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'Nuevas' fórmulas empresariales para hacer tu negocio competitivo, innovador y eficiente

15/06/2020

La economía colaborativa, los clústers de empresa o las cooperativas son las nuevas fórmulas empresariales que añadirán productividad a los negocios y que se alinean con una sociedad cada vez más colaborativa

Los avances en tecnología han hecho posible la comunicación con cualquier persona y desde cualquier lugar en tiempo real. Las comunicaciones, los bienes, las mercancías y los materiales viajan alrededor de la tierra, hasta casi cualquier punto de ella, sin mayor complicación. Este es el entorno de facilidad que se ha visto potenciado y acelerado necesariamente por la crisis sanitaria y en el que los negocios deben saber moverse, y no solo las grandes multinacionales, sino también las pequeñas y medianas empresas, que han de ser competitivas, innovadoras, rápidas en sus procesos y eficientes en la gestión.

De la última crisis económica hemos aprendido que las empresas que no saben adaptarse y competir no sobreviven a la dureza de los tiempos actuales, ni a la escasez de financiación. En este sentido, hacerse más fuerte en todos los aspectos no siempre es posible sin ayuda, por lo que cobra mucho sentido la posibilidad de colaborar para fortalecerse ante una determinada situación o proyecto.

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La economía colaborativa, el modelo que ya nos ayudó a salir de una crisis

A raíz de ello, en 2008, comenzó a atisbarse un movimiento que se consolidaría en 2010, con la publicación del libro What’s Mine Is Yours: The rise of Collaborative Consumption. Con él, el modelo de la economía colaborativa comenzó a posicionarse como un modelo horizontal e innovador que a través de las plataformas tecnológicas permite optimizar los activos subutilizados y generar nuevas oportunidades de negocio generando mayor empleo gracias a la iniciativa de la propia sociedad, según el informe Matchmaking: el surgimiento de la economía colaborativa, publicado por Llorente & Cuenca en 2016.

El modelo ha ido evolucionando, acogiendo nuevos aspectos año tras año, hasta que, a día de hoy, puede resumirse en “poner en contacto directo a la oferta y la demanda de cualquier sector gracias a la tecnología, eliminando procesos innecesarios que había tradicionalmente y aportando mayor eficiencia, rapidez y reducción de costes para el consumidor”, según asegura Carlos Pierre, CEO de Badi, una startup y aplicación de alquiler de habitaciones que opera en ciudades como Madrid, Barcelona, Londres o Nueva York y cuyo modelo de negocio se basa íntegramente en la economía colaborativa, en este Podcast de Banco Sabadell.

La nueva modalidad de colaboración entre empresas: los clústers empresariales

El modelo de colaboración aporta a las empresas la capacidad de ser más rápidos, más eficientes y más transparentes para el consumidor, tres aspectos cada vez más demandados. Pero el mundo no acaba en la economía colaborativa. Recientemente, han surgido nuevas fórmulas de colaboración empresarial, como los clústers de empresas, dando la posibilidad de complementarse con otras compañías y de sumar fuerzas conjuntamente. 

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Un clúster es una concentración de empresas relacionadas con una materia concreta que se juntan para aumentar su productividad. Su definición es, por tanto, la congregación geográfica de proveedores especializados, compañías interconectadas, socios industriales, proveedores de servicios e instituciones relacionadas que operan en un campo específico y al que están vinculadas de diferente forma. Así consiguen una ventaja competitiva sostenida en una industria determinada.

De forma general, la mayoría de las empresas son reticentes a compartir su sabiduría o conocimiento, pero en un clúster empresarial esto no es un problema y es por ello que conlleva una gran ventaja. Dentro de un clúster empresarial, las empresas deben abordar situaciones similares, motivo por el cual comparten sus conocimientos. Al estar próximos geográficamente la confianza que se genera es mayor.

Los tres principales beneficios de pertenecer a un clúster de empresas son el aumento de la capacidad de innovación, el incremento de la productividad y la reducción de costes. Estas ventajas se obtienen por la posibilidad de compartir conocimientos, capacidades, experiencias y, sobre todo, recursos.

La cooperativa, la forma más tradicional pero más efectiva de la colaboración empresarial

Aunque las cooperativas se han asociado tradicionalmente con el sector agrario, donde han demostrado tener un muy buen funcionamiento a lo largo de los años, también se trata de una fórmula con multitud de ventajas para poder ser aplicada a diferentes sectores. 

La cooperativa está compuesta por personas que deciden asociarse entre sí, de manera que todas ellas conforman, a partes iguales, la organización resultante. Se trata de una agrupación de personas que tienen intención de comercializar productos y servicios, por lo que el objeto de la cooperativa es realizar actividades empresariales, de ahí que se deban determinar cuestiones como los Estatutos o el capital social mínimo para constituirla, como si fuera una empresa ‘normal’.

Si esta fórmula se ha mantenido durante décadas es porque presenta una serie de ventajas muy atractivas para los empresarios respecto a otras formas societarias. En primer lugar, permite un capital social variable, pudiéndose adaptar a las posibilidades de los socios que deciden emprenderla. Tiene responsabilidad limitada, es decir, los socios solo son responsables por la parte de capital que han aportado. Tiene bonificaciones fiscales, libre adhesión; todos los socios participan en la toma de decisiones, cuenta con la posibilidad de adherirse a programas gubernamentales que facilitan la financiación y están exentas de gastos de registro e impuesto sobre la renta.

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Si bien es cierto que las empresas deben encontrar las fórmulas que mejor se adapten a sus objetivos y necesidades, la colaboración no es un aspecto únicamente aplicable a este ámbito. Es la propia sociedad, y las personas, las que estamos en proceso de cambio hacia una sociedad más colaborativa en todos sus aspectos. Una corriente que, sin duda, ha venido para quedarse y a la que hay que sumarse.

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