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La tecnología en la educación, ¿cómo influye en el aprendizaje?

15/09/2020

La tecnología educativa tiene un impacto diferente en el aprendizaje en función del dispositivo, el país, el tiempo de uso, el nivel del sistema escolar y según quién controle el aparato, si el profesor o el alumno

El 14 de marzo de 2020 será recordado por muchos para siempre. En España se decretó el estado de alarma y se tomó la decisión de cerrar definitivamente todos los centros educativos, desde guarderías y colegios a universidades. Esto tan solo marcó el inicio de una batería de medidas aplicadas para intentar frenar la expansión de un virus, la COVID-19, que acabaría convirtiéndose en una pandemia. También supuso el comienzo de algo nuevo en nuestro país para muchos niños y jóvenes: la educación a distancia. Al igual que con el teletrabajo, esta práctica no estaba implementada en el sistema educativo de forma generalizada, sino que las clases presenciales eran lo habitual. De manera inesperada, los colegios se trasladaron a los hogares y los profesores y los alumnos tuvieron que adaptarse en tiempo récord a algo que hasta entonces parecía una utopía: aprender a través de una pantalla de ordenador.

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Esta situación no hubiera sido posible sin un salvavidas claro: la tecnología. Gracias a ella, los compañeros pudieron estar conectados entre ellos y los profesores consiguieron dar la lección. Incluso, se logró que los exámenes pudieran realizarse. Así pasaron unos meses, más tiempo del esperado, hasta que llegó el final de curso, que también se vivió desde casa, aunque, por suerte, celebrando que justo por esas fechas, el 21 de junio, concluía el estado de alarma. Tras los meses de verano vuelve a comenzar el curso escolar, pero lo cierto es que la incertidumbre sigue en el día a día y todos debemos estar preparados para desarrollar las clases tanto en el aula como en el hogar.

El uso de tabletas en ciencias, matemáticas y lectura está relacionado con resultados negativos en los alumnos

En este sentido, el sistema educativo debería plantearse si la tecnología educativa puede desempeñar un papel más relevante en el aprendizaje de los estudiantes y, sobre todo, si puede hacerlo más allá de una crisis como la actual. No hay duda que puede permitir una enseñanza más personalizada, ahorrar tiempo en muchas funciones o tareas y ayudar a los alumnos a adquirir las habilidades digitales necesarias. Y es que en esta materia, no basta con incorporar dispositivos en el aula y esperar lo mejor, sino que ese despliegue debe ser cauteloso y matizado. Así se desprende de un documento elaborado por McKinsey & Company, que establece cinco puntos clave extraídos del informe PISA, el programa internacional para la Evaluación de Estudiantes de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE):

1. El dispositivo importa

Algunos dispositivos están asociados con resultados negativos en los estudiantes. En concreto, aquellos alumnos que utilizan un portátil en matemáticas obtienen cinco puntos menos que los que no. En los casos de ciencias y de comprensión lectora no es significativo el uso de este aparato. Situación similar a la que ocurre con las tabletas, ya que en los tres casos se dan peores resultados cuando se utilizan en el aula, llegando a alcanzar los 21 puntos negativos. En el caso de los proyectores y de los ordenadores con conexión a internet, las evaluaciones son positivas en las tres materias.

El estudio también muestra otro dato interesante: a nivel mundial no hay una diferencia estadísticamente significativa entre aquellos estudiantes que utilizan ordenadores de mesa y pizarras interactivas en el aula y entre aquellos que no los utilizan.

2. La geografía también influye

La relación entre la tecnología y los resultados obtenidos en comprensión lectora varían mucho en función de la región y el país. Por ejemplo, el informe PISA recoge que en todas las regiones -excepto en Estados Unidos (EE.UU.)- los estudiantes que utilizan ordenadores portátiles en el aula obtienen entre 5 y 12 puntos menos que los que no. Por otro lado, en el país estadounidense, los que sí los utilizan sacan 17 puntos más que los que no. Por tanto, ¿dónde radica el motivo de este rendimiento? Una de las opciones podría ser en la penetración, ya que el 71% de los estudiantes de EE.UU. afirma estar utilizando portátiles en el aula, en comparación con la media mundial situada en el 37%.

Cuando el alumno utiliza el aparato de forma autónoma se dan resultados negativos 

Una situación similar ocurre con las pizarras interactivas en los países de la zona europea pero que no pertenecen a la Unión. En estas regiones, parece que estos soportes están perjudicando el rendimiento de los alumnos, pero en este caso los estudiantes tienen unos resultados de 22 puntos. Además, en esta ocasión, la penetración no es significativamente mayor que en otras regiones desarrolladas.

3. Los aparatos, controlados por los profesores

Otra de las preguntas que se incluye en la encuesta es quién utiliza los dispositivos, si el profesor, el alumno o ambos. En este sentido, los mejores resultados a nivel mundial en los tres campos de estudio se obtienen cuando solo es el profesor quien los maneja, aunque en el caso de ciencias también hay un resultado positivo, aunque menor, cuando lo hacen las dos partes. Cuando únicamente es el estudiante quien dispone de la tecnología, los resultados son significativamente más bajos en las tres materias.

En este caso, también se observan diferencias regionales. En todo el mundo se dan resultados negativos si es el alumno el que utiliza solo las tecnologías. También se da esa situación en todos los países cuando lo maneja junto al profesor, pero de nuevo exceptuando EE.UU., que sí muestra resultados positivos de 34 puntos y también cuando solo lo hace el maestro, de 31 puntos en este caso.

4. ¿Cuánto se usa la tecnología?

El tiempo también es un factor que importa y la conclusión es clara, los mejores resultados se dan en dos ocasiones: o los dispositivos no se usan nada o se utilizan durante más de una hora. Por tanto, o se evita la tecnología en el aula o se apuesta por ella de manera firme, según las conclusiones del informe PISA. El tiempo dedicado de más de 60 minutos debe ser por asignatura y por semana.

Por el contrario, en ninguna región se asocia una cantidad moderada, es decir, de entre 1 y 30 minutos o de entre 31 a 60 minutos, con los resultados más altos de los estudiantes. En este sentido, los mejores resultados en matemáticas se dan en todas las regiones cuando no se utiliza nada la tecnología en el aula, a excepción de los países de la zona europea que no pertenecen a la Unión, que la cantidad óptima de uso es menor de una hora. En el caso de la lectura, en Asia y EE.UU. se alcanza el mejor registro cuando el tiempo supera los 60 minutos de uso.

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La situación es algo diferente cuando se analiza el tiempo de uso de los dispositivos a la hora de hacer las tareas de clase en el hogar. EE.UU. alcanza el mejor resultado cuando se utiliza el mayor tiempo posible y, por el contrario, Asia lo hace cuando no se utiliza nada. En Latino América se quedan en el centro y aumentan los resultados cuando destinan entre media y una hora a la tecnología.

5. El nivel de los sistemas escolares, factor importante

El estudio citado profundiza en el campo de la comprensión lectora y concluye que aquellos estudiantes de Asia, América Latina y Europa que utilizan algún dispositivo en las aulas tienen un rendimiento inferior con respecto a los que no los utilizan. Sin embargo, en EE.UU. la situación es diferente de nuevo, ya que cuando se dispone de ellos durante más de una hora se obtienen 17 puntos más. Por otro lado, en Oriente Medio y el norte de África, los datos son bastante más inferiores que en el resto de ejemplos.

Los países con un sistema educativo poco desarrollado deben plantearse si el uso de la tecnología es lo más eficiente

Por tanto, la conclusión que obtiene el informe PISA es que aquellos sistemas escolares denominados como “pobres o justos” tienen las peores relaciones entre el uso de la tecnología y los resultados académicos. Para estos sistemas escolares, la cantidad de tiempo de uso de los dispositivos asociado con los puntajes más altos es de cero minutos, es decir, no hay uso. Sin embargo, en sistemas escolares mejores, como puede ser en Estonia, obtienen un rendimiento superior sin utilizar ningún dispositivo. Otros países con buenos sistemas, como Australia, obtienen las mejores puntuaciones con más de una hora de uso por semana.

Estos datos sugieren, tal y como explica el informe, que el enfoque múltiple del uso de la tecnología es eficaz cuando los sistemas escolares son buenos. Sin embargo, cuando son regulares o no están bien equipados para utilizar los dispositivos en el aula, los países deben replantearse si realmente la tecnología es el mejor uso de sus recursos. 

 
Fotografía de Kelly Sikkema en Unsplash
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