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Morir de éxito, un peligro real

22/11/2019

Las prisas no son buenas. En economía es mejor ir poco a poco y sentar bien las bases de nuestro negocio que correr mucho sin tener las ideas claras, porque si hacemos lo segundo nos enfrentamos riesgo de perder todo.

En ocasiones ocurre que, por encontrar un hueco en el mercado, ser innovadores, o por una acción de comunicación eficaz y creativa, una empresa irrumpe en el mercado con mucha fuerza y pasa de ser una auténtica desconocida a convertirse en un referente. Pero cuidado, porque todo ese potencial se puede venir abajo en un abrir y cerrar de ojos si no se gestiona de manera adecuada, es lo que se llama morir de éxito.

Muchas empresas han quebrado al convertirse en víctimas de sí mismas, bien porque se enfrentan a un mercado gigante que desconocen o bien porque carecen de los conocimientos, infraestructuras o personal necesarios para mantenerse en pie. Cuando fundamos una empresa tenemos que estar bien informados. No basta solo con tener una idea y echar a andar. Debemos tener claro cuál es nuestro capital, hasta dónde podemos llegar y también saber cuál es nuestra capacidad operativa para ser resolutivos.

¿Cómo puede mi empresa morir de éxito?

1. Cuando la marca bautiza al producto

Una marca muere de éxito cuando se hace tan conocida que su nombre se utiliza de manera general para asociar a todas las marcas que comercializan un determinado producto. Rimmel sería un gran ejemplo. Muy poca gente habla de máscara de pestañas, que es el producto que buscamos cuando pedimos un rímel en la tienda. Rimmel es la marca que lo comercializó en 1830, su popularidad fue tal que el término acabó fusionándose, y rímel y máscara de pestañas comenzaron a utilizarse por igual convirtiendo la marca en el producto.

Lo que en un primer momento se vio como un triunfo absoluto, porque la marca recorrió el mundo y todos hablaban de ella, acabó siendo un fracaso, ya que se diluyó en un océano de generalidades donde perdió su personalidad y sobre todo su propio nombre. En España, el término rímel está reconocido por la Real Academia Española, por lo que estaríamos ante una palabra y no una marca con nombre propio, de hecho, ambos términos solo se distinguen por cómo se escriben. En la misma situación están Klinnex, Tampax o incluso Google, que es el término que se utiliza comúnmente cuando realmente hablamos de un buscador en la red.

2. No saber adaptarse a los nuevos tiempos

En los años 90 empezaron a proliferar las empresas puntocom, internet irrumpió con fuerza y poco a poco todos los hogares comenzaron a disponer de conexión a internet. Este fue el inicio de una nueva era de consumo, más rápido, más cómodo y sobre todo más variado. Aparecieron cientos de nuevas empresas, algunas con productos novedosos y otras con productos de toda la vida, pero llevados a esa nueva realidad que era la red global. De todas ellas, unas cuantas sobrevivieron y otras muchas murieron fruto del desplome de ese mercado, la llamada burbuja de las puntocom. Las supervivientes comenzaron a operar y cambiaron radicalmente el modelo de sus negocios.

Un ejemplo práctico es Kodak, la compañía alemana pionera en comercializar productos de fotografía, que se fundó a finales del siglo XVIII y que fue una de las más potentes del mundo. A Kodak le sobrepasó su propio éxito, porque era tan potente que no supo prever que necesitaría cambiar para seguir siendo igual de rentable. Muchas nuevas empresas le pasaron por delante y, cuando quiso reaccionar, fue demasiado tarde.

3. La sobreexposición, un arma de doble filo

En la actualidad una compañía puede morir de éxito cuando adquiere en muy poco tiempo una popularidad tan grande que convierte su propia empresa en una burbuja. Las redes sociales, la publicidad online, los influencers y las nuevas formas de consumo puede provocar un efecto rebote. La sobreexposición no siempre es buena si no somos capaces de mantener los criterios de calidad. Para evitar problemas de gestión, principal causa del fracaso de las empresas, debemos ir poco a poco. No podemos actuar por impulsos, debemos invertir con cabeza y siguiendo nuestro plan de negocio, aprovechando los momentos buenos. No podemos olvidar que, según el INE, dos de cada tres empresas fracasan en los primeros cinco años de vida, por lo que es mejor pisar sobre seguro y no dejarnos llevar por el momento. Esto es propio de los negocios que apuestan por un crecimiento exponencial.

Para no morir de éxito lo ideal es ir paso a paso, construir nuestra empresa sobre una base sólida, gestionar bien nuestros activos y mantener las cuentas saneadas. A veces es preferible crecer más lentamente y fidelizar a los clientes antes que irrumpir fuertemente con un solo producto y quedar después en el olvido.

 

 

Fotografía de Michael Jasmund en Unsplash
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