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La quiebra técnica, una situación que se agrava tras la COVID-19

22/10/2020

Es la peor situación patrimonial en la que puede incurrir una compañía, aunque hay posibilidades de superarla

La quiebra técnica es un concepto contable que, si bien debe ser motivo de preocupación, no siempre supone la desaparición de una empresa. Implica una situación patrimonial negativa que se produce cuando el valor en libros de los activos de una empresa es inferior al valor de las deudas. 

El pasado mes de agosto el Banco de España publicaba un documento que revelaba una realidad inquietante: una de cada cuatro empresas de nuestro país podría estar en quiebra técnica a causa de la crisis económica provocada por la COVID-19. Esta información hizo saltar todas las alarmas, ya que se entendió que cerca de 750.000 compañías estaban en riesgo de desaparecer.

Cuándo se considera que una empresa está en quiebra técnica

En la mayoría de los casos las quiebras técnicas tienen lugar después de varios ejercicios consecutivos con pérdidas que reducen el patrimonio neto de la sociedad hasta límites negativos. En estas circunstancias, el activo actual no es suficiente para satisfacer el pasivo exigible, es decir, las deudas.

Entender si una empresa está en quiebra técnica es relativamente sencillo. Al fin y al cabo, se trata de un estado contable que se puede identificar a simple vista revisando el valor en libros del activo y contrastarlo con las deudas. Es decir, basta con revisar el balance de situación de la sociedad para saber si el patrimonio neto es negativo.

Sin embargo, no es una situación que debiera coger por sorpresa a los gestores de la sociedad. Una empresa no llega a una situación de quiebra técnica sin antes emitir señales alarmantes. De hecho, ninguna tendría que llegar a este extremo sin haber tomado alguna medida preventiva para intentar solucionarlo. 

Durante una quiebra técnica la empresa puede mantener su actividad si tiene suficiente liquidez para acometer sus compromisos de pago a corto plazo. No obstante, se trata de una situación que debe ser controlada para evitar que se ponga en riesgo su viabilidad futura.

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Cómo salir de una quiebra técnica

Javier Santacruz, economista y profesor de Finanzas en el Instituto de Estudios Bursátiles (IEB), afirma que las empresas que están en una situación de quiebra técnica no tienen porqué desaparecer, aunque sea una probabilidad. “Durante un período largo de tiempo serán ‘zombis’, es decir, empresas con una grave situación financiera pero que pueden aguantar gracias al consumo de algún tipo de capital que quede, inyecciones de capital que pueden introducir los accionistas o incluso el recurso de líneas de crédito y avales, como las del Instituto de Crédito Oficial (ICO)”.

“Siempre existirá un porcentaje de empresas que consiga sobrevivir, por ejemplo, a través de la internacionalización, la reconversión del negocio, la adquisición por parte de otra compañía o simplemente porque empiece a recuperar ingresos. Pero la probabilidad de que la mayoría termine en liquidación es alta”, explica Santacruz.

Falta de incentivos

Cuando una empresa entra en quiebra técnica debe equilibrar la situación patrimonial, bien reduciendo las deudas o bien aumentando el valor de los activos. Normalmente, se hace a través de ampliaciones de capital que aumentan el patrimonio neto de la sociedad o mediante una renegociación de las deudas que en algunos casos imponen su condonación.

En muchos casos se abre un procedimiento concursal a través del cual se realiza una valoración del activo de la empresa y se satisface en la medida de lo posible el pago de las deudas a los acreedores, con el fin de garantizar su viabilidad. Si no es posible, la empresa entra en liquidación y se procede a satisfacer las deudas pendientes. Posteriormente la sociedad se disuelve.

Sin embargo, no todos los expertos creen que el concurso de acreedores sea el mecanismo adecuado para corregir esta situación. Santacruz opina que, en términos generales, el concurso de acreedores no es una herramienta realmente útil para reflotar empresas, ni tampoco el preconcurso, ya que los incentivos para las partes casi nunca son correctos. 

“La última reforma de la Ley Concursal sigue siendo un obstáculo más que una ayuda para evitar las quiebras empresariales. La mayoría de los administradores concursales no tiene incentivos para reflotar la empresa, ya que, cuanto más grande sea la masa pasiva, mayores son sus honorarios con independencia de que tenga éxito o no”, explica Santacruz.

De hecho, según el Registro de Auditores Judiciales y Forenses (RAJ), el 90% de los concursos de acreedores en España acaba en liquidación, lo que pone de manifiesto la dificultad para resolver una situación de quiebra técnica. No obstante, es un supuesto que en determinadas circunstancias se puede resolver.

Fotografía de Pixabay en Pexels
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