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Las aportaciones periódicas y el ahorro inteligente

Thu Feb 27 16:17:01 CET 2020

Descubre las claves de esta herramienta de ahorro que permite automatizar la inversión de forma sencilla y minimizar los riesgos y la incertidumbre propios de los mercados.

En materia de ahorro e inversión, el tiempo se alza como uno de los grandes aliados que tenemos a nuestra disposición. El secreto está en conseguir que éste juegue a nuestro favor, y las aportaciones periódicas se consolidan como una opción óptima para hacer crecer los ahorros y sacarles mayor partido de cara al futuro. 

¿Qué son las aportaciones periódicas?

Las aportaciones periódicas se podrían definir como un vehículo de ahorro que permite realizar inversiones en fondos o planes de pensiones de forma sistemática. A la hora de valorar este tipo de aportaciones suele aparecer el debate sobre si son más rentables que invertir una cantidad de dinero concreta y considerable en un único movimiento; Sin embargo, las cifras hablan por sí mismas y hacen que la balanza se decante claramente por la opción de efectuar una serie de aportaciones más reducidas de forma regular. 

Esto se debe a que al diversificar los momentos en los que se realizan las aportaciones se logra neutralizar el riesgo propio de cada inversión, ya que se consigue amortiguar los vaivenes propios del mercado. Además, gracias a las aportaciones periódicas podemos beneficiarnos del interés compuesto, algo que el propio Einstein definió como la fuerza más poderosa del Universo. Pero vayamos por partes, ¿cuáles son los principales beneficios de las aportaciones periódicas?    

Las tres ventajas clave de las aportaciones periódicas

1. Las tres ventajas clave de las aportaciones periódicas

Todos tenemos metas de ahorro, incluso el físico más importante del siglo XX. Y, tal y como ya hemos visto, las aportaciones periódicas se han convertido en una herramienta óptima para minimizar riesgos. Con este tipo de aportaciones, la incertidumbre ligada a si se elige un buen momento para entrar en el mercado disminuye por el simple hecho de hacerlo en diferentes puntos del ciclo económico. Por ejemplo, si hacemos aportaciones periódicas durante 12 meses, el precio de compra final será el promedio de estas 12 aportaciones y, por lo tanto, el resultado de la inversión no quedará condicionado por un momento puntual y único de compra. 

Para ser más exactos, la probabilidad de sufrir pérdidas en una inversión se reduce a la mitad al cabo de diez años frente al primer ejercicio y un 36% al cabo de cinco años, según estudios elaborados por Wealthfront. Y es que, a corto plazo, la bolsa puede subir o bajar. Pero en periodos amplios de tiempo tiende a su media, que es 9,87% en el caso del índice S&P 500, sumando dividendos. En otras palabras, la clave en este punto reside en saber aceptar los cambios a corto plazo en pos de la rentabilidad a largo. 

2. Convierten el ahorro en un hábito

Una acción se convierte en un hábito cuando se realiza por costumbre, de forma natural, espontánea y sin que suponga un gran esfuerzo para el sujeto. Lavarse los dientes o ponerse el cinturón al entrar en un coche son buenos ejemplos de hábitos que llevamos a cabo casi inconscientemente. Pues bien, ahorrar puede convertirse en una costumbre si logramos automatizar la aportación económica mes a mes. Se trata de ir construyendo y acumulando un patrimonio poco a poco de manera pautada y preestablecida, lo que implica un menor grado de esfuerzo para conseguir el objetivo planteado. Aquí es donde entra en juego el concepto de preahorro, esto es tan sencillo de explicar como apartar una cantidad concreta de los ingresos a principio de cada mes. 

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Sin embargo, a la hora de llevarlo a la práctica, nuestro cerebro tiende a sabotearnos. Esto se debe a que, a priori, estamos diseñados para buscar el beneficio en el corto plazo. En un famoso estudio llevado a cabo con niños por la Universidad de Stanford (EE.UU.), se les pidió que decidieran entre comer en ese momento el caramelo que tenían delante o esperar a que el investigador saliese de la sala y les diera uno más; pues bien, apenas el 30% de los niños logró combatir la impaciencia.

A la preferencia que tiene nuestra mente por la recompensa inmediata hay que sumarle la dificultad que va asociada a la toma de decisiones financieras, y especialmente la de invertir; Sin embargo, la necesidad de ahorrar y de rentabilizar nuestra inversión es una realidad, por eso mismo, automatizar la decisión de inversión y, por lo tanto, preahorrar, es una de las opciones más recomendadas por los expertos. 

Por pequeña que sea la cifra destinada al vehículo de inversión, al hacerlo de forma recurrente y automatizada se acaba convirtiendo en un hábito de ahorro y sin el esfuerzo que implica la toma de decisiones en cuanto a inversión.

3. Aprovechan el interés compuesto

Las aportaciones periódicas, además de ayudarnos a acumular capital, aportan el beneficio del interés compuesto. Se dice que cuando preguntaron a Einstein por la fuerza más poderosa del Universo, sin titubear, respondió: “El interés compuesto”. ¿Pero sabemos realmente qué es este interés compuesto tan ‘potente’? Se trata de las ganancias que se dan sobre el dinero invertido inicialmente debido al efecto multiplicador; en otras palabras, es lo que sucede cada año cuando se reinvierten los intereses que se generan con la inversión. Esto es lo que financieramente se conoce con el nombre de capitalización. 

¿Cuándo empezar a invertir para optimizar las aportaciones periódicas?

La respuesta es unánime: cuánto antes. Para optimizar estas inversiones, lo ideal es comenzar con suficiente tiempo como para que el interés compuesto tenga margen de actuación. Si nos vamos a un caso práctico, la diferencia entre lo que tendría a los 65 años de edad una persona que haya aportado de forma periódica y automatizada 200 euros cada mes con una rentabilidad del 4% a distintas edades: de empezar con 20 años a empezar con 50 hay una diferencia de más de 300 mil euros. 

¿Cuánto hay que aportar de forma periódica? 

Todos sabemos que las circunstancias pueden cambiar en cualquier momento, por eso, la flexibilidad es una de las ventajas más valoradas de este tipo de aportaciones, ya que pueden partir de 30 euros al mes y se pueden incrementar, congelar o cancelar en cualquier momento. Es decir, el inversor decide cuándo y cuánto. Es más, una vez más el tiempo cobra más importancia, se prioriza el cuándo por encima del cuánto. Esto significa que una persona que haga aportaciones periódicas mínimas puede optimizar mejor sus ahorros y acabar teniendo más capital que alguien que invierta cantidades mucho más superiores pero de forma mucho más tardía gracias al interés compuesto. 

No sabemos a ciencia cierta si realmente el interés compuesto es, tal y como apuntó el padre de la física moderna, la fuerza más poderosa del mundo; pero sí podemos afirmar que tiene la clave entre ahorrar o ahorrar de forma inteligente.

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