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Jubilación
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Los españoles, los que menos ahorran para su jubilación. ¿Qué opciones existen?

11/08/2020

Tener claros los objetivos vitales en el largo plazo y poner en práctica una estrategia de aportaciones periódicas permitirán optar a una vejez sin sobresaltos, en la que se pueda combinar la pensión con los ahorros que se hayan logrado generar.

El sistema de pensiones en España afronta una coyuntura complicada que irá a más con el paso de los años si no se acometen reformas. La conclusión es del propio Banco de España, que, en su informe ‘Envejecimiento y pensiones: situación, perspectiva y retos’, ha asegurado que, antes de que acabe la década, el gasto en pensiones públicas será de un 13% sobre el PIB, y del 14% en 2035, lo que genera cada vez más dudas sobre su sostenibilidad futura. 

Parece que a nivel social, crece la preocupación sobre la situación económica cuando se deje de estar en el sistema laboral. De hecho, según el barómetro del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) de mayo, la incertidumbre en torno a las pensiones públicas ha tocado su máximo histórico, y ya es para el 11% de los españoles uno de los tres principales problemas del país. Sin embargo, resulta paradójico que, de acuerdo al informe de McKinsey & Company ‘The social contract in the 21st century’, tres de cada cuatro personas en España siguen sin ahorrar un solo euro para su jubilación. Es más, de acuerdo a este análisis, mientras un 32% reconoce que no consigue ahorrar, un 10% asegura que únicamente tiene capacidad para subsistir con lo guardado durante los seis últimos meses.

Tres de cada cuatro españoles no ahorran para su jubilación, aunque las pensiones ya es un problema crítico para el 11% de los ciudadanos

De hecho, el estudio compara cómo los habitantes de distintos países están reservando parte de su patrimonio para garantizarse un colchón económico después de retirarse, y España ocupa el puesto 21 de los 22 miembros de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) analizados. El documento señala, además, que el aumento de costes, especialmente el gasto destinado a la vivienda, se ha llevado por delante las subidas salariales entre 2000 y 2018, que cifra en un promedio del 0,7% en los 22 países a estudio y en un 0,2% en España.

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Los intentos políticos

En abril de 1995, el Congreso de los Diputados aprobó un documento que analizaba los problemas estructurales del sistema de seguridad social y las principales reformas que habían de acometerse. Para evitar cualquier controversia partidista e intentar facilitar el acercamiento de posturas, se creó una comisión parlamentaria, de modo que todas las formaciones pudieran proponer medidas para asegurar la sostenibilidad de las pensiones, y que pasó a conocerse como el Pacto de Toledo. Sus 15 recomendaciones iniciales fueron la base para el acuerdo entre Gobierno y sindicatos en 1996, que dio lugar a la Ley de 1997 de Consolidación y Racionalización del Sistema de Seguridad Social.

En la actualidad, esta Comisión, presidida por la socialista Magdalena Valerio, tiene el ambicioso cometido de poner de acuerdo a los distintos partidos para poder llevar a cabo una reforma de las pensiones, con el hándicap de lo ocurrido tras la crisis sanitaria y la recesión económica que de ella se ha derivado. Encima de la mesa está el déficit del sistema de pensiones, que ascendía a más de 19.000 millones anuales hasta el estallido de la pandemia, según la Seguridad Social, y que ahora, distintos especialistas afirman que podría haberse multiplicado por dos solo en estos meses. Y es que la COVID-19 ha dejado un impacto humano en forma de vidas perdidas muy importante que, en el caso de los jubilados asciende a casi 49.000 pensionistas menos, según cifras de la Seguridad Social a 30 de junio de 2020.

El déficit del sistema de pensiones ascendía a más de 19.000 millones de euros al inicio de la pandemia, y esa cifra podría haberse llegado a duplicar

Cómo ahorrar

En medio de esta incertidumbre sobre el futuro de las pensiones en España, parece claro que cuanto mayor ahorro propio se logre generar, más opciones de poder disfrutar una vejez tranquila y sin sobresaltos se tendrán. Y para conseguirlo hay dos factores clave: cuándo comenzar a invertir y a través de qué vías. Sobre la primera cuestión, la respuesta parece coincidir entre todos los especialistas, ya que, aunque conviene empezar a hacerlo cuanto antes, nunca es tarde si se tienen claros los objetivos a conseguir y, sobre todo, si se planifica de manera realista pensando en el largo plazo y, si es posible, rodeándose del consejo de profesionales expertos.

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En cualquier caso, aquí entra en juego el segundo factor, el poder del interés compuesto, que se consigue a través de las aportaciones periódicas en los productos de inversión, ya que, de este modo, es posible optar a obtener un beneficio extra de la propia rentabilidad que se adquiera por ellos. Hace unos años, el Banco de España y la Comisión Nacional para el Mercado de Valores crearon una página web para establecer una serie de recomendaciones a la hora de aumentar el ‘colchón’ para la jubilación, destacando como principales hábitos los de marcarse mensualmente un porcentaje fijo de los ahorros que irá destinado a las inversiones, por ejemplo, de un 10%; procurar finalizar el pago de la hipoteca o de los préstamos que se tengan antes de concluir la vida laboral; revisar periódicamente la cartera de inversión, combinando productos de ahorro, como planes de pensiones, con otros de mayor riesgo en los que se opte a una mayor rentabilidad, como un fondo de inversión; o tener claras las necesidades y expectativas económicas cuando finalice la vida laboral, de modo que se tenga la capacidad monetaria suficiente para poder hacer frente a todos los gastos.

Nunca es tarde para comenzar a ahorrar para la jubilación, teniendo claros los objetivos y recurriendo al consejo de profesionales expertos

Los tres principales productos de ahorro

Aunque existen multitud de opciones en el mercado (los Seguros Individuales de Ahorro a Largo Plazo, los Planes Individuales de Ahorro Sistemáticos, las Rentas Vitalicias o los Unit Linked), los tres principales productos de ahorro que hay en España son:

  • Planes de pensiones. Su principal objetivo es proporcionar a sus partícipes una mayor renta tras jubilarse, recuperando el capital aportado más los intereses tras el retiro. Normalmente, la persona que lo suscribe realiza aportaciones periódicas que los gestores invierten según los criterios de rentabilidad y riesgo previstos en la política de inversión. El límite máximo de aportación es de 8.000 euros al año que pueden deducirse en la base imponible del IRPF, aunque la Ley del IRPF permite hasta 12.500 euros anuales en aportaciones con derecho a desgravación en los planes de pensiones para los mayores de 50 años. La prestación tributará como rendimientos del trabajo y sólo una vez se cobre.
  • Planes de previsión asegurados. Al igual que en el caso de los planes de pensiones, no es posible rescatar el dinero hasta la jubilación (con ciertas excepciones), y permiten al partícipe deducirse la cantidad aportada en la base del IRPF a la hora de realizar la Declaración de la Renta. Es posible traspasar el capital ahorrado de un producto de ahorro a otro sin sufrir ninguna penalización, y tienen unos límites anuales de inversión: 8.000 euros al año o el 30% de los rendimientos netos del trabajo (12.500 euros/año para mayores de 50 años). Sin embargo, se diferencian en que los planes de previsión asegurados garantizan recuperar al menos el dinero invertido cuando se proceda a su rescate, con independencia de lo que ocurra en los mercados financieros, algo que no puede garantizar el plan de pensiones. Además, se integran en una póliza de seguro mientras los planes de pensiones se instrumentalizan a través de fondos.
  • Las Entidades de Previsión Social Voluntaria (o EPSV), propias del País Vasco, son parecidas a los planes de pensiones, aunque tienen algunas singularidades, como que se pueden rescatar diez años después de su contratación y que no hay límite temporal a la reducción del 40% en el caso de rescate en forma de renta por primera vez.

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