bonos emergentes resulten más atractivos, dado que ‘pagan’ más, reducen sus riesgos de impago (o de default) y se eliminan los temores acerca de potenciales problemas de liquidez en estos países.

Los tipos de interés bajos, un dólar débil y la reactivación del comercio internacional juegan a favor de las previsiones de muchas economías asiáticas

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El caso particular de China

La recuperación de la economía China está llamando la atención de los principales inversores del planeta. Tal y como afirma Javier Rúa, experto del área de Dirección de Estrategia de Clientes de Banco Sabadell, el país asiático “ha demostrado gestionar excelentemente la pandemia, consiguiendo que el primer gran brote fuese también el último. Sus industrias, comercios, oficinas y, en general, toda la actividad económica han destacado por un mayor dinamismo respecto a Occidente, un hecho que ha ayudado al gigante asiático a consolidarse como líder económico mundial”.

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De hecho, distintos analistas estiman que China podría experimentar un crecimiento de su PIB de entre el 15% y el 20% interanual durante el primer trimestre de 2021, gracias tanto al impacto atrasado de las medidas de estímulo económico y fiscal como al pronunciado declive que vivió el país durante el primer trimestre de 2020, con el estallido de la crisis sanitaria. En conjunto, diversos especialistas financieros afirman que podría tener un crecimiento en 2021 que supere el 9%.

“China ha demostrado gestionar excelentemente la pandemia, lo que le ha ayudado a consolidarse como líder económico mundial”, señala Rúa

Entre los sectores destacados por los expertos se encuentran el de componentes eléctricos, el de la automoción o el de la automoción industrial, lo que significa que puede haber interesantes oportunidades de inversión en renta variable en empresas del país que operen en esas industrias. Además, algunos especialistas también señalan que las valoraciones de los bonos chinos parecen atractivas, en paralelo a unos sólidos fundamentales del país, lo que debería significar que la demanda de renta fija gubernamental del país ofrezca rentabilidades potencialmente importantes en 2021.

Más allá del gigante chino

Aunque China es la locomotora económica de Asia, existen otros países que pueden cosechar un buen comportamiento a lo largo de los próximos meses. Son los casos de Vietnam, Corea, Taiwán e India, mercados grandes y con un evidente potencial en los que operan compañías especializadas en la digitalización y que cuentan con una presencia global. Además, en estos estados el peso de su deuda es sensiblemente bajo en comparación con el de los países europeos, lo que ofrece a sus respectivos gobiernos un comodín en forma de implementación en el futuro de potenciales políticas de estímulo público a la actividad.

La necesidad de muchos gestores de fondos de inversión de aumentar su exposición a los mercados emergentes para tratar de encontrar una mayor rentabilidad no exime de invertir en economías, dentro de este grupo, sólidas y estables. En este sentido, muchos países asiáticos ofrecen un fuerte consumo doméstico que se complementa con un peso industrial cada vez más elevado de la tecnología. Además, la gran mayoría de ellos están capeando con cierta solvencia la pandemia, algo que les ha permitido iniciar su recuperación antes y, con ello, posicionarse mejor en el contexto de la revolución digital global que está teniendo lugar.

De hecho, las expectativas tecnológicas de Asia, en su conjunto, son inmejorables: de acuerdo a The Brookings Institution, nueve de cada 10 de los próximos consumidores de clase media en el mundo serán asiáticos, siendo su gasto total en 2025 igual que el del resto del planeta. Por otra parte, la región cuenta, en la actualidad, con alrededor de 800 millones de personas dentro de la generación millennial, la mayoría de ellos, nativos digitales. Por si fuera poco, la suma de los usuarios de Internet en toda Asia supera los 2.000 millones de personas, mientras que, en torno a 4.000 millones en la región, ya cuentan con, al menos, un teléfono móvil. Datos apabullantes que, en sí mismos, describen mejor que cualquier otra cosa hacia dónde camina la revolución digital en el mundo.

En el caso particular de Japón, el país ha conseguido, por fin, salir de la situación de deflación en la que llevaba varios años anclado y cuenta con un abanico de empresas globales y diversificadas que, además, disponen de mucha liquidez, por lo que podrían ofrecer sorpresas a lo largo de los próximos meses en forma de adquisición de otras compañías extranjeras. Su índice de referencia, el TOPIX, ha sido uno de los pocos que terminó 2020 en positivo, sumando un 2,6%. De cara a los próximos meses, el reciente cambio de primer ministro parece augurar una época de estabilidad política. A nivel industrial, el gobierno parece haber puesto el foco en la digitalización, dado que solo un 15% de la población cuenta con acceso a Internet. Este amplio margen de mejora otorga evidentes oportunidades de negocio a las empresas tecnológicas locales.

Fotografía de Alain Pham en Unsplash
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