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Sostenibilidad
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Hacia una España 5.0: ‘smart buildings’ y vehículos eléctricos

Fri Jun 18 13:53:28 CEST 2021

El camino hacia una España 5.0 deberá sustentarse en la digitalización de la industria y en el desarrollo de las infraestructuras inteligentes, para conseguir una economía más resiliente, sostenible y centrada en los ciudadanos

La consecución de los objetivos de la España 5.0 obliga al desarrollo de las infraestructuras inteligentes, las denominadas smart buildings. Pero no se trata solo de introducir más y mejores tecnologías, sino de integrarlas entre sí para crear soluciones adaptadas a una industria innovadora.

La integración de las energías renovables y de la movilidad eléctrica en el entorno edificado es un reto que requerirá el despliegue de una red de carga dentro de las ciudades. “Ante la dificultad de dimensionar una red de máximos con todos estos elementos, se requiere, por un lado, de cambios culturales para su implementación con éxito (nuevos hábitos de carga o el car-sharing, por ejemplo), pero por otro, de unas infraestructuras que apliquen las nuevas tecnologías para monitorizar, controlar y gestionar estas enormes redes interconectadas de forma eficiente, automática y descentralizada, en las que todos los agentes participan de forma activa”, destaca el informe ‘Claves e inversiones estratégicas para una España 5.0’, elaborado por la consultora PwC.

Los edificios y las viviendas, responsables de cerca del 30% del consumo energético en España, se convertirán en autoconsumidores de energía en 2030

Europa sitúa al consumidor en el centro de la transición energética, tanto en su posición reactiva frente a los precios del mercado como a su nueva forma de consumir a través de las comunidades energéticas.

En este sentido, los edificios y las viviendas, responsables de cerca del 30% del consumo energético en España y del 39% de las emisiones de gases de efecto invernadero a nivel mundial, se convertirán en autoconsumidores de energía gracias a una mejor gestión de las placas fotovoltaicas y de las cargas de los cinco millones de vehículos eléctricos que el Gobierno prevé que circulen en 2030.

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El autoconsumo y la eficiencia energética son, según este estudio, elementos fundamentales para la descarbonización de la economía, configurando edificios prácticamente autosuficientes y con una huella de carbono nula. Aunque para conseguirlo, serán necesarios cambios sociales y normativos para dotar de flexibilidad y ampliar el potencial de las infraestructuras inteligentes.

El desarrollo de los edificios inteligentes

Los smart buildings permitirán, apunta este informe, una mejor monitorización, control y gestión de forma remota de elementos como la climatización, la iluminación, el aforo o la seguridad (algo que se ha mostrado fundamental ante emergencias sanitarias, como la de la COVID-19).

Los edificios inteligentes se caracterizan por ser neutros en carbono, ‘prosumidores’ de energía, eficientes, seguros y por estar integrados en las denominadas ciudades inteligentes.

Sin embargo, normalmente la eficiencia energética de los edificios y su impacto sobre la demanda de energía total se centra o se asocia a los edificios de nueva construcción, que representarán solo el 10% del parque de edificios en 2050, y no tanto en el parque inmobiliario actual. Por lo que para que existan los smart buildings antes es necesario intervenir los edificios existentes.

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Sin embargo, no todos los países europeos están igual de preparados para adaptar el parque residencial antiguo a las nuevas tecnologías inteligentes. Así lo refleja el citado informe que a su vez recoge los datos de un estudio elaborado por el Buildings Performance Institute Europe (BPIE), en el que mide la preparación de un país para desplegar de manera efectiva los smart buildings en base a la eficiencia energética del parque inmobiliario, el despliegue de medidores inteligentes, la capacidad de las edificaciones para adaptarse a la demanda y el porcentaje de energía producida de fuentes renovables. España, por ejemplo, se sitúa en un nivel medio- bajo, por detrás de los países centroeuropeos y nórdicos.

En cambio, en términos de conectividad, que es otro de los elementos destacados de los edificios inteligentes, España se encuentra en una posición privilegiada gracias a la inversión en redes realizada en los últimos años. De hecho, existen 55 millones de líneas móviles y alrededor de unos cuatro millones de coches conectados, un 16% del total, con un 83% de la población que utiliza diariamente internet.

Según el Índice de Economía y Sociedad Digital (DESI) de 2020 publicado por la Comisión Europea, en su apartado de conectividad, España ocupa el quinto lugar, con una puntuación media de 60,8 puntos (casi 15 puntos más que en 2018) frente a los 50,1 puntos de media de la Unión Europea (UE).

Desarrollo de las infraestructuras inteligentes: hoja de ruta

El informe elaborado por PwC marca una hoja de ruta para el desarrollo de las infraestructuras inteligentes en España. En el horizonte temporal más corto, este estudio apunta a que el Gobierno debe favorecer la rehabilitación del parque de viviendas, así como el establecimiento de mayores requisitos para las nuevas construcciones en materia de eficiencia energética y puntos de recarga de vehículos eléctricos.

En el medio plazo, se espera el impulso de esta red de recarga y el fomento de una nueva cultura de la movilidad (movilidad compartida y carga nocturna). A largo plazo, se demanda un desarrollo normativo que establezca las funciones de cada uno de los agentes (productores, distribuidores y consumidores) dentro de un nuevo paradigma de Energy as a Service (EaaS). Finalmente, “la movilidad eléctrica exigirá también la creación de un mercado de segunda vida de las baterías, para poder hacerla sostenible”, cita el estudio.

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La aplicación de estas medidas en una España 5.0 supondrá una revolución energética ya que, según este documento, alrededor de un 74% de la energía producida procederá de fuentes renovables, “lo que supone que en 2030 la potencia instalada de estas tecnologías se habrá multiplicado por tres”.

La hoja de ruta para una España 5.0 conllevará la creación de más de 200.000 empleos y supondrá un ahorro de emisiones de más de 15 millones de toneladas de CO2

Por su parte, las infraestructuras inteligentes optimizarán el consumo de recursos y mejorarán la gestión de las redes a través de las smart grids. Esto significa que el consumidor será mucho más proactivo y tendrá potestad para generar electricidad, usarla, venderla, almacenarla o compartirla con otros usuarios.

En relación con las tecnologías de almacenamiento, “la puesta en marcha de esta hoja de ruta conducirá a que en 2030 la producción de hidrógeno alcance un grado de madurez tecnológica que permita su producción a gran escala, pudiendo llegar a generar un volumen de negocio adicional de 1.300 millones de euros anuales”. Además, “conllevará la creación de más de 200.000 puestos de trabajo y supondrá un ahorro de emisiones de más de 15 millones de toneladas de CO2”, destaca este estudio.

En definitiva, las smart cities se caracterizarán por un despliegue de infraestructuras inteligentes en edificios cada vez más eficientes y sostenibles. “Esto permitirá alcanzar el objetivo fijado de reducción del 9% del consumo de energía final del sector de la edificación en 2030 respecto al nivel actual”, concluye el informe.

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Fotografía de Sebastian Scholz en Unsplash
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