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La rentabilidad de la Inversión Socialmente Responsable

15/09/2020

La sostenibilidad ya ejerce un efecto positivo en los resultados de muchas carteras de inversión, gracias a que las empresas que apuestan por ella están cosechando buenas valoraciones y, sobre todo, están logrando captar el interés de muchos inversores.

Existe un cierto barullo de siglas en torno a la inversión sostenible. Por un lado, tenemos el concepto de la responsabilidad social corporativa (RSC), que, también, se conoce como responsabilidad social empresarial (RSE), y que engloba todas aquellas prácticas e iniciativas que llevan a cabo las organizaciones para gestionar los impactos que se generan sobre sus clientes, empleados, accionistas, el medioambiente y, con carácter general, en la sociedad. Por otra parte, existen los factores ESG (siglas en inglés de ambiental, social y buen gobierno). Desde hace unos años, la integración de información de estas tres vertientes se está incorporando cada vez más en los modelos de valoración y la aritmética de los métodos de cálculo de las inversiones sostenibles, principalmente en relación a las empresas. Finalmente, se encuentra la inversión socialmente responsable (ISR), que es una filosofía financiera que tiene en cuenta los criterios ESG para contribuir al desarrollo sostenible, término que el ‘Informe Brundtland’ de Naciones Unidas definió en 1987 como “el desarrollo que satisface las necesidades actuales de las personas sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones para satisfacer las suyas”.

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Enfoque de inversión

Como regla general, la estrategia de los gestores, fondos de inversión y otro tipo de productos que existen en el mercado y que apuestan por la ISR se basa en una de estas aproximaciones: exclusión en apostar por compañías o industrias que pueden ser calificadas como controvertidas o poco éticas (tabaco, juego, armas,…), involucración proactiva y voto en empresas para fomentar mejoras relacionadas con la sostenibilidad (por ejemplo, para reducir la emisión de gases contaminantes o en relación a promover políticas de inclusión en la plantilla), o selección de entidades que tengan una mejor valoración en materia ESG, de acuerdo a los análisis extra financieros que se lleven a cabo. Dentro de estos dos últimos enfoques se encuadra el Active Ownership, que es una corriente de inversión muy en boga desde hace unos años en la industria mediante la cual los accionistas tienen el deber de influir en las empresas para que su rol positivo dentro de los ecosistemas en los que están presentes sea mayor, incluyendo, además de las iniciativas en sostenibilidad, actuaciones relacionadas con la filantropía. Muchos fondos de inversión de carácter temático defienden esta aproximación.

El ‘Active Ownership’ apuesta porque los accionistas influyan en las empresas para que estas tengan un rol más positivo en materia de sostenibilidad

Además, cada vez es más generalizado entre las gestoras que califiquen a las compañías dentro de diferentes grupos según su apuesta por la ISR. Por ejemplo, es frecuente entre los fondos de inversión la categoría best in class, por la que se puntúa a las empresas según su cumplimiento de las políticas relacionadas con los criterios ESG, descartando de manera automática a todas aquellas que no sean líderes en sus respectivos sectores. También existe el norm based screening, que apuesta solo por las entidades que han suscrito (y cumplen) diferentes tratados internacionales. Quizá los más conocidos en la actualidad son los Principios para la Inversión Responsable, promovidos desde 2005 por Naciones Unidas (UNPRI, por sus siglas en inglés), y los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), adoptados en 2015 por la misma organización.

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Identificando el beneficio

Muchas de las gestoras financieras internacionales realizan sus propios análisis extra financieros que incluyen sistemas de valoración de las políticas ESG que desempeñan las diferentes compañías y sectores. De hecho, un estudio de la Global Sustainable Investment Alliance (GSIA) afirma que el 25% de los activos gestionados a nivel mundial hoy ya siguen criterios basados en la sostenibilidad a la hora de configurar sus carteras. Además, también existen proveedores como Sustainalytics que se dedican a valorar la sostenibilidad de compañías cotizadas. En esta línea, existen además índices bursátiles internacionales especializados en empresas que cumplen con los criterios ESG, como el Dow Jones Sustainability Index, The Ethibel Sustainability Index o el FTSE4Good Index Series.

Por su parte, Spainsif, organización sin ánimo de lucro que promueve la inversión ESG, afirma en su estudio ‘La inversión sostenible y responsable en España’ que una inversión ISR es aquella con un análisis financiero (rentabilidad- riesgo), con un análisis extra financiero sobre los criterios ESG, y que incluye un ejercicio de la propiedad activa, es decir, un diálogo activo con las empresas y el ejercicio del derecho a voto en las Juntas de Accionistas. Sin embargo, esta entidad también asegura que es aconsejable que, en un enfoque de inversión ISR, el horizonte temporal debe ser más elevado que en otro tipo de estrategias. Esto es así porque, por definición, las entidades que demuestran un compromiso presente y futuro por valores como la ecología, el respeto a las minorías, la inclusión o la gobernanza, presentan planes de desarrollo de negocio a varios años y son más proclives a evitar riesgos adicionales que el resto, por lo que se garantiza una mayor eficiencia en el binomio rentabilidad- riesgo de una cartera.

Las empresas que apuestan por la sostenibilidad tienen a largo plazo una mayor eficiencia en el binomio rentabilidad- riesgo de sus acciones

Evidencias científicas

En 2019, la consultora Analistas Financieros Internacionales (AFI) afirmó, en el informe ‘Sostenibilidad y gestión de activos’, que los índices sostenibles con sesgo de inversión socialmente responsable habían obtenido ya mejor rentabilidad que los índices tradicionales en todas las regiones -especialmente en los mercados emergentes- a lo largo del estudio de los últimos cinco años. Por su parte, la gestora francesa La Financière de l’Echiquier ha publicado otro estudio que analiza dos carteras, cada una con valores bien o mal calificados según criterios ESG, asegurando que los del primer grupo obtienen rentabilidades superiores a lo largo del tiempo, aunque destacando dos amenazas: la volatilidad y el riesgo. Ambos, pensando en el largo plazo, mitigan notablemente sus efectos, según los especialistas de esta entidad.

La gestora holandesa Robeco, en otro documento, también concluye, después de analizar más de doscientas fuentes, que la sostenibilidad “ejerce un efecto positivo sobre la rentabilidad” de las inversiones, mientras que la Escuela de Negocios de Harvard (EE.UU.), en un análisis de Paul Gompers, identifica “un fuerte vínculo” entre buen gobierno y resultados empresariales. En concreto, concluye que esto es así porque una estrategia basada en la ISR permite incluir elementos que, con frecuencia, no están en los análisis financieros tradicionales pero que cada vez resultan más relevantes para los inversores minoristas, como la prevención de potenciales riesgos o la identificación de nuevas oportunidades, tanto en mercados como en nuevos productos. Tal y como señala Mariluz Castilla, Asesora senior en PwC y Secretaria general técnica del Grupo Español para el Crecimiento Verde en el Podcast de Banco Sabadell, “la pandemia supone una gran oportunidad para que las empresas incorporen definitivamente la sostenibilidad en su estrategia de negocio”.

Fotografía Mihail Ribkin en Unsplash
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